Los ayuntamientos pueden dejar pronto de sacar provecho de la vivienda. El boom inmobilario, según los indicadores más recientes, ha iniciado la senda de la ralentización, lo que pondría fin también a las fructíferas subidas de los impuestos locales.

Si las grandes capitales eran las habituales protagonistas de los aumentos fiscales, los municipios más pequeños han tomado ahora el relevo, para no perder la oportunidad de generar más ingresos mientras esperan a un nuevo modelo de financiación, la eterna asignatura pendiente.

Así, Alicante, Vitoria y Badajoz protagonizan en 2006 el podio de subidas del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), con aumentos del 10%, el 9,4% y el 7,9%, respectivamente. Estos tres municipios no elevaron sus tasas un año antes, cuando se llevaron las medallas Granada, Zaragoza y Huelva, que en 2006, sin embargo, mantuvieron la cuota de este impuesto.

El ránking tributario 2006 que elabora anualmente el Ayuntamiento de Madrid muestra que, relevo tras relevo, prácticamente se ha completado ya la batería de subidas en toda la geografía nacional, en una tendencia que iniciaron las grandes capitales, como Madrid o Barcelona, que ahora han quedado relegadas al puesto décimo sexto y cuadragésimo primero –de un total de 52 ciudades–, respectivamente.

Madrid, de hecho, mejora su posición en casi todo el ránking: en comparación con el resto de capitales, ha abaratado tanto el IBI como el cobro de la plusvalía de los pisos –conocido técnicamente como Impuesto sobre el Incremento de los Terrenos de Naturaleza Urbana–. Y mejora, además, a mejor ritmo que Barcelona.

El mayor gravamen del IBI corresponde a Lleida, Ciudad Real y Tarragona, en las que el desembolso medio supera los 90 euros, frente a los 70,71 catalanes y los 52,6 madrileños. Las cuotas más bajas se localizan precisamente en dos de los territorios donde más sube el IBI: en Pamplona y Vitoria –menos de veinte euros–, reflejando así la tendencia a imitar a los municipios pioneros en aprovechar el boom inmobiliario.

Misma filosofía

La misma filosofía inspira al resto de grandes impuestos locales, como las plusvalías obtenidas en las ventas de inmuebles, que ahora elevan especialmente los municipios pequeños y medianos. Mientras, el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) tampoco ha escapado de las subidas.

De nuevo, los municipios más caros son los que menos elevan sus tarifas: Almería, con 1502,5 euros; Cádiz, 1.106,8; y San Sebastián, donde asciende a 1.058,6. El aumento de los pagos parece responder a la pérdida de ingresos derivada de la práctica eliminación del IAE.

Pero si en este tributo y en los relacionados con la vivienda los pequeños y medianos municipios siguen la estela de las grandes capitales, en el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica las subidas son generalizadas: encabeza los aumentos Ceuta, con un 31,8%, seguida de Badajoz (7,9%) y Pamplona (6,7%). No obstante, los ceutís, junto a los melillenses, siguen siendo los que menos pagan por este impuesto, con un desembolso anual de 28,28 euros.

En el otro lado de la balanza, los donostiarras deben rascarse el bolsillo con 69,4 euros, al igual que hacen los barceloneses, con 68,15 euros.