Cuando Blair se despidió de la comitiva de Zapatero tras su visita relámpago a Madrid para apoyar la negociación con ETA, se quedó asombrado de la sonrisa melancólica del secretario de Estado de Información, Fernando Moraleda, y nada más subir a su coche le dijo al acompañante: “¿te has fijado, es igual que Fernandell?”. Es verdad, no se nos había ocurrido el asombroso parecido del portavoz —aunque la portavoz oficial es la vicepresidenta De la Vega— con el genial actor cómico francés que bordó al cura don Camilo. Pues bien, Moraleda/Fernandell ha inaugurado en la Moncloa un serie de desayunos exprés con el presidente y grupos seleccionados de periodistas afines, más algún otro que se cuela de rondón, donde más que información se les dan lecciones y un pobre desayuno, nada que ver con el estilo británico de Blair.
Son desayunos de campaña donde Zapatero se sienta, como si los fuera a examinar, en el centro de la mesa acompañado de Moraleda y Lacalle, formando una especie de corte suprema o tribunal, para hipnotizar un poco a los invitados con vistas al proceso de la negociación con ETA para decirles que las cosas van bien, con el optimismo que ya caracteriza al hombre de la sonrisa, pero sin decir una sola verdad, porque si fueran tan bien como dicen no habría kale borroka y habrían empezado a negociar. Las cosas no van bien, y lo que es peor, Zapatero prepara el terreno por si se tiene que ver pronto en la necesidad de hacer nuevas concesiones políticas a ETA, empezando por la famosa mesa de negociación paralela para que la que están buscando fórmulas imaginativas, a ver si cuela en Batasuna y en la opinión pública sin que se rasge las vestiduras —que por cierto, las tiene hechas trizas— el PP.
Moraleda da café con bollos, Zapatero sonríe, llega y se va, dice que la oposición que tiene no se la merece, lanza venablos directos o indirectos contra la conspiración del 11M, y anuncia que las elecciones municipales y autonómicas van a ser otro Waterloo del PP. Pero noticias, ni una, e ideas, cero pelotero.
Hay gracietas y hasta declaraciones de amor de algunos de los pelotas más significados, pero el objetivo de estos encuentros es, por un lado, el de la cortesía selectiva —vamos a ver si llevan juntos al Losantos, Pedro J., Alonso, Albiac, Vidal y demás integrantes de la Orquesta Mondragón, de la misma manera que llevarán —con desayuno inglés de huevos fritos, bacon y salchichas— a los Gabilondo, Pradera, Cebrián y demás compaña de la sinfónica de Prisa, que acaban de hacer una gran aportación a la bronca mediática llevando los más altos barítonos y manipulaciones oficiales a los telediarios de la Cuatro. Una novedad que supera a la radio y que ya imitan a la perfección los recién llegados de La Sexta, suponemos que siguiendo instrucciones de Miguel Barroso, su mentor y matador de internet, que tiene una cara que se la pisa cuando camina por la Casa de las Américas, de donde salen huyendo los fantasmas cada vez que lo ven.
En realidad, lo del periodismo en España es una pena. O te apuntas al PSOE o al PP, o vas listo, aunque siempre nos quedará internet. Por lo menos Moraleda da café, que algo es algo; en el PP, de momento ni agua a los que no están a las órdenes de Zaplana o de Acebes, y ni te cuento a los que están del lado del PSOE, aunque se dice que allí algo está cambiando. Esperemos a ver.

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