Contemplar la naturaleza tiene un precio, de Antonio Cerrillo en La Vanguardia
Turismo más responsable
Parques de EE. UU., África y Australia tienen precios de entrada, además de fijar restricciones de visitantes
Contemplar la naturaleza también tiene un precio. Y, a tenor, de la tendencia actual, visitar los espacios naturales vírgenes protegidos va a estar gravado cada vez más con tarifas. En numerosos parques nacionales, sobre todo en Estados Unidos, Australia y algunos países africanos, vienen aplicando tarifas de entrada o han empezado a introducir ecotasas, dentro de una estrategia que persigue reducir el número visitantes, evitar una frecuentación excesiva y compensar los impactos ecológicos que causan los turistas en el ecosistema.
La entrada en el parque nacional de las islas Galápagos cuesta 100 dólares y, según explica su página web, los ingresos sirven para ayudar a la conservación de este espacio. En numerosas áreas protegidas de Uganda. Ruanda y República Democrática de Congo, la observación de gorilas está restringidas por sus elevadas tarifas y el número de visitantes está limitado a seis personas por cada familia de gorilas, que tienen una hora de observación. En el cráter de Ngongoro, en Tanzania, se han fijado recientemente tarifas adicionales para pases de media jornada, mientras que en el Centro del Bosque Tropical de Minnamurra, en el parque nacional de Morton (Australia), también se aplica una tarifa, e, incluso, se ha limitado el tamaño de su aparcamiento. Este enclave alberga unas cataratas muy frecuentadas por turistas que lo visitan para nadar y hacer picnics.
El establecimiento de tarifas de entrada y de restricciones en el número de visitantes es visto por muchos como algo necesario. "Aplicar tarifas de entrada o ecotasas es una necesidad que existe para conservar los espacios naturales, porque muchos de ellos son frágiles. Se ha visto, a lo largo de los años, que la masificación en determinados lugares ha causado daños en muchos espacios y amenaza con provocar la desaparición de algunas especies", dice Pedro Rosabal, responsable del programa de áreas protegidas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, una asociación que agrupa a más de 1.000 miembros, entre ONG, gobiernos y agencias gubernamentales. En su opinión, estos ingresos están justificados para conservar los parques, crear refugios naturales y, además, deben actualizarse.
Los motivos ecológicos son aducidos frecuentemente para restringir o acotar el paso. El cierre temporal de ciertas zonas o accesos durante periodos críticos para la reproducción de especies o el establecimientos de licencias exclusivas para operadores turísticos son algunos de sus sistemas para evitar que se rebase la "capacidad de carga".
Así, en la reserva del Año Nuevo en California - donde se protege la foca elefante- se necesitan permisos especiales para entrar. En el parque nacional de Four Mountains, en Canadá, se cierran los accesos cuando la hembra del oso pardo anda con sus crías. Y en la isla de Sipadán, en Malasia - uno de los destinos más apreciados por los buceadores-, está restringido el número de inmersiones que pueden hacerse al día.
Algunos espacios, como el parque provincial de Pinery, en Ontario (Canadá), recurren a una variada panoplia de fórmulas para reducir el uso del parque y proteger el paisaje natural. Así ha conseguido un 50% menos de turistas de la naturaleza. Las medidas introducidas incluyen la designación de lugares concretos para acampar (y no dejar que la gente se sitúe donde quiera), la restricción de aparcamientos, un aumento de los guardas, multas, e, incluso, el cierre de algunos sitios de camping para regenerar la zona. En todos los parques provinciales de Ontario, por ejemplo, el camping sólo puede hacerse en campamentos designados (incluso, aunque se trate de las zonas más remotas), mientras que en Sri Lanka los parques nacionales terrestres sólo se pueden visitar con guías.
Los aparcamientos y la limitación del transporte han empezado a integrarse en estas mismas estrategias. Japón no puede (por ley) cobrar por la entrada, pero en la práctica limita los accesos mediante tarifas para dejar el coche. En el parque nacional de Point Pelé, en Canadá, una vez que se llenan las plazas de parking, cierran el parque hasta que se vaya alguien y deje una plaza libre: todo ello para proteger las aves. Y en el parque nacional de Yosemite, en Estados Unidos, se limita el acceso al valle de Yosemite. Para ello, se prohíbe el paso de coches y se obliga a los turistas a ir en autobús.
