Barcelona, sin quererlo, está haciendo el ridículo. La decisión de Rubalcaba de recomendar a la ministra de la Vivienda, María Antonia Trujillo, anular la convocatoria de la cumbre europea sobre esta cuestión, ha dejado a esta ciudad, impulsora de todo tipo de actos, por debajo de su responsabilidad organizativa.Es evidente que 50 energúmenos, un centenar, o mil, no pueden detener la fuerza de una ciudad. Ese modo de actuar no ayuda.Los reaccionarios tendrán ahora el orgullo subido. El movimiento Por una Vivienda Digna, que había realizado varios actos de protesta todos pacíficos, también sale perjudicado. No podrá manifestarse contra los ministros europeos de Vivienda y mostrar su rechazo a las políticas de la mayoría de los gobiernos europeos. Enfrentarse a este problema con responsabilidad es una necesidad de la sociedad, que tiene la vivienda como uno de sus principales problemas.Que Barcelona se haya convertido en una ciudad turística para guerrilleros urbanos es algo preocupante. Sobre todo para el ciudadano. La realidad siempre debe afrontarse y no esconderse porque hay elecciones.

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