En la Junta General del Principado se vivió ayer un adelanto del debate sobre el libro 'Construyendo Asturias' que tendrá lugar la semana que viene, cuando la portavoz del Gobierno, Ana Rosa Migoya, comparezca en la Cámara para dar explicaciones sobre el famoso 'best seller' que todo el mundo relaciona con el Principado menos los socialistas. Los portavoces del PP e IU, Fernando Goñi y Aurelio Martín, no pudieron evitar referirse al libro tras ser aprobada por unanimidad una proposición de ley para la formación de una comisión de Comunicación Institucional.
Al Parlamento deben ir las cosas que preocupan en la calle y en ese sentido la actuación de Aurelio Martín y Fernando Goñi fue correcta al criticar una iniciativa que puede etiquetarse como publicidad institucional encubierta. El problema está en que para hablar con libertad de estos asuntos hay que tener las manos libres. El PP no las tiene porque Gabino de Lorenzo hace lo mismo en Oviedo con publicaciones costeadas por todos los ciudadanos que sólo se distribuyen para ensalzar la figura del alcalde de la capital. Aunque, en el caso del PP, lo más preocupante fue el silencio de Ovidio Sánchez durante el debate sobre el estado de la región, lo que prueba las ataduras de este partido cuando toca hablar de determinadas cosas.
El caso de IU es distinto, porque no tiene en sus filas ningún De Lorenzo, aunque si gozara de mayor poder institucional a lo mejor veríamos cosas sorprendentes, como ya anticipa esa publicación de la Consejería de Justicia en la que un alto cargo merece la atención del fotógrafo en 28 ocasiones. No obstante, el mayor handicap que tiene IU en este asunto descansa en su condición de partido de gobierno. Cuánto más escandaloso les parezca el proceder de los socialistas, más urgente debería ser su abandono del Ejecutivo. Rasgarse las vestiduras y seguir en el poder resulta incompatible; así que, por coherencia, deberían matizar la crítica para no caer en contradicciones irresolubles. La debilidad del PP y de IU para hablar alto no exime a los socialistas de presentar una argumentación creíble. Cosa que no hizo José Luis Montes, su portavoz, atrincherado en la disculpa de que no hay pruebas, como hacen los defensores de los malos.

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