Visa, la marca líder de tarjetas en todo el mundo con más de 1.500 millones de plásticos, cotizará en bolsa. Los consejos de las seis regiones de Visa (Estados Unidos, Europa, Canadá, Asia-Pacífico, Latinoamérica y Caribe, y la región que incluye Europa del Este y Central, Oriente Medio y África) y Visa Internacional, la cabecera, han dado el pistoletazo de salida a una profunda reestructuración de la compañía que culminará con su salida al parqué, previsiblemente en Nueva York, a finales de 2007.
Dentro de un año se colocará más del 50% del capital de una compañía de nueva creación, Visa Incorporated, fruto de la fusión de Visa Canadá, Estados Unidos y Visa Internacional –incluye el resto de regiones–.
Sorprendentemente queda al margen de este proceso Visa Europa, que mantendrá su independencia –aunque tendrá una participación minoritaria de la compañía cotizada–, que seguirá estando bajo el control de los 4.500 bancos europeos y obtendrá una licencia exclusiva de Visa. Steve Perry, vicepresidente ejecutivo de Visa Europa, explicó que el rumbo de Visa Europa responde al enfoque de la compañía en la zona única de pagos en euros (SEPA).
Este es el gran proyecto de Europa en medios de pago, que permitirá que cualquier tarjeta de débito se pueda usar en cualquier país europeo a un coste similar al de su país de origen.
En la actualidad, Visa es una asociación de más de 20.000 bancos de todo el mundo que está enfocada en la actividad de medios de pagos. Pero este modelo de asociación tiene ya los días contados, en parte por culpa de la presión de las demandas.
En los últimos siete años han proliferado en Estados Unidos las demandas de comerciantes y competidores contra Visa y MasterCard, su máximo rival, acusándolas, entre otras cosas, de concertación de precios. Ambas compañías han buscado acuerdos extrajudiciales para cerrar estos casos, lo que les ha supuesto desembolsar más de 3.000 millones de dólares en los últimos años.
Para protegerse de esta ola de demandas han optado por salir a bolsa, conscientes de que sus nuevas estructuras societarias, donde los bancos, a priori, no tienen el control total, desbaratan nuevas reclamaciones. MasterCard empezó a cotizar en Nueva York hace cuatro meses y medio –logró 2.399 millones de dólares y sus acciones se han revalorizado un 78%–.
Ahora Visa, que tanto criticó el paso que dio su máximo rival, opta por el mismo camino. Perry reconoció ayer que la salida a bolsa ayudará a “solucionar muchos de los problemas legales que se pueden dar en diferentes partes del mundo”. También le servirá para captar recursos –no se conoce todavía ninguna valoración de la compañía–, entre otras cosas, para crecer en continentes como África o Asia.
Una época de cambios
“¿Creen que una compañía independiente, cotizada en la bolsa de Estados Unidos, es la mejor forma de gestionar medios de pago para el público?”, se preguntaba en septiembre del año pasado Hans van der Velde, el entonces presidente de Visa Europa, en tono crítico hacia MasterCard, que ya entonces había decidido salir a cotizar.
Aquella operación, que culminó con las acciones en la Bolsa de Nueva York, a finales del mes de mayo, removió los cimientos del mundo de las tarjetas, acostumbrado hasta entonces a un modelo de asociación entre entidades financieras. Había temores en el sector ante la posibilidad de que la dictadura de la cuenta de resultados para contentar a los inversores acabase prevaleciendo sobre el rumbo de una actividad clave para la banca.
Pero aquellas críticas se fueron apagando con el tiempo, y tras el éxito de la salida a bolsa de MasterCard, Visa, cuyó embrión lo creó Bank of America (BoA) en Estados Unidos en 1958, sigue la misma senda, con la independencia de Europa. “La nueva situación de Visa Europa puede responder a muchas cuestiones, entre ellas la presión competitiva que hay en el continente”, explican en el sector.
Estos movimientos se producen en una época de profundos cambios. Los comerciantes, que han plantado cara a la banca en esta actividad, están llamados a adquirir una mayor importancia en el seno de Visa y MasterCard. La tecnología chip, de la que tanto se habló hace años, ya se ha incorporado a millones de tarjetas en Europa, y dentro de cuatro años entrará en vigor la zona única de pagos, que impulsará la competencia en muchos frentes como el procesamiento de las operaciones.

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