La Nueva España

El llamado «caso Bregón» está teniendo un final indignante. Este personaje, miembro durante años de la tétrica Brigada Político-Social y que ejerció su profesión en la Comisaría de Oviedo a las órdenes del siniestro Claudio Ramos Tejedor (como estará notando cualquier avispado lector, estoy aplicando la técnica de la autocensura, porque si no los epítetos que me merecen estos personajes harían que esta tribuna fuese impublicable).

Pues bien. Este personaje, acusado públicamente de torturador por dos de sus víctimas, en concreto Juanín Neira y Vicente G. Bernaldo de Quirós, no sólo no se ha muerto de vergüenza, sino que ha tenido la desfachatez de acusar a sus víctimas de mentirosos y quejarse a su vez de una fuerte depresión. ¿Ha pensado este personaje cuántas depresiones, cuántas noches de insomnio, cuántos miedos generaba la oprobiosa Brigada Político-Social cuando torturaban física y psíquicamente a los luchadores antifranquistas? ¿O acaso en todos los años que formó parte de la Comisaría de Oviedo no participó nunca en torturas, palizas, vejaciones y menoscabos constantes a la dignidad de los luchadores por la libertad? ¿Acaso tampoco sabía lo que ocurría en las dependencias, en las salas de interrogatorios, en los calabozos de la Comisaría? Pues bien, para mayor escarnio de las víctimas, los dos amigos y compañeros y todos los demás que tuvimos la desgracia de pasar por sus manos o las de cualquier otro personaje de la Político-Social, la justicia no sólo no recrimina al autor de la denuncia por su desfachatez, sino que un fiscal, de los muchos que desgraciadamente pululan por el Estado español (por cierto, no sé si este fiscal es el mismo del caso de Cándido y Morala, pero desde luego está en la misma o­nda, en el mismo entorno fascistoide en el que se encuentra sumida una parte importante del poder judicial), pues bien, este fiscal ha realizado una petición de varios meses de cárcel (la cantidad es lo de menos; es exactamente igual que hubiese sido una hora o un minuto) y una multa, supongo que para pagar las pastillas contra la depresión, para los dos compañeros, que junto a otros que no denunciamos al personaje por no estar seguros de que él hubiese sido uno de nuestros torturadores (los años no pasan en balde), que fueron salvajemente torturados, al final, no sólo fueron torturados, sino que por cumplir un deber cívico, como denunciar el hecho, pueden acabar en la cárcel: las víctimas doblemente agredidas, mientras los verdugos pasean sus desvergüenzas por nuestras calles.

Estos acontecimientos están ocurriendo en España ahora mismo y si a alguien que, de buena fe, es decir, que no pertenezca al sector que ha mantenido a la dictadura por acción u omisión, o sus herederos directos, tuviera alguna duda de la necesidad de una ley de la Memoria Histórica, espero que hechos así le disipen todas las dudas, porque esta ley es de una necesidad perentoria para la sociedad. No podemos seguir así ni un minuto más, sin que todos los juicios militares realizados durante la dictadura contra detenidos políticos, sin excepción, sean anulados de hecho; sin que todos los juicios del TOP sean igualmente anulados; sin que la sangrienta dictadura fascista sea declarada ilegal y todas sus acciones sangrientas y genocidas condenadas por la sociedad española.

Las voces, los rostros de miles y miles de asesinados, torturados, encarcelados, obligados a trabajar como esclavos, supongo que bajo el lema «el trabajo os hará libres», como el cartel de la entrada de Auswitch, donde muchos asturianos, así como en otros campos de exterminio fueron asesinados por los aliados fascistas: Hitler y Franco, en fin, todos los represaliados, exiliados, etcétera, exigen justicia, no venganza, porque no estamos dispuestos a ponernos al mismo nivel que los asesinos.

Tenemos que cerrar el círculo de la dignidad, el círculo de los que vivieron con dignidad, murieron con dignidad y tienen que ser recordados con la misma dignidad para, entre otras cosas, servir como ejemplo ante las nuevas generaciones. Que todos sepan distinguir con claridad dónde están las víctimas y dónde los verdugos. Yo sé que esto produce resquemor en los cómplices necesarios de la dictadura, pero son ellos los que tienen que reflexionar sobre sus actos, no nosotros.

Sin estas actuaciones, ninguna ley cumplirá el objetivo para el que esté diseñada en un principio; ninguna ley que no recoja esta necesidad histórica servirá para cerrar este círculo de la dignidad. Por tanto, señores del PSOE, recapaciten, y si lo que tienen es miedo a los herederos del fascismo, es decir, a la extrema derecha, el PP, no se preocupen, ellos van a estar en contra sea cual sea el contenido de la ley. Por eso, mucho me temo que el problema es más dentro del propio PSOE que fuera de él; que los sectores más reaccionarios del PSOE estén realizando una presión desmedida para que esta ley no cumpla sus objetivos.

Señor Zapatero, no tenga dudas, no se deje amedrentar por estos herederos del fascismo y cumpla su obligación hacia las víctimas. No se convierta, como algunos otros, en cómplices de los verdugos.

Y para vosotros, queridos compañeros y amigos, querido Juanín, querido Vicente, sabéis que contáis con toda nuestra solidaridad, con todo nuestro apoyo, y contad, por supuesto, que lucharemos con todas nuestras fuerzas para que esta ignominia no llegue a buen puerto. Salud.