En los incidentes ocurridos ayer en Martorell, cuando un grupo de independentistas agredieron con sus brazos y sus palabras a Angel Acebes, Josep Piqué o Alberto Fernández Díaz resurgió una vez más la Cataluña más fea, indecente y sectaria. Esa que debería provocar vergüenza a todos los catalanes. Se puede estar de acuerdo o en contra, pero de ningún modo se debe intentar callar la boca de unos políticos elegidos democráticamente. El drama no es que un centenar de impresentables iracundos intenten por la fuerza boicotear un acto lícito. Ese es un problema muy focalizado. La cuestión es que el resto de fuerzas políticas callen o muestren su solidaridad disimulando, para que no se note en exceso su repulsa a este tipo de atentados a la libertad de expresión. Lo ocurrido ayer en Martorell es producto de un estado de opinión instalado en Cataluña, contrario al PP y alimentado por el resto de fuerzas políticas. Es a lo que conducen afirmaciones como las realizadas por Artur Mas cuando anunció llevar a un notario su intención de no pactar con el PP. Este oasis, que se secó hace tiempo, dejó de ser justo.
alex.salmon@elmundo.es
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