“No sabes lo que he hecho estos días. Un poco más y doy por cerrado el año. No podemos permitirnos el lujo de jugar contracorriente. Es increíble. Ayer me hinché a comprar banestos y hoy sube como la espuma. Casualidades de la vida”. Son las palabras de un broker que no tiene tiempo ni siquiera para coger el teléfono a los clientes ante la vorágine compradora que se cierne sobre el mercado.

Un mercado de comportamiento explosivo. Exuberante, irracional en sus planteamientos y sus valoraciones sobre todo en sectores como el inmobiliario y el eléctrico, movido específicamente por las operaciones corporativas y elevado a los máximos gracias a los rumores. Del 23% que lleva ganado el Ibex, un 12 o un 13% se debe a las transacciones en el sector eléctrico, por que el inmobiliario pesa lo justo en el Ibex y el bancario no se ha movido hasta hace unos días.

Estamos en una especie de todo vale, en un mercado donde la inconsciencia tiene éxito y roza peligrosamente el parecido con la burbuja de Internet. Se invierte sobre valores sólidos, con potentes beneficios, pero las primas que se pagan son exageradas y si además la intención se filtra al mercado, como es habitual, las grandes carteras lo ponen aún más difícil.

A golpe de rumor

La sobredosis de apalancamiento suele pasar factura cuando se produce de modo un tanto alocado, con expectativas no siempre concreta. Las manos fuertes del mercado conocen al dedillo el funcionamiento de una bolsa estrecha, sensible a cualquier rumor en estos momentos y, de hecho, cada chisme, cada runrun tiene un ingrediente político para que parezca creíble. Se dice de todo y los gestores entran al instante, porque quién justifica ante su jefe no estar en la pomada.

No es que la CNMV esté desbordada: simplemente, no puede tener capacidad para seguir lo que pasa en un día. El viernes, por ejemplo, se disparó Banesto un 8%, para luego amainar las compras, pero mejoraron Bankinter, Popular, todo el sector, mientras que BBVA oscilaba más de un 5%, con un fuerte volumen de negocio para concluir a la baja.

Los rumores se iniciaron con una posible venta de Banesto a Sabadell para con el dinero hacer una operación BBVA-Santander. Cuando se dieron cuenta de que la entidad presidida por Ana Patricia Botín vale 11.000 millones y haría falta pagar mucho más para poder plantearse de lejos una compra o un canje con BBVA se desinfló el rumor, pero ya estaba el sector ardiendo, igual que había ocurrido cuando Citigroup mostró su interés por varios bancos europeos.

España se ha convertido en un banco de pruebas de lo que pueden hacer los grandes bancos americanos y británicos simplemente dando el chivatazo, dejando caer que están interesados en comprar. Si días antes han adquirido millones de títulos, pueden hacer el negocio padre porque venden cuando todos entran. Algo muy habitual para estos despiertos inversores, que se mueven acompañados de fondos de capital riesgo y hedge fund.

Subida de tipos

Pues bien, mientras que el desmadre inversor ocupa a los mercados, los problemas de inflación en Europa y Estados Unidos, si atendemos a los Bancos Centrales, no están ni mucho menos solucionados, aunque el desplome de las materias primas está ayudando lo suyo.

No parece que la ansiada rebaja de intereses en Estados Unidos sea algo que esté a punto de llegar, si atendemos a las últimas palabras de Bernanke. El crudo ha caído un 25%, pero 60 dólares sigue siendo un coste muy alto para países tan dependientes como España, con un 85% de la energía exterior.

La salud de la economía americana puede dar más de un susto, si el sector inmobiliario continúa con sus bocanadas, y es previsible que el consumo se resienta. Japón ha dicho adiós a la deflación, pero todavía le quedan muchas reformas por hacer y mucha confianza que ganar para que su economía vuelva a tirar con solidez.

Fiebre bursátil

En el ámbito de la inversión, los hedge fund y otros vehículos de apalancamiento muestran algunas de las heridas sufridas en los mercados de materias primas y en los bonos, donde los tipos a largo plazo no han dicho la última palabra. Amaranth y Vega son sólo dos mínimos ejemplos en el océano. Todos temen que en el mercado de bonos se produzca repentinamente un tirón que bloquee el aliento a muchas empresas endeudadas hasta las cejas.

Pero todo esto, al fin y al cabo, a quién interesa, si en los mercados se trabaja sólo a corto plazo, anticipándose a la dimisión de Isabel Lozano en Pharma Mar, a los rumores sobre Banesto o a los violentos movimientos de Metrovacesa, sin olvidarnos de la juerga constante de Jazztel o el impresionante mundo de Inmocaral, con sus fiestas diarias e increíbles oscilaciones. Esto es el día a día. Dinero caliente en busca de gangas, de chollos, de pelotazos, hasta que la realidad se cierna sobre el mercado.

Pero quién se atreve a no estar dentro, quién a plantear la posibilidad de un buen susto cuando los mercados están en máximos históricos. Es curioso, porque incluso en estas cotas se han puesto en marcha los famosos ETF y están hasta ganando. La tierra de nadie de los 13.100 puntos puede quedar pulverizada con media docena de rumores más en el sector bancario, al que ahora le toca, y en el de las telecos, que hay que cerrar bien el año. Vale todo y cuando el mercado está violento ya se sabe, el miedo es lo único que sale gratis.