Una deuda con Manresa, de Carles Sans en El Mundo de Cataluña
Para cumplir la exigencia de un buen amigo que tuvo la osadía de contratarnos para animar las fiestas de una población de la provincia de Girona, habíamos bautizado al grupo como Tricicle.Corría el año 1979 cuando dábamos nuestros primeros pasos como compañía de teatro. Eran tiempos en que aún expelíamos el inevitable tufillo a estudiante recién salido del Institut del Teatre
En 1982 actuábamos, por primera vez, fuera de Cataluña, en Zaragoza.Y al año siguiente nos ofrecieron ¡nuestra primera actuación en el extranjero! En el Festival de Brescia (Italia). Dejábamos Murcia y, en un viaje excitante nos dirigíamos a Brescia, donde nuestra estancia sería, digamos, fugaz, ya que al día siguiente nos esperaban en Manresa. Recuerdo que, a las pocas horas del inicio del viaje en nuestra vieja furgoneta, uno de nosotros empezó a estornudar repetidamente. No habíamos cruzado la frontera cuando los tres ardíamos de fiebre y sufríamos dolores musculares.Encerrados en aquel vehículo, en íntima convivencia con los microbios, sucumbimos a una gripe demoledora.
Llegamos a Brescia en un estado lamentable y con la inminente responsabilidad de actuar a las pocas horas de nuestra llegada.La organización nos albergó en casa de no recuerdo quién para que pudiésemos descansar hasta la hora de la función. A esas alturas ninguno de nosotros era capaz de mover un dedo sin desfallecer.La fiebre era alta y el mundo giraba cada vez que intentábamos incorporarnos. Recuerdo la mirada interrogante de los organizadores, sufriendo por si no íbamos a poder actuar... Un médico nos ofreció, hipodérmica en mano, la posibilidad de recuperar las fuerzas justo para el tiempo que durara la función. Accedimos y, tal como pronosticó, actuamos vigorosamente delante de un público que disfrutó hasta el último minuto. Terminamos, e inmediatamente emprendimos camino hacia Manresa.
No creo haber pasado un viaje peor en mi vida: cuando el medicamento dejó de hacer su efecto, el derrumbe fue estrepitoso y mi estado anduvo al borde de la expiración. Al pasar por Barcelona les pedí a mis colegas que se apiadaran de mí y me dejasen en casa.Accedieron y continuaron hasta Manresa para, al menos, justificar la imposibilidad de actuar.
Pero llegaron tarde y el público aguardaba con impaciencia el comienzo de la función, por lo que mis compañeros no tuvieron fuerzas para negarse a lo que además les exigía el entonces (y aún hoy) programador del teatro: que actuaran los dos solos y así lo hicieron.
Pues, lo que son las cosas: hace unos días, poco antes de representar SIT en Manresa, uno sufrió un accidente del que no pudo recuperarse a tiempo. Y veintitrés años después del suceso que les he referido, nos hemos visto obligados -esta vez sí- a suspender la representación.Deseo que la anécdota sirva como homenaje al público manresano que había adquirido una entrada para vernos el pasado fin de semana y al que no pudimos complacer. Nos comprometemos a regresar cuanto antes y a restituir la deuda que hemos adquirido con todos ellos.
© Mundinteractivos, S.A.
