Los socialistas, compuestos y sin novio, de Montserrat Domínguez en la Vanguardia
No fue el mejor día de la Hispanidad para Zapatero. Fue abucheado a su llegada y salida del desfile militar - empieza a ser costumbre-, tenía en carne viva la herida causada por Bono, y en mente la preocupación por una negociación de los presupuestos del 2007, empantanada como era de prever al coincidir con la campaña catalana.
Y eso que hace exactamente un año Zapatero se vanagloriaba ante los periodistas de tener nada menos que ocho fórmulas para resolver el nudo gordiano de la definición de Catalunya como nación en el texto del Estatut. Entonces el debate estaba en su punto álgido, hasta el punto de que Pasqual Maragall decidió asistir al desfile como gesto de cordialidad, a pesar de las críticas de sus compañeros de Gobierno. Ayer no vino a Madrid y veremos qué ocurre el próximo año con el nuevo president: las naciones reclaman selecciones deportivas pero no ejército propio, así que asistir a los desfiles no sale a cuenta.
Hace un año había marejada en algunos sectores del ejército ante el debate catalán, y los mandos que osaron plantearlo en voz alta fueron fulminantemente castigados por el entonces ministro de Defensa, José Bono, a quien algunos acusaban de azuzar por lo bajini esas inquietudes. Tampoco Bono estuvo ayer en el desfile, aunque su nombre fue el más pronunciado en todos los corrillos de la recepción en el Palacio Real, tras su espantá para ser candidato a la alcaldía de la capital.
En los quioscos, la prensa destacaba la humillación de Bono al PSOE, en vez de titular con la humillación del PSOE a sus votantes en Madrid. Sólo algunas voces se atreven a personalizar las críticas en José Luis Rodríguez Zapatero por retirar a Trinidad Jiménez de la carrera y confiar en su legendaria capacidad de improvisación para encontrar un sustituto de campanillas. A día de hoy, el fracaso de esta estrategia condena a los socialistas a otros diecisiete años en la oposición municipal, con la militancia desalentada ante tanto malabarismo inútil. Desde el pasado lunes, Gobierno y Ferraz se empeñaron en vender la piel del oso que nunca llegaron a cazar. La trampa tejida con mimos, masajes, adulaciones y alabanzas era tan melosa que habría funcionado si realmente fuera un oso la pieza que cobrar y no un viejo zorro de la política. Se dejó pasar la mano por el lomo, se dejó querer y finalmente se escabulló dejando en el ridículo más absoluto a todos los aguerridos cazadores. Con los socialistas compuestos, sin novio y en pelota picada al descubrirse que ni tienen candidato ni estrategia, ni por tanto programa para Madrid, en el Partido Popular se frotan las manos. Si el efecto ZP no sirve para arrebatarles ni la Comunidad y ni la alcaldía de Madrid, y si en Catalunya el PSC quedara fuera del gobierno, las expectativas de Rajoy cara a las generales, piensan, mejorarían notablemente. El caso es que Gallardón se embala, lo que asegura un alcalde en Madrid Catalunya-friendly,frente a un hipotético alcalde Bono al que la mirada se le volvía torva cada vez que oía hablar del Estatut.
