HELIODORO Gallego, alcalde de Palencia y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), está encantado con Zapatero. Una característica del presidente del Gobierno de España es dejar contentos a sus interlocutores en cualquier negociación. Da igual que sean alcaldes, líderes mineros, presidentes autonómicos o rectores de universidad: todos salen optimistas tras hablar con Zapatero. Gallego no es una excepción a la norma, porque el Gobierno central ha aumentado las transferencias económicas a los ayuntamientos, ha apoyado sus reivindicaciones competenciales y va a sacar adelante una ley de bases (Ley del Gobierno y Administraciones locales) que colma todas las aspiraciones de los alcaldes: aporta más recursos, otorga a los regidores la decisión sobre el destino de las subvenciones y sienta los cimientos para dar el gran salto hacia delante cuando se revise el sistema de financiación territorial.

Hay un estilo responsable o duro (cada uno que lo califique como considere oportuno) de gobernar que consiste en supeditar las decisiones políticas al rigor de los postulados económicