Cuando los ovetenses se enteraron de que el Partido Popular había designado al ingeniero de Ensidesa, Gabino de Lorenzo, para presentarse como candidato a la alcaldía en 1987, les dio la risa, porque en aquel momento, Antonio Masip -al que deseamos con todo el cariño una pronta recuperación de su accidente cardiovascular- era un candidato imbatible, nadie quería concurrir al frente de las listas de la formación conservadora, pues la derecha ovetense se encontraba atrapada en ese proceso de recomposición, que condujo desde la UCD de Adolfo Suárez al PP de José María Aznar. El alcalde "centrista" Luis Riera Posada, había logrado dejar un hueco que era muy difícil de llenar.

Masip, hijo de Valentín Masip Acevedo, alcalde en la etapa franquista, había conseguido hacerse con el "centro" -en el fondo el centro es la mayoría indecisa que se suma a la "derecha" o la "izquierda" para dar la victoria a un candidato-, al convertirse en el alcalde del PSOE que conectaba con esa sociología predemocrática que gravita sobre todas las ciudades españolas, y que en Oviedo se conoció algún día como el oviedín del alma, en una denominación que todo el mundo conviene en considerar un tanto cursi, de la que sobre todo puede decirse que ya es pasado, desde que de Lorenzo dio un vuelco sociológico a la ciudad.

Lo cierto es que de Lorenzo se comió cuatro años de durísima oposición que empezó el domingo de Ramos del año 87, cuando acudió a darle la mano a Masip a la puerta de la Catedral, como candidato "in pectore", y fue recibido por el entonces primer edil con una buena ronda de azotes, propinada con la palma, tal y como en aquel entonces representó la escena La Nueva España en "La Tira y Afloja", una sección de humor de este periódico, que de aquella tenía un gran eco social por su indiscutible ingenio, y que durante muchos años fue el verdadero editorial de este periódico. Gabino de Lorenzo no tenía ni idea de política, pero sí mucha gana de aprender, y con Masip de maestro, disfruto un durísimo master de cuatro años en la oposición. Cuando lo terminó, organizó la campaña electoral más bestia que se recuerda, con un despliegue propagandístico irrepetible, que iba desde miles de banderolas que llenaron la ciudad con su efigie, a una invasión de fotos borrosas con escenas taurinas que aparecieron colgadas, con su firma, en todas las paredes de la capital.

Cuatro años después de su primera experiencia electoral, el actual alcalde iniciaba su dilatada carrera hacia el decanato de los alcaldes españoles, y en su segunda prueba, tuvo que afrontar ya diversas conspiraciones, porque en el conservadurismo ovetense se veían las cosas de otra manera. La dirección asturiana del PSOE se lo había puesto imposible a Masip y la derecha veía la alcaldía al alcance de la mano, por eso un grupo de ciudadanos intentó situar a José López-Muñiz, ex presidente de la Diputación hoy fallecido, al frente de la candidatura. López-Muñiz no fue el único. El notario José Antonio Caicoya jugó sus propias bazas, mientras la Asociación Provincial de Hostelería, presidida por Rafael Secades, que ya había jugado con otro personaje de novela como concejal, Ismael Rey, seguía haciéndose un hueco en la política local.

De Lorenzo contaba en aquel momento con una interesante trastienda política que se agitaba en la Comisión Regional de la Empresa Pública, un interesante chiringuito en el que hacía sus deberes un agente cuádruple, Luis Gómez, ex gerente del "instrumento de reactivación" denominado Gesuosa, y ex alumno del profesor Germán Ojeda, que representaba la soprendente manera de concebir la política socialista en la sede archiepiscopal, desde la voluntad de las diversas facciones de la Federación Socialista Asturiana por controlar la Agrupación Municipal Socialista de Oviedo.

