EL RUNRÚN
La revolución tecnológica modifica nuestra vida cotidiana. El dinero se plastifica, las circulares de las escuelas llegan por e-mail y la creciente presencia de la tecnología Bluetooth en teléfonos, agendas y ordenadores hace desaparecer mucho cable. Por lo visto, ahora le llega el turno a las recetas médicas. Antes del verano el Departament de Salut de la Generalitat, conjuntamente con los colegios farmacéuticos, empezó a implantar el sistema electrónico de recetas en determinados puntos de las Terres de l´Ebre y Girona. Ahora se irá extendiendo progresivamente a todo el sistema sanitario catalán. El paso previo fue la sustitución de la famosa cartilla de la Seguridad Social por el plástico de la targeta sanitària,en plan ponga una banda magnética en su vida. Eso permite una mayor fiabilidad en el tránsito de la información entre el médico y el farmacéutico. Aun así, la implantación de la receta electrónica no implica la desaparición del papel, puesto que el paciente sale del centro sanitario con un full de medicació activa en la mano.
Pasa lo mismo que con internet y el correo electrónico. En un principio se hicieron grandes apologías del ahorro de papel que supondría su implantación, pero lo cierto es que los fabricantes de impresoras no han dejado de crecer. Hace unos años formé parte del jurado de un concurso literario patrocinado por Epson (cuyo nombre rinde tributo a las fugaces máquinas de escribir eléctricas: Electronic Printer Son); los participantes habían enviado sus cuentos por correo electrónico, pero la organización imprimió religiosamente las cinco copias de cada obra para que los cinco miembros del jurado pudiéramos leerlas con más comodidad. Cada día nos imprimimos un buen número de correos electrónicos o documentos descargados de la red.
Lo que sí desaparece con la receta electrónica es la mítica caligrafía del facultativo. Esa escritura filiforme que en todas las lenguas ha creado el tópico de la letra de médico.A diferencia de las tarjetas de crédito o de las mutuas, la sanitaria ya no funciona con el método manual de esas máquinas llamadas popularmente crac-cracs,que graban mediante papel carbón los datos de la tarjeta en un impreso que se rellena a bolígrafo. Además, el full de medicació activa es un impreso que sale ídem de una impresora, de modo que la única posibilidad de pervivencia que le queda a la letra de médico es que se vaya la luz. Hace menos de un lustro se produjo la discreta desaparición del código Morse, con el que nuestros ancestros se telegrafiaban las desgracias e imprevistos. Ahora le llega la hora a la letra de médico,cuya mítica ilegibilidad proviene, según los grafólogos, de un código creado en la antigüedad entre los galenos y quienes hacían los medicamentos para que los pacientes no supieran qué dosis ni qué tipo de drogas se utilizaban para preparar los específicos. Pero la extinción de la letra de médico conllevará la desaparición de algunas aplicaciones tecnológicas. Por ejemplo, un programa informático fascinante creado por el Colegio de Farmacéuticos de Granada. Se llama BOT y ayuda a traducir las recetas más crípticas, ya que descifra el nombre del medicamento a partir de las letras que contiene. Muerto el perro, muerta la rabia.

Escribe un comentario