Un alto político catalán, después de la resaca producida por el debate del nuevo Estatut, recordó en privado que "a veces retorna la mentalidad 6 de octubre a Catalunya", en referencia a la actitud que, en el grave contexto de 1934, exhibió el Govern de la Generalitat presidido por Lluís Companys, lo que - como se sabe- acabó con la suspensión de la autonomía y la penosa imagen de los representantes del pueblo catalán encarcelados por el gobierno central de Lerroux. Hoy se cumplen 72 años de aquellos desgraciados hechos y la mentalidad 6 de octubre persiste y asoma por barrios, según el día.

Ciertos gestos y ciertas consignas que se dieron durante la recta final de la aprobación del Estatut responden a esa mentalidad 6 de octubre, caracterizada por la irreflexión, la aventura improvisada, la falta de perspectiva y una irresponsabilidad tan aguda como espeluznante. El espectáculo que ERC y un sector del soberanismo catalanista dio a propósito del referéndum (con idas y venidas de la abstención al no y del no al nihilismo escapista) debe inscribirse en esta tradición local. Aquellos días participé en algunos debates en defensa del sí al Estatut junto a destacados partidarios del no y debo decir que mi estupefacción fue grande al observar de cerca el acendrado aislamiento que mostraron algunas personas y grupos que veían en el referéndum la antesala de un proceso independentista. Esta mentalidad 6 de octubre, que tiene ahora nuevos propagandistas en la voz de escritores como López Bofill, ha colonizado hasta tal punto el universo ERC que la dirección republicana tiene serias dificultades para modular su posición, algo imprescindible para hacer política. Es como si nadie recordara que la fascinación ingenua por la pureza y por la fraseología insurreccional es lo que hizo del independentismo (junto a su antiguo dogmatismo comunistoide) un mero apéndice marginal hasta que Colom, Rahola y Carod-Rovira lograron normalizarlo y modernizarlo.

Pero a esta mentalidad 6 de octubre catalana, de la que no podemos sentirnos nada orgullosos, corresponde una mentalidad 6 de octubre española, muy peligrosa e incesante. Hoy en día está claro que el PP de Zaplana y de Acebes lidera la mentalidad 6 de octubre en Madrid, gracias a la teoría de la conspiración a propósito del atentado del 11 de marzo del 2004, siguiendo el guión de la Cope y de El Mundo.La derecha civilizada, con el ABC a la cabeza, ha advertido de las graves consecuencias de esta estrategia. La buena noticia es que, a diferencia de 1934, la mentalidad 6 de octubre conduce a sus seguidores al ridículo antes que a la tragedia. Algo hemos avanzado en 70 años.