Desde hace casi 20 años, el PSOE intenta recuperar la Alcaldía de la capital con más voluntad que acierto. Desde la moción de censura en 1989 que arrebató a los socialistas el Gobierno municipal ni Juan Barranco ni Fernando Morán ni Trinidad Jiménez han conseguido devolverle el color rojo al Consistorio. Ahora la misión podría llegar a manos de José Bono para conseguir el sueño de Madrid.

Los socialistas de Madrid caminan por impulsos. El corazón se les acelera cuando se habla del Ayuntamiento de la capital. Es como ese Al-Andalus perdido que aún se rememora en los círculos culturales de muchos países árabes. O como esos sefardíes que guardan la llave de la casa en la que vivieron sus antepasados hace más de cinco siglos. Pues los socialistas igual, pero sin llave. Desde que perdieran el Gobierno municipal con una moción de censura en 1989, han intentado, con más voluntad que acierto, recuperar lo que consideran su feudo espiritual. Aunque, contando los años de democracia, Madrid ha sido más azul (ahora naranja) que rosa.

Los errores del PSOE en la capital siempre han sido los mismos: la elección de un candidato a la altura de la ciudad. Desde el viejo profesor Tierno Galván, al que rememora hasta el actual alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, en cuanto puede, el PSOE ha buscado casi desesperadamente un cartel con peso. Lo intentó con la mano derecha de Tierno (lo intentó dos veces más), después buscó la presencia de ex ministros y hasta una ruptura por la modernidad y la frescura. El resultado fue el mismo, 17 años de Gobierno popular.

Juan Barranco, que asumió la Alcaldía tras el fallecimiento de Tierno Galván, ha sido el único, junto al viejo profesor, que ha logrado ganarse el apoyo de los madrileños. Lo hizo justo un año y medio después de que la ciudad llorara la pérdida de su Alcalde con mayúsculas, pero con una mayoría relativa que no le permitió gobernar con tranquilidad y acabó costándole el puesto. Y en 1989, el PSOE perdía Madrid. Una moción de censura promovida por Agustín Rodríguez Sahagún y José María Alvarez del Manzano acababa con una década socialista y enviaba a Barranco a un banquillo de oposición que todavía no ha abandonado.

Cuentan las crónicas de la época, que la moción fue una trama casi de película. Con intento de compra de concejales, dimisiones y finalmente, la salida del Gobierno de Juan Barranco. Pero el que fuera el segundo alcalde del PSOE de Madrid no tiró la toalla. Volvió a presentarse en 1991. Perdió. Lo intentó de nuevo en 1995. Y volvió a perder. ¡Qué lejos quedaba ese 10 de junio de 1987 en el que la alegría, rosa en mano, sólo se veía limitada por la añoranza de Tierno Galván!

Tan lejos, que la búsqueda del candidato perfecto, o del candidato sin más, se convirtió para los socialistas en una misión de riesgo. De hecho, en la designación del cabeza de lista para las municipales de 1995 el partido sufrió un proceso parecido al que se ha vivido estos días: ningún peso pesado estaba dispuesto a sacrificar su carrera política en Madrid.

La capital representaba para muchos altos cargos del partido una parada de tren muerta donde parecía adentrarse para no salir nunca. Hasta una ex ministra como Cristina Alberdi, hoy muy lejos de la cúpula socialista, le rogaba al secretario general del Partido, Felipe González, que no la condenara a morir políticamente en una lucha por la Alcaldía contra el entonces regidor José María Alvarez del Manzano.

Todos se fueron quitando de en medio. Muchos salieron públicamente diciendo, con la boca pequeña pero con la voz muy clara, que no querían venir a Madrid. Otros utilizaron cauces más internos pero con el mismo objetivo. Y hubo algunos que pusieron en práctica la técnica de pasar desapercibidos para que su nombre no saliera ni en los corrillos de los pasillos. El tiempo se acababa y el PSOE se veía obligado a echar mano de lo que tenía, y lo que tenía era el portavoz del grupo en el Ayuntamiento, Juan Barranco. Cierto que el ex alcalde de Madrid era uno de los políticos más valorados entre los votantes de izquierdas.

Tras la noche electoral: Cuatro años más de banquillo, cuatro años más de exilio en el desierto y cuatro años de tiempo para buscar a un buen líder que diera el vuelco en el Gobierno de Madrid. Sin embargo, el tiempo se fue consumiendo entre broncas y peleas dialécticas. Barranco advertía de que su tiempo en la capital había terminado y de que el recambio en la lucha municipal era no sólo necesario sino imprescindible.

