Ignacio Sánchez Galán, máximo jefe de Iberdrola, se sube al púlpito y se crece en sí mismo, se reproduce con sus quejas sobre la ausencia de un mercado único europeo y se faja contra los papanatismos de los distintos Gobiernos que han impedido sucesivas concentraciones en el sector por motivos, por lo general peregrinos, pero en base a una legislación que impide dar cualquier paso al frente.

Galán es muy crítico con esta Europa que se está creando a retazos, sin mercado único de la energía y en la que no se cumplen muchos de los criterios y principios que fundamentaron la constitución de la Unión. ¿Qué hay de la libertad de establecimiento, de movimiento de mercancías y servicios, de capitales, sin restricciones por parte de países con el control público de sus empresas, y libertad del movimiento de personas?, se pregunta el salmantino.

Si analizamos todos y cada uno de estos puntos, observamos cómo Europa está lejos de sus principios fundacionales gracias al proteccionismo estatal.

En Europa y en España no se mueve un pelo en el sector energético sin que los Gobiernos quieran saber y metan mano, aunque unos lo hacen de un modo, como los franceses más descarado, otros como los alemanes se las dan de liberales y otros como los españoles aportan enormes dosis de confusión, porque simplemente no saben lo que quieren. Bueno, a lo mejor un día de estos nos lo descubren.

Joan Clos, el martes, y David Vegara, este miércoles, han coincidido en esa nueva tesis de mejor dos operadores que tres, lo que parece indicar que todos están por la labor de una fusión entre Iberdrola y Fenosa, quién sabe si acompañados de Gas Natural, que sería lo lógico, ya puestos a elucubrar. La teoría es inicialmente muy fácil y se complica si echamos cuentas sobre un previsible canje y si además sumamos los personalismos.

Los March, los Albertos, Florentino y otros pesan mucho. Parecen dispuestos a negociar, pero con el capital en la mano, es decir, con el poso de sus participaciones frente a Galán y sus apoyos y a Gabarró y La Caixa, amén de Repsol, con Brufau a la cabeza. No es nada fácil.

A Galán tampoco le disgusta la idea de los dos operadores y, sobre todo, le gusta que dos más uno sumen tres y no menos uno, igual que ha ocurrido con la OPA fallida de Gas Natural en la que la CNE le impone duras condiciones de ventas.

Aun así, dice Galán que si juntáramos esas empresas antes citadas en un escenario utópico estaríamos hablando de que alcanzarían cuotas en Europa del 4%. Mientras que, por ejemplo, EDF tiene el 85% del mercado europeo, Portugal tiene el 80% con un solo operador; Francia, el 90%; Bélgica, el 100%; e Italia y Alemania más del 40%. ¿De qué estamos hablando?

Y ahí es cuando se enciende Galán: “Yo pido una cosa muy sencilla, ser igual que mis colegas europeos, que le han permitido que nazca una empresa como E.ON. Quiero ser tan listo o tan tonto como ellos. Quiero decidir si quiero hacerlo y no puedo porque el sistema lo echa para atrás. Y nos hemos pasado durante años los españoles discutiendo sobre puntos como la inmortalidad del cangrejo. Hemos perdido un tiempo precioso discutiendo si con el 24,9% eres dominante y con el 25,1% no lo eres. Mire usted, dejemos de ser de pueblo y vamos a ser europeos de verdad”.

Galán exige que tengamos un tejido industrial equivalente al peso de España en las economías mundiales e insiste arremetiendo contra el último año perdido gracias al ministro Montilla. No lo cita, pero dice esto: “Leamos menos libros, blancos, azules y amarillos, y pongamos pragmatismo... y pragmatismo es qué queremos ser. Queremos ser pigmeos o empresas acorde con el tamaño de país que somos”.

El sector energético español ha cambiado en el último año radicalmente, porque su base accionarial no es la de siempre. Ahora dos nuevos actores, ACS y Acciona, han entrado a saco. Quieren participar en la revolución que se avecina. Sólo falta que el Gobierno deje hacer y sepa defenderse de las diatribas políticas procedentes de Europa, donde ni Competencia ni Alemania están permaneciendo al margen de la OPA de E.ON. Y si la alemana paga más y se lleva el gato al agua, muy bien, aunque tendrá que entenderse con quien esté dentro de Endesa.

Ya hemos visto el efecto que produce la mano de un ministro como Montilla en una operación como la de Gas Natural y Endesa, así que mejor sería que los políticos permanecieran al margen, algo que en principio parece simplemente imposible. No lo hizo el PP, ni mucho menos con Rato, y el PSOE va por idéntico camino.