A Masip le sucedió lo mismo que años después le ocurrió a Leopoldo Tolivar, y en aquellos años hay que encontrar el origen de la crisis permanente que viven los socialistas ovetenses, porque Gabino de Lorenzo encontró en aquel momento, una sorprendente relación de simpatía con el dirigente minero José Ángel Fernández Villa, que encajó muy bien con su instinto populista, y que le dio recursos políticos para entender la equivocación de los socialistas, siempre empeñados en que para ganar las elecciones en la Vetusta del ilustre antecesor de Tolivar, Leopoldo Alas, "Clarín", había que cuidar especialmente a las familias "de toda la vida", cosa que de Lorenzo demostró que nada tenía que ver con la aritmética electoral, y si el PSOE había logrado gobernar con la simpatía del "centro urbano", de Lorenzo demostró que el "centro político" estaba la periferia, conquistando con mimo farolero el voto de los barrios.
Desde que de Lorenzo logró llegar a la alcaldía en 1991, hasta hoy, se mantuvo extraordinariamente fiel a su manera de entender el negocio de la política, con una inteligencia diabólica, y mientras en el PSOE siguieron buscando los vínculos con el "oviedín", de Lorenzo se dedicó a llenar los barrios ovetenses de farolas de fundición, provocando una de las polémicas estéticas más memorables de la historia local, con episodios que por si mismos bastarían para escribir unos cuantos ensayos de estética y alguna hilarante comedia, pues mientras la oposición de izquierdas invertía su tiempo criticando lo que arquitectos, intelectuales y teóricos varios denominaban su mal gusto "fernandino", los ciudadanos acogían entusiasmados las luminarias decimonónicas de fundición, junto con las famosas jardineras arrocalladas y las esculturas figurativas, que llenaron la ciudad, contradiciendo de manera radical las ideas expresadas en infinitos debates sobre gustos y colores, que protagonizaron la vida de la ciudad durante muchos años, hasta que Oviedo se convirtió en una auténtica y singular maqueta, que ahora es ponderada por propios y extraños, sin que haya faltado en la escena, un pedorreante trasero de bronce de Eduardo Úrculo, que recibe anualmente, desde la calle Pelayo, el pomposo coretejo de los reales fastos principescos de la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias en el Campoamor. Se dice que la ubicación de tan escatológica pieza, a pocos días del "acto" capitalino por antonomasia, fue obra de una noche de deliberaciones entre la primera autoridad municipal, un ingeniero de la institución, y el actor Arturo Fernández.

Ahora, quince años después, y a las puertas de unas elecciones municipales, de Lorenzo está también físicamente tocado como su antecesor Antonio Masip, pero su pasión por el poder de una ciudad que logró colocar a sus pies, sigue intacta, y desde que hace diez días lanzase la especie de que va a cometer "alguna injusticia personal", ha conseguido introducir el terror en sus propias filas, con un ataque de pánico que ha producido un efecto catárquico en su equipo de concejales, en el que sólo se mantienen firmes Agustín Iglesias Caunedo, José Agustín Cuervas-Mons y Conchita García, mientras que todos los demás están viendo la cuchilla de la "renovación" abatirse sobre sus cuellos. La noticia saltó en el diario La Nueva España, y en sus páginas introdujo un mensaje que situaba al presidente regional, Vicente Álvarez Areces, en la diana sobre la que exige el esfuerzo y los disparos de sus seguidores. La publicación Oviedo Diario, siempre crítica con el primer edil capitalino, siguiendo la estela marcada por La Nueva España, dedica esta semana sus páginas a los rumores sobre la continuidad de su equipo, en lo que su editor Carlos Castillo, no ha dudado en denominar "Plan Renove Municipal", algunas de cuyas especulaciones periodísticas, reproducimos en las ilustraciones.

Una de las facetas más revaladoras de la atípica personalidad de Gabino de Lorenzo, es la de su afición a la cría de animales. El ingeniero "hornoaltista" -él mismo dice que no es "altohornista"- que suele decir que en su profesión hay que lavarse las manos antes de ir a realizar las necesidades mingitorias, y que tuvo que aprender casi todo en política a fuerza de experimentar en la práctica cotidiana, encontró en los cánidos y los equinos -siguiendo la máxima que se atribuye a Oscar Wilde entre otros autores-, entre los que encontró su mejor escuela para la política práctica, pues de Lorenzo, cuanto más conoció a los hombres, más quiso a sus perros y también a sus caballos, y él que llenó las calles de la capital de bellísimos ejemplares de cocker americano, utiliza como nadie el palo y la zanahoria, tan útiles para amaestrar mascotas y animales domésticos, con técnicas experimentadas en el comportamiento animal, que traslada como nadie al gobierno municipal. Pero de todas sus zanahorias, la más apetitosa, es la que le colocó delante al presidente del Centro Asturiano, Alfredo Canteli, ahora que ya ha conseguido convertir en verdad revelada, que aquel que le acompañe en su nueva aventura como estrella invitada de la lista, será el sucesor.

La cosa promete...

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