Nos pierde la sangre, ese síncope inicial de pasión desatada, el primer impulso (que no implica la decisión correcta), lo que Bergson llamaría l'alan vital. Y será una miscelánea de espíritu ibero, celta, godo, fenicio, con lo más azogado de la antigua Roma y, ya puestos, lo peorcito de Cartago. Pese a todo, aquí se gestó el Quijote, lo cual no parece vano, pero sigue perdiéndonos la sangre. Tampoco parece baladí que España sea el país que está a la cabeza de donaciones de órganos humanos. Y es que somos tan humanos que hasta se nos ve el plumero. En trasuntos de hígado, pancreas y riñones somos los más echados para delante.

Ocurre otro tanto en la vida política. Vean: Pasamos de un político (Aznar) que no duda en situarse al ladito de tiranos de nuevo cuño, tipo Bush (oigan, y que continúa erre que erre) y en veinticuatro horas escasas tenemos dirigiendo el país a otro (Zapatero) que está justo en las antípodas, con su Alianza de Civilizaciones en un momento histórico en el que todos parecen andar a la greña.Al menos en otras latitudes se unen y cierran filas en torno a sus muertos. En éste no, aquí los muertos dividen todavía más.

Incluso en deporte puede verse la evolución de tal fenómeno, pues ahí suelen detectarse las esquizofrenias sociales más arraigadas, a saber, los complejos de inferioridad más lamentables, o sus homónimos en el aspecto opuesto: no hay nadie más chulo que nosotros.Tras vencer a la mediocre Ucrania, el diario de más tirada nacional tituló en portada: «¿A que ganamos el Mundial?». Épico. ¿Cuáles serían los casos de mayor gloria en toda la historia del deporte español? Bueno, que no se me mosquee nadie (lo que por otra parte me la trae al pairo), pero en primer lugar estaría el Real Madrid, con sus nueve Copas, que el palmarés es el palmarés y punto pelota.Vale, pues el Real Madrid siempre estuvo plagadito de extranjeros: Di Stéfano, Kopa, Puskas, Rial, Santamaría, hasta los Mijatovic o Zidane de las últimas Champions. Después, sin ningún género de duda, estarían Miguel Induráin y Fernando Alonso. ¿Cuándo podíamos soñar aquí con que un ciclista español consiguiese cinco Tours de Francia consecutivos, y de la manera rutilantemente majestuosa en que lo hizo? Ni por el forro. Pero ¿acaso no oyeron ustedes, durante el lustro prodigioso de Miguel, la frase de que «parecía extranjero» por sus cualidades y su dominio de la psique? Servidor lo oyó hasta el martazgo, y empiezo a pensar que tenían razón. Alonso: se crió automovilísticamente en la escudería Minardi, además de que, me parece, más o menos reside en Inglaterra. El pasado año se decía que su mayor rival en los circuitos eran Raikkonen, al que llamaban el hombre de hielo.Pero no, ¡el auténtico hombre de hielo era Fernando! Con Schumacher este año ha hecho lo mismo. Tras varios meses capaces de enloquecer al más templado, Alonso ha acabado por desquiciar al Kaiser, saliendo vencedor (toquemos madera)de esa infinita guerra de nervios. De lo que se coligiría que quien triunfa aquí debe tener el corazón un poco partío.

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