Con la irrupción de Ciutadans de Catalunya-Partit de la Ciutadania, se ha visto revuelto el panorama político. Éramos pocos y parió la abuela. Lo que resulta evidente es que el fenómeno responde a necesidades naturales; de otro modo no hubiese producido el inesperado aluvión de adhesiones y rechazos con que fue recibido.En los últimos meses ha llegado a mis oídos toda suerte de opiniones.Entre las críticas más extremas figura la acusación de que el nuevo partido es «españolista», adjetivo que tiende a descalificar más que a argumentar, y que no deja de ser curioso, como lo sería el intento de desautorizar al contrario con el calificativo de «catalanista». Es obvio que la oposición entre catalanismo y españolismo; entre lo catalán y lo español, responde a un tipo de pensamiento (por llamarlo de algún modo) de lo más elemental y binario: blanco versus negro; dulce versus amargo; calor versus frío. Pareciera que los que esgrimen el epíteto no supieran contar más que hasta dos.
Como quiera que sea, yo que vivo en Cataluña desde hace ya 31 años, tengo la impresión de que las características del nuevo partido poseen un espíritu tan pero tan catalán que ya quisieran para sí otras formaciones de tintes más nacionalistas. Por supuesto, me refiero a ese espíritu catalán embebido de sentido común (el famoso seny) conjugado con la audacia creativa que caracterizó a personajes como Gaudí, Miró, Dalí y tantos otros genios incubados en estas áreas. Es la Cataluña que conocí al llegar, tan diferente del Madrid opresivo en el que desembarqué en los últimos tiempos del franquismo. Recuerdo que a los pocos días de poner pie en estos lares tuve la impresión de que se podía respirar a fondo.«Esto es lo mío -me dije-, aquí me quedo». Posteriormente, las cosas fueron cambiando con tanto nacionalismo extremo y tanto localismo de parroquia. No sabría decir cuál es la Cataluña verdadera, si aquella en la que primaba la tolerancia y la cultura universal o esta otra cerrada e intolerante, pero no tengo dudas de que la Cataluña que ama y respeta la humanidad ilustrada y librepensadora está muy lejos del nacionalismo fundamentalista y cerrado al mundo. A propósito, no dejó de llamar mi atención el hecho de que este nuevo partido fuese tildado por sus detractores como «partido de los intelectuales», como si ser intelectual fuera un demérito. Aquí veo aparecer de nuevo la mentalidad binaria, la que opone intelectual a obrero o campesino. Conozco muchos intelectuales que son grandes trabajadores y que pagaron sus estudios trabajando en fábricas o de camareros, y ya que aludo al hecho aprovecharé para mencionar una foto antigua que tengo en mi mesa de trabajo: Miguel de Unamuno al retirarse del paraninfo de la Universidad de Salamanca, empujado por las turbas fascistas con el brazo en alto, después de pronunciar su célebre «venceréis pero no convenceréis», y que fue contestado por el general Millán Astray: «¡Viva la muerte, muera la inteligencia!».
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Lázaro Covadlo es un excelente escritor, uno de los mejores de Hispanoamérica y me atrevo a decir también de España, por eso es una lástima que se dedique a opinar de política. El hecho de ser un eximio novelista y un magnífico cuentista no implica que tenga que saber de política. Otra vez más vale el dicho "zapatero a tus zapatos"
Completamente de acuerdo. Ha escrito alguno de los cuentos más divertidos que he leído, pero aquí no consigue salir de los tópicos y acaba contaminado por el mismo maniqueismo que pretende combatir. Que si cuando él llegó esto era la rehostia y ahora en cambio no se puede vivir, que si la Cataluña no nacionalista recoge todo lo bueno habido y por haber y la nacionalista es extremista, fundamentalista e intolerante, y asfixia a todo el país. Y ahí se acaba todo.
Y yo estoy de acuerdo con los dos. He leído y releído todo lo publicado por Lázaro Covadlo, pero lo sigo a muerte como escritor y lo rechazo totalmente por sus ideas contrarias al sano nacionalismo. Los buenos escritores que tienen opiniones políticas impresentables, como Borges y Covadlo, nos ponen en un apuro y una contradicción, si por un lado los admiramos como genios que son por el otro los rechazamos por su sorprendente falta de visión política. Covadlo por suerte no es de derechas, como lo era Jorge Luis Borges, pero su acentuado rechazo de los sentimientos de amor a la patria no dejan de ser una postura extremista. He visto, a través de sus artículos, que presume de cosmopolita y reniega de su país de origen y del país en el cual vive actualmente, quiere decir que no se considera argentino, ni catalán ni español ni nada, como si fuese un ángel celestial sin apego a la tierra que vino desde otro planeta. Eso no puede ser, todos tenemos una identidad propia y unas raíces que nos han nutrido desde la infancia y que nos han llevado a ser lo que somos. Todos debemos ser fieles a nuestras raíces y al lugar en el cual vivimos porque no se puede escupir en el plato en el que se come. Ser fiel a las propias raíces es lo mismo que amar y respetar a nuestros padres, y así también debería Lázaro Covadlo respetar y amar a Catalunya, que es el país en el que publicó casi todos sus libros y el que lo puso de camino a la fama, auque pueda ser un gran escritor, pero más importante es ser agradecido.