El juego de las motas y las vigas, de David Seaton en El Mundo
EEUU ha aprobado una normativa que vulnera los principios más básicos de todas las constituciones europeas vigentes y acaba con el 'habeas corpus'
Echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano. Mateo - VII - 5
Hay en Europa comentaristas, alarmados por que los musulmanes puedan sentirse ofendidos por determinadas óperas o lapsus linguae papales, y que abogan de modo estridente por la defensa de nuestros «valores comunes» frente a la amenaza creciente del «islamofascismo», que ellos ven como «una ofensiva a gran escala contra el mundo liberal y democrático». Sin embargo, parece que pocos de esos comentaristas han dedicado una gran atención a una ley recientemente aprobada en Estados Unidos, la Ley de Comisiones Militares, que vulnera los principios más básicos de todas las constituciones europeas vigentes y acaba con el habeas corpus, una tradición legal que se remonta al siglo XIII y que garantiza que nadie pueda ser encarcelado sin acusación ni juicio con luz y taquígrafos; un principio que se considera que es la piedra angular precisamente del «mundo liberal y democrático».
Según un editorial del, The New York Times, esta ley confiere al señor Bush «la potestad de meter en la cárcel en gran medida a cualquiera durante todo el tiempo que quiera sin ninguna acusación de por medio, de reinterpretar unilateralmente las Convenciones de Ginebra y de autorizar lo que una persona normal consideraría tortura. (...) Todo lo que tendría que hacer para encerrar a alguien para siempre sería declararlo combatiente ilegal y que no se le juzgara; la ley podría aplicarse a ciudadanos extranjeros residentes en sus propios países». Por ejemplo, podía aplicarse a cualquier español sentado en su casa en España. Sí, a usted.
Paul Krugman, profesor de Princeton y columnista estrella se ha preguntado, también en The New York Times, sobre las razones por las que el Gobierno Bush está tan decidido a torturar a cualquiera. He aquí su respuesta: «Para demostrar que puede hacerlo». Krugman ha seguido argumentando: «En mi opinión, la tortura resulta atractiva al presidente y al vicepresidente precisamente porque constituye una infracción tanto de la ley como de la tradición. Al hacer de una práctica ilegal e inmoral un elemento clave de la política de EEUU, están reafirmando su derecho a hacer todo lo que exigen hacer».
Ahora bien, es un hecho que «desaparecer» a las personas, el encarcelamiento discrecional sin juicio y la tortura forman parte de la vida cotidiana de los que se conocen como «regímenes de seguridad nacional», entre los que cabe incluir a Egipto, Arabia Saudí, Jordania, Siria, Yemen, Pakistán, etc., casualmente los países de origen de muchos terroristas muy notables. Es dudoso, por tanto, que después de haberse criado desde niños bajo regímenes como ésos los seguidores de Osama bin Laden, por ejemplo, vayan a sentirse especialmente intimidados porque EEUU se haya unido también a esa lista. Entonces, si Al Qaeda no va a asustarse con Bush y tampoco los iraníes, los coreanos, los talibán o Hizbulá, ¿a quién se supone que en realidad está metiendo miedo Bush en este momento? ¿A usted o a mí, por ejemplo? ¿Es éste el objetivo de la Ley de Comisiones Militares?
© Mundinteractivos, S.A.