Y después de mucho rogar, en 1999, llegó el recambio con el diplomático Fernando Morán y el desembarco de varios ex ministros y altos cargos del Gobierno de Felipe González. Se vendía esa imagen de hombre moderado, culto y preparado. Vinculado a una visión diplomática de la vida y con aplomo. Había entrado en el PSOE de la mano de Tierno y conseguir la Alcaldía de la capital sería casi como un homenaje a su profesor. Pero el resultado no le avaló ni incluyendo a gente de la entonces Federación Socialista de Madrid (FSM) como Cristina Narbona, Matilde Fernández y Ruth Porta. No eran las únicas, en los últimos puestos, listo para saltar a los primeros, estaba un jovencísimo Rafael Simancas, que se convertía en responsable de Cultura en la oposición. El PSOE se quedaba con 20 concejales y ni siquiera hacía tambalear la mayoría absoluta de José María Alvarez del Manzano.

Eso sí, de ese grupo de altura saldrían, muchos años después, una ministra de Medio Ambiente para el Gobierno de Zapatero, y antes, un secretario general del partido en Madrid (Rafael Simancas) que lo convertía tras la dimisión y el adiós definitivo de Morán en el nuevo portavoz del grupo municipal y el cabeza de lista del PSOE en la oposición del Consistorio.

Los años pasaban y no corrían bueno tiempos para el PSOE a nivel nacional. Se perdía la mayoría absoluta y hasta el Gobierno. Felipe González dimitía y otro joven saltaba a la dirección del partido: José Luis Rodríguez Zapatero ganaba a José Bono e imponía lo que se ha llamado otro talante.

Otra forma de hacer las cosas también para Madrid. Del cartel retocado con una imagen decrépita de Morán muy mayor a una Trini sonriente, atrevida con o sin chupa y dispuesta a todo. La apuesta venía directamente desde Ferraz y el partido en Madrid la admitía a cambio de que su líder, Rafael Simancas, fuera el candidato a la Asamblea (2003). Cuando Zapatero toma esta decisión, todo hace pensar que Trinidad Jiménez se enfrentará a Esperanza Aguirre. Pero el PP, el último en decidir a su candidato, cambió las cartas y enfrentó en la lucha por la capital a Alberto Ruiz-Gallardón.

Fue la campaña más mediática de los últimos años. La imagen casi desconocida de Jiménez fue cogiendo cada vez más aplomo y popularidad. Perdió obteniendo mejores resultados que Fernando Morán pero insuficientes aún para romper la mayoría absoluta del PP. Su vida en el Ayuntamiento se acabó con la famosa frase de Zapatero a Gallardón en la T4: «Tenemos al mejor candidato para tí». ¿Bono?

TRINI Y BARRANCO LE DAN LA BIENVENIDA

Saben de lo que hablan. Tanto Trinidad Jiménez como Juan Barranco han sufrido el peso de los bancos de la oposición durante años. En el caso de Barranco, le queda el recuerdo de sus tiempos de alcalde. Pero como buenos socialistas ambos son conscientes del esfuerzo que exige arrebatarle el Ayuntamiento de la capital al PP.

«Bienvenido a la batalla a favor de que los madrileños recuperemos el tiempo perdido después de tantísimos años de gobiernos de la derecha. Ojalá, sea para bien», animó Juan Barranco a José Bono si finalmente se confirma su designación como candidato del PSOE a la Alcaldía.

Su consejo es firme: «Como último alcalde socialista, le aconsejo que escuche mucho y que tenga en cuenta que Madrid es una ciudad muy abierta y tolerante y que, por tanto, sus hombres y mujeres quieren servicios y proyectos que nos vuelvan a situar entre las primeras de las primeras», explicó Barranco a Servimedia.

Para Trinidad Jiménez, que dejó el pasado mes de septiembre el cargo como portavoz municipal del PSOE para encargarse de la Secretaría de Estado para Iberoamérica, el ex ministro de Defensa es «el mejor candidato» del PSOE para las próximas municipales en Madrid.

«No creo que haya un mejor candidato y no creo que haya una persona más cualificada, con mayor trayectoria política que José Bono. Si finalmente, el Partido Socialista y Bono deciden apostar por competir en la Alcaldía de Madrid, tendría por mi parte no sólo todo mi apoyo, sino todo mi reconocimiento puesto que su trayectoria y su buen hacer político y su talla como político y persona está fuera de toda duda y discusión», indicó en declaraciones a Europa Press tras una comparecencia en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso.

Al margen de los elogios, los dos compañeros de José Bono quisieron dejar claro que Madrid es muy difícil. «Los hombres y mujeres de la cultura quieren contar para su municipio, igual que las personas que se dedican a otras actividades y no puede olvidar que cada distrito tiene una vida propia que tiene que ser impulsada», concluyó Barranco.

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