La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

13 Octubre 2006

Cuentos y más cuentos, de Juan Manuel Moreno Cubino en La Nueva España

Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos; que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos; que los huesos del hombre los entierran con cuentos. Y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos. Y sé todos los cuentos (de León Felipe).

Los cuentos proporcionan interpretaciones distintas. Hay cuentos que agudizan nuestra visión hasta el punto de permitirnos distinguir y reencontrar el sendero trazado por la naturaleza y por la historia. Hay cuentos que por las enseñanzas que contienen nos infunden confianza, ilusión, realismo, mucha imaginación y, por supuesto, risa. Sobre estos conceptos basaba Voltaire sus cuentos para entretener a la audiencia de los salones cortesanos. Cuentos y costumbres muy arraigados en la Edad Media que empleados de manera sutil por el poeta y filósofo galo hacía del sarcasmo y de la ironía el alma mortal contra el fanatismo, la ignorancia, la injusticia y la hipocresía.

Los cuentos bien contados, sin manipulaciones, al igual que las lágrimas rompen fronteras y hacen más iguales a los seres humanos. Si se marcan con el llanto del sufrimiento poseen la virtud de borrar los colores que dividen y enfrentan a los pueblos, a las personas, a perseguidores y a perseguidos.

Pero también existen los cuentos macabros y tenebrosos, cuentos malignos, cuentos bañados con sangre de contiendas fraticidas que salpican veredas, caminos y tapias de cementerios. Cuentos que engordan conciencias y condecoraciones de hombres que ordenan a otros hombres arrojar bombas asesinas y rematar con tiros en la nuca a más y más hombres. Cuentos de hombres bien vestidos y mejor vistos. Hombres que han cimentado su poder y su carrera sobre tumbas y fosas comunes. Cuentos de muerte y violencia que acechan a nuestra espalda de día y de noche, dondequiera que estemos, como sombra que trota detrás de nosotros.

Nos persiguen los cuentos de ejércitos y Caudillos. Nos persiguen los cuentos de los salmos que enaltecen a los vencedores y transforman los textos con proclamas vengativas. Nos indignan los cuentos que refugiándose en el rezo se arrodillan ante las tragedias bélicas de España y las del Universo.

Durante siglos nos contaron el cuento intolerante y discriminador de que las mujeres ni tenían emotividad, ni talento literario. También nos contaron el cuento y, nos lo creímos, de que desposeídas de sabiduría su sitio era el olvido, recurriendo al secuestro de sus obras para no tenerlas en cuentas. En definitiva, una especie humana en peligro de extinción constreñida por unos moldes sociales muy rígidos.

Los señores Bush, Blair, y Aznar, construyeron cuentos que quitan el sueño bajo el principio conservador de que la globalización «feliz» es la invasión, la violencia, la sangre, el odio entre los pueblos, la lucha a muerte entre las culturas, como la mejor receta para mantener el orden de los dominantes. Nos contaron muchos cuentos basados en mentiras, medias y dobles verdades y triples papeles sobre el «terrorismo» sospechoso, ideología del Bien, doctrinas belicistas y mediáticas, armas de destrucción masiva.

Se han escrito demasiados cuentos sobre 11 eses, 11 emes, tramas conspirativas, ácidos bóricos, gases naturales, opas energéticas y siderúrgicas, corrupción marbellí, urbanismo especulativo (Madrid, Seseña, Navas del Marqués etcétera), piscina de Pedrojota, panfletos de cómo construir Asturias, torres de Poniente, edificio sostenible de Alejandro Zaera, barrera ferroviaria y plusvalías, estación intermodal -un día soterrada con costes asumibles y al siguiente en superficie por inasumibles- al igual que el soterramiento hasta Veriña.

Cuentos tristes sobre la construcción de nuevos muros de separación entre pueblos, razas étnicas y de religión - Palestina, Méjico, Melilla- barreras de hormigón y espino como freno a la inmigración, ese lumpen de miseria y desesperación inducido por los mismos que levantan los muros en nombre de la libertad, de la civilización, de la igualdad social y de los derechos humanos.

Aunque, por muchos cuentos que se cuenten, siempre aparecerá un último: existe un país donde la sequía es tan constante y visible que se salpica su territorio con gigantes «greens» con hoyos y banderas para deleite de las clases acomodadas. Qué cuento éste del negocio del golf, último invento del consumo inmobiliario y turístico español, sin función utilitaria, simplemente por el placer de experimentar sensaciones diferentes y emociones nuevas.

Sobre «greens», urbanizaciones costeras y ciclos combinados se teje una suma de intereses con los que se pretende construir el embalse de Caleao. Este cuento del agua es real, todas las demás justificaciones administrativas son sólo eso, cuentos interesados.

Juan Manuel Moreno Cubino es coordinador de Izquierda Unida en la Zona Oeste.

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