He hecho una escapada de fin de semana a Basilea, tranquila y apacible ahora que no está abierta la Feria de Arte, para poder ver en la Fundación Beyeler la exposición Eros. Rodin y Picasso. Se trata de la primera parte de un ambicioso proyecto en dos partes centrado en el concepto de Eros. La segunda parte, de la que espero también poder hablarles más adelante, se presentará del 8 de octubre al 18 de febrero de 2007, y con el título Eros en el arte moderno reunirá un conjunto de obras en torno a esa temática desde la pintura francesa del XIX hasta nuestros días.

La muestra actual consta de una veintena de esculturas y 50 acuarelas, seleccionadas entre las miles de temática erótica que realizó Rodin, junto a un importante grupo de pinturas, dibujos y grabados de Picasso. La calidad de las piezas es excepcional, y la exposición, muy bien presentada, resulta magnífica, en la línea habitual de calidad de la programación de la Fundación Beyeler.

En lo que respecta a Rodin, la pieza más deslumbrante es la escultura en bronce Iris, mensajera de los dioses (1890-1891), un cuerpo femenino desnudo sin cabeza y sin el brazo izquierdo, en una posición volante y con un torsión extrema, que deja al descubierto y en primer plano de la visión tanto los genitales como las nalgas de la figura. Además de esta Iris, una de las joyas de las colecciones de la Beyeler, hay otras dos Iris que, como las acuarelas, provienen del Museo Rodin de París. De Picasso hay representaciones de mujeres desnudas, minotauros y parejas, y destacaré la rara oportunidad de ver las pinturas de un cuerpo desnudo terrorífico extendido en un sillón: El reposo (1932), de una colección privada, o reunidas las dos versiones, muy diferentes, de El beso, realizadas en octubre de 1969 con tan sólo dos días de diferencia, pero que hoy están en Dallas y en el Museo Picasso de París, respectivamente.

La exposición es magnífica, por la calidad excepcional de sus piezas y su presentación limpia y clara. Lo que me resulta problemático, en cambio, es la formulación del proyecto en el que se enmarca. ¿Por qué Rodin y Picasso para comenzar un recorrido por el Eros del arte moderno? La relación entre ambos artistas no parece tan decisiva o desencadenante: seguramente habría sido más apropiado establecer un nexo Degas/Picasso, u otro Rodin/Duchamp.

Por otra parte, las obras muestran un planteamiento estético y temático diferente. En Rodin, la representación obsesiva del cuerpo femenino, desvelando hasta el límite su intimidad, sacando lo de dentro afuera. En Picasso, en cambio, la mujer se representa como un signo de la otredad, como un enigma, pero sobre todo su preocupación central es la pareja. Hay, sin embargo, algo que les une y que hubiera dado un concepto más coherente a la exposición, evitando a la vez la formulación demasiado genérica de la importancia del erotismo en ambos artistas. Yo habría hablado de Eros de la visión o voyeur: el auténtico centro de gravedad que enlaza el erotismo y el trabajo artístico tanto de Rodin como de Picasso. Como podemos ver en la muestra.

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