El líder ´tory´ da por superadas las viejas tesis conservadoras y ofrece una imagen de "responsabilidad social".

David Cameron dio ayer un paso de gigante en la metamorfosis del Partido Conservador y su regreso al centro de la política del Reino Unido con un discurso inteligente y mesurado en el que se presentó como el dirigente para las nuevas generaciones de británicos, con un mensaje de "responsabilidad social" que podría haber sido plagiado de la primera edición del libro de estilo de Tony Blair.

Las tres preguntas que se hacen los votantes - sostiene Karl Rove, el estratega que llevó a Bush a dos victorias electorales- son: ¿se trata de un líder fuerte?, ¿puedo confiar en él?, ¿representa mis intereses? Cameron intentó buscar una respuesta afirmativa a todas ellas con un mensaje incluyente que combinó la firmeza frente al terrorismo con el respeto a las libertades civiles, los valores tradicionales de la familia con el aplauso a los matrimonios homosexuales. No se trata de un orador tan brillante como Blair, pero sí mejor que el probable sucesor de éste, Gordon Brown. Yla gran ventaja es que no genera hostilidad.

En un discurso de una hora de duración, Cameron abordó frontalmente las críticas de que es un cascarón de estilo sin ninguna miga dentro, un privilegiado que estudió en Eton y vive entre la jet set de Notting Hill, totalmente ajeno a los problemas de las familias trabajadoras de Sheffield y Newcastle. "La sustancia - dijo en un ataque al Gobierno- no consiste en hacer promesas que no se pueden cumplir, sino en planear a largo plazo, ser consistente, demostrar carácter y tener sentido común".

El laborismo ridiculiza los cambios en el Partido Conservador como tácticos en vez de filosóficos,una mera maniobra para recuperar el poder, olvidándose de que fue precisamente lo mismo que hizo la izquierda con su tercera vía. Blair llegó a Downing Street asumiendo las cosas buenas del thatcherismo, y ayer Cameron hizo suyas las cosas buenas del blairismo: independencia del Banco de Inglaterra, reforma educativa y adopción del salario mínimo - que, algo impensable hasta hace poco para los tories,se comprometió a subir en la medida de lo posible-. El gran éxito de Blair ha sido colonizar el centro magnético de la política británica, pero Cameron lanzó ayer una expedición decidida a reconquistarlo (los tories,antes de la revolución ideológica de Thatcher, eran el partido natural del poder en el Reino Unido). En algunos temas sonó conservador de toda la vida, como cuando habló de la necesidad de construir más prisiones y establecer controles fronterizos, o de abolir el Acta de Derechos Humanos e implantar los "valores británicos" en los jóvenes de todas las etnias. Pero en otros pareció incluso más liberal que un Labour que se arropa con el manto del autoritarismo populista, recordando que "encarcelar a los sospechosos sin derecho a juicio no es la manera de hacer las cosas en este país".

Cameron eludió por completo los temas más espinosos para su partido, que son Europa y los impuestos. Del primero directamente no habló, con la teoría - bastante sabia- de que a la hora de votar importa bastante poco. Y del segundo, que ha sido motivo de notables fricciones en el congreso, se limitó a decir que "está demostrado que una economía de bajos impuestos es una economía fuerte, pero lo primero de todo es la estabilidad". El líder tory sabe que la principal baza de Gordon Brown es un crecimiento económico sostenido, sin apenas inflación y con amplias oportunidades de empleo.

"Las viejas políticas conservadoras se han ido para no volver nunca más", proclamó Cameron con su voz siempre pausada y su sonrisa aristocrática y amable. Y a continuación se erigió en defensor de la "solidaridad social", el "equilibrio entre trabajo y calidad de vida", el medio ambiente y la medicina pública, "para que nunca ningún ciudadano tenga que preocuparse de quién pagará su atención médica". Un programa socialdemócrata que habría hecho que sus predecesores recientes se llevasen las manos a la cabeza.

Cameron tiene asegurado el voto rural y cree que puede competir con éxito, ahora que ocupa el centro político, por el de Londres y las clases medias de los suburbios. Su principal problema está en los guetos urbanos del norte del país, bastión del laborismo, y en Gales y Escocia. Por ello, se ha hecho solidario con las familias monoparentales - proponiendo que tengan libertad en gastar como quieran el subsidio para el cuidado de los niños-, ha prometido mejorar los ingresos y las condiciones de vida de las familias de los soldados y propone potenciar el localismo ante un Estado "absorbente".

"No quiero ser presidente, sólo quiero ser primer ministro", dijo el líder conservador en una frontal denuncia a un "estilo de gobierno arrogante donde nunca nadie es responsable de nada y las decisiones no se toman en el Gabinete o en el Parlamento, sino en el despacho de Tony Blair, con la ayuda de un grupo escogido de asesores de imagen". Thatcher afirmaba que "la sociedad no existe", Cameron se permitió rebatirla y proclamó que "la riqueza no la crean los políticos, sino la sociedad". ¡Así han cambiado las cosas!