A mí me van a perdonar, pero lo de Bono y su candidatura a la Alcaldía de Madrid ha sido como el coño de la Bernarda. Y repito, lo siento, pero escribo indignado por el modo en que la clase política se permite el lujo de tomarnos el pelo al resto de los mortales, a los ciudadanos honrados de este país y de esta ciudad de Madrid, como si fuéramos simples espectadores de una tragicomedia en la que ellos se permiten el lujo de reírse a sus anchas a nuestra costa, sin darse cuenta de que, realmente, es de nosotros, votantes absortos ante tamaña escenificación de estulticia suprema, de quienes depende que ellos sigan apoltronados en sus sillones de mando.
Lo de estos tres días atrás ha sido lamentable. No existen palabras para describir el mamoneo que el Partido Socialista, sus principales dirigentes, y el ex ministro de Defensa se han traído en las horas que iban desde el lunes por la tarde hasta ayer por la mañana, cuando Bono rechazó definitivamente –eso parece, al menos, pero no las tengo todas conmigo- enfrentarse a su amigo del alma Alberto Ruiz-Gallardón por la Alcaldía de Madrid. No sé si existen precedentes en democracia de semejante tomadura de pelo al electorado, pero es para tomar nota y pasarles la factura a sus responsables, que no son otros que Rodríguez y su guardia de corps, es decir, Pepe Blanco y la troupe de la calle Ferraz.
¿Qué ha pasado en estos tres días? Todo hace pensar en una envolvente maliciosa al ex ministro, algo así como “o te presentas o tiramos de dossier”, y ya saben ustedes que los políticos son muy susceptibles a eso de los dossiers, sobre todo si en los mismos aparecen asuntos de envergadura como lo de Seseña y El Pocero, sospechosas recalificaciones en Toledo de la mano de su amigo Molina, alcalde del PP de la ciudad... En fin, qué sabremos nosotros, pobres mortales, de lo que se cuece en las alturas y con qué otros dossiers ha devuelto Bono la amenaza para, al final, acabar haciéndole a su amigo Zapatero, ése por el que siente una devoción casi sobrenatural, un corte de mangas de los que le dejan a uno inmensamente satisfecho... ¿Me pillan?
No crean que la apuesta por Bono era un dulce para el político castellano-manchego... Era un regalo envenenado, una manzana que Rodríguez, cual bruja de Blancanieves, le entregó a Bono para que la mordiera y muriera en la batalla de Madrid, una batalla en la que el PSOE quería escenificar una lucha de titanes, no solo por la vara de Regidor, sino por la Presidencia del Gobierno de España. Bono y Gallardón, los dos aspirantes a quitarle el puesto a Zapatero y Rajoy, los dos hablando de política nacional, los dos enfrentados a las estrategias de sus respectivos partidos, los dos consolándose por las noches mutuamente después de haberse dicho de todo durante el día, los dos destinados al ostracismo político en las siglas que defienden.
Entiéndanme. Bono y Gallardón comparten odios comunes y afectos populistas por doquier. Ambos son odiados en sus respectivos partidos al tiempo que cosechan victorias electorales, el uno por facha y el otro por rojo, que parecen haber intercambiado los papeles, viniendo ambos de orígenes muy distintos a lo que ahora propugnan, sobre todo Gallardón, a quien llamaban fachardón en los tiempos en los que era Secretario General de la conservadora Alianza Popular de Manuel Fraga. ¿Se imaginan a Bono pactando con Izquierda Unida si, de verdad, hubiese logrado arrebatarle la mayoría al PP? No. Bono y Gallardón se hubieran repartido el pastel a partes iguales. Lo sé.
Maquiavélica la composición de lugar que se había hecho Rodríguez. Bono y Gallardón hundiéndose a cada cual un poco más en el pozo oscuro de su vanidad y su orgullo, negándose a competir y teniendo que hacerlo por exigencias del guión... Pero se equivocaba en algo el inquilino de La Moncloa: Bono no le habría quitado a Gallardón los votos del PP, porque hoy por hoy, Bono es un ser odiado en el PP, entre los votantes del PP. Bono el mentiroso, Bono el populista, Bono el que quiso meter en la cárcel a dos militantes del PP y obligó a mentir a sus escoltas... Bono es persona non grata entre el electorado de centro-derecha madrileño que, por evitar que salga Bono, se volcará en darle votos a Gallardón aunque FJL pida lo contrario en los micrófonos de la COPE. Claro que, a lo mejor era eso lo que quería ZP.
Miren, me van a perdonar, pero desde que Rodríguez cometiera el desaguisado de enviar a Trinidad Jiménez a entenderse con Moratinos –y se entienden bastante mal-, lo del candidato socialista a la Alcaldía de Madrid ha sido un cachondeo, una permanente mofa, una burla, un descuajaringarse del personal, que ya está bien, oiga, que los ciudadanos se merecen un respeto. Pero eso no es más que la evidencia de mi denuncia: Rodríguez es, además de un mal gobernante, un déspota, un líder populista y totalitario al que no le importa nada la ciudadanía, y la izquierda que gobierna es una izquierda radical y sectaria que se chanza de los ciudadanos a los que maneja a su antojo porque esta es, por desgracia, una sociedad entregada al conformismo.
fquevedo@elconfidencial.com

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