Por fin ha aflorado la cuestión clave de Cataluña: los charnegos, su identidad y su lengua. Ya era hora. Enhorabuena a Montilla y sus asesores: los hijos y nietos de aquellos españoles que empujados por la miseria vinieron a una región más próspera de su país (es impropio por tanto llamarlos inmigrantes) y que el pujolismo maragallista logró dividir en las dos subespecies que figuran en el título, podrán si quieren, votando, intentar tener voz.
Sobre la primera subespecie (charnegos agradecidos los llamó Ramón de España) me limitaré a citar un texto reciente de Gregorio Morán (La Vanguardia, 30/09/06, pág. 30): «Me acuerdo de que la difícil conversación ( ) derivó en una explicación del escritor Julià de Jòdar [sic] sobre la que él consideraba la mayor amenaza que pesaba sobre Cataluña [sic]: el efecto maléfico de la emigración obrera que había planificado Franco para destruir el meollo de la autenticidad catalana. Mi primera reacción cuando escucho una broma de grueso calibre es pensar que no lo he entendido bien. Pero no, iba en serio, y durante muchas semanas seguí dándole vueltas a las afirmaciones de Julià de Jòdar, pero no tanto por las afirmaciones en sí, que son insostenibles desde cualquier perspectiva histórica, fuera del mundo heredero de Torras i Bages, sino del por qué. ¿Qué está ocurriendo aquí para que un hombre inteligente, escritor concienzudo, de familia emigrante, que ni se llama Julià ni se apellida Jòdar -que es pueblo de la provincia de Jaén-, sea capaz de asumir que los suyos han sido la quinta columna del franquismo para desvirtuar Cataluña en la posguerra?».
¿Qué ocurre, Gregorio? Pues que, estando en la órbita de ERC o más p'allá, creen en identidades colectivas y concilian fe e intereses. Tocan o esperan tocar el poder mafioso nacionalista que copa gobiernos, universidades, medios de comunicación, editoriales.Disponen de tribunas desde donde, timbalers del Bruch, fingir que representan a muchos. Pero solo se representan a sí mismos.Son pocos: si contamos una persona, un voto, casi irrelevantes.
Los otros se consideran españoles de Cataluña, como los de Brest franceses de Bretaña. Pueblan las periferias y el centro pobre de Barcelona y otras grandes ciudades. El castellano es su lengua usual. Montilla juega fuerte: le ha dicho a Mas que si se niega a hacer el debate en castellano es que no conoce Cataluña.
Esas gentes, que se sienten de izquierdas -cinturón rojo llamaban a eso en tiempos- no votan en las autonómicas. La única vez que lo hicieron fue por Vidal-Quadras. Si Montilla consigue llevarlas a las urnas, será president. Con un andaluz llamado Pepe en la presidencia, comenzará el fin de la Cataluña identitaria. Después ya tendrán voto más hispanos que españoles, porque ahora vienen de Quito o Medellín y no de Murcia o Almería... Eso sí, conviene que dos o tres Ciutadans le recuerden a Montilla en el Parlament que debe la presidencia a la Cataluña real, la del futuro; no a la imaginaria de Prat de la Riba, la del pasado.
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