EADS ha perdido casi un 40% de su valor bursátil desde enero gracias a sus ejecutivos, que han dado grandes muestras de irresponsabilidad e ineficiencia en una gestión en exceso dependiente de los caprichos políticos alemanes y franceses.

El caso EADS pasará a los anales del desastre europeo. El primer consorcio aeronáutico de la Eurozona sufre los mismos males que Europa. Descoordinación, personalismos, incapacidad manifiesta para llevar a cabo proyectos en común y, en fin, como resultado el fiasco bursátil y también socio laboral. Porque sin duda los últimos acuerdos tendrán efectos negativos en el empleo.

La última dimisión, la del presidente de Airbus, Christian Streiff, viene acompañada de un apoyo unánime del consejo de administración a un plan de ahorro de costes llamado ‘Power 8’ desarrollado por el francés. Es el paroxismo como norma de la gestión empresarial. Además, tras el anuncio de retrasos encadenados en el proyecto estrella, el famoso A380, que suponía inversiones de 10.000 millones de euros, se ponen las bases para recuperar el proyecto.

Streiff, el que ha sido fulminado, había prometido reducir costes en un 30% y aumentar la productividad un 20%, al mismo tiempo que se conocía que los retrasos del A380 iban a suponer una reducción del resultado operativo de 2.800 millones de euros hasta 2010.

Louis Gallois sustituye a Streiff y tan pronto como lo ha hecho ha sido recibido por Dominique de Villepin y el ministro de Finanzas, Thierre Bretón, para informarles de la situación de EADS. Como si ellos no la conocieran.

Toda la prensa europea ha publicado las tensiones entre franceses y alemanes, la fuga de información privilegiada y el affaire Noel Forgeard, el ex co presidente de EADS que vendió títulos poco antes de que se conocieran los retrasos, amén de una retahíla de excusas increíbles para explicar los retrasos relacionadas con el complicado diseño y otras fruslerías.

En los últimos nueve meses, las copresidencias alemanas y francesas de EADS han ido entrando y saliendo a través de una puerta giratoria a la velocidad de un escándalo tras otro, una mala noticia, tras una revisión a la baja, en un comportamiento que rozaba la esquizofrenia empresarial.

Y por si faltaba algo, a finales de agosto entraba en el accionariado el banco estatal ruso Vneshtorgank, el segundo del país, que compraba alrededor de un 5% y poco después se producía, cómo no, una cumbre Merkel, Chirac, Putin, en la que se hablaba entre otras cosas de energía y del desastre EADS.

En todo esto el Gobierno español ha ido perdiendo peso en el conglomerado de modo que el 5% que tiene la SEPI no le ha servido para mucho, en todas las decisiones adoptadas en los últimos consejos de administración. Hace tan sólo unos meses el ministro Montilla negaba el interés de España en incrementar su participación en la aeronáutica, aunque poco más tarde se filtraron informaciones en contrario.

No ha habido empresarios españoles dispuestos a arriesgar como han hecho Daimler Chrysler y Lagardere, aunque ambos han ido vendiendo títulos en una ceremonia que ha contribuido a la confusión en el valor.

Goldman Sachs hacía público hace unos días un informe en el que consideraba que Airbus debe prescindir de la planta de Illescas, en Toledo, que emplea a 500 trabajadores, y otras seis en Europa. En total 9.450 trabajadores.

Es el coste que estima el banco de inversión para llevar a cabo una correcta reestructuración de cara a la rentabilidad. El informe se hizo público ante un grupo escogido de clientes el pasado 26 de septiembre, antes de que se anunciaran los enésimos retrasos del A380.

Lo dicho, echan a Streiff, pero aprueban sus planes de ahorro. Del coste que han tenido los distintos despidos de ejecutivos, presidentes, copresidentes y consejeros delegados pedirán cuentas los accionistas en próximas juntas generales. La crisis roza el escándalo empresarial.