Turismo más responsable

En España hay cada vez mayor sensibilidad ante el impacto medioambiental del turismo, incluso una cierta preocupación por la imagen de algunos de nuestros destinos. En Francia, por ejemplo, ciertas costas españolas son tildadas de hormigonadas (bétonnées)y este verano, L´Express y Le Monde dedicaron sendos artículos muy críticos al respecto. Esta imagen negativa empaña la de los lugares que no padecen esa sobreedificación. Debemos ser conscientes de que las ventajas de muchos nuevos destinos mundiales de sol y playa no son sólo los precios, sino el entorno ambiental, algo que los turistas tienen cada vez más en cuenta a la hora de decidir su viaje, como revela la European Travel Commission en Tourism Trends for Europe (septiembre 2006), que concede incluso más importancia a los riesgos medioambientales que a las tendencias macroeconómicas.

El principal talón de Aquiles de nuestro turismo va a ser el ambiental, porque los daños infligidos a la naturaleza y al paisaje a menudo son irreversibles. Hace cincuenta años se optó por un turismo de masas, cuyos efectos positivos fueron la importante contribución del sector al crecimiento económico y facilitar un ascensor social casi insólito en nuestra historia. Quizás los imperativos económicos de entonces podrían justificar o explicar aquella estrategia que no reparaba mucho en el medio ambiente. Pero hoy no es sensato continuar ignorando las señales y avisos que nos envía la naturaleza en forma de sequías cada vez más frecuentes, inundaciones, olas de calor, deshielos de glaciares, y seguir emprendiendo explotaciones turísticas e inmobiliarias de gran impacto como si no pasase nada. Los riesgos han sido puestos de manifiesto en el reciente informe del Observatorio de la Sostenibilidad del Ministerio de Medio Ambiente, Cambios de ocupación del suelo en España,así como en los de Greenpeace, Destrucción a toda costa,y de WWF-Adena, entre otros, a veces mal recibidos o ignorados por muchos actores del sector.

Los verdaderos retos del turismo del siglo XXI pasan por una mayor conciencia ética de la naturaleza, una gran responsabilidad social y la revisión del mito del crecimiento ilimitado.

Hemos de aceptar que la naturaleza no nos pertenece, que somos únicamente sus depositarios y que para protegerla es lícito y necesario limitar los derechos a construir y explotarla como y donde se quiera. Este dilema entre los derechos actuales y los derechos futuros fue planteado hace décadas por el filósofo Hans Jonas, en su Ética de la responsabilidad.

Hoy, la acción es urgente, se hace tarde. El cambio climático pone en peligro la viabilidad de grandes zonas del planeta y, en particular, de muchas explotaciones turísticas; los medios mecánicos de que disponemos son de envergadura titánica, habiéndose roto el equilibrio ancestral entre hombre y naturaleza. Pero el aspecto positivo es que conocemos el impacto que causamos y disponemos de los medios para controlar y equilibrar nuestro desarrollo, siendo a la vez más libres, pues ya no nos acucia la miseria. La dimensión ambiental debe pues figurar en el centro de las estrategias y proyectos turísticos, y deben ser las administraciones públicas y los líderes empresariales del turismo los principales impulsores y ejemplos de esa responsabilidad ética, de la reconciliación entre turismo y naturaleza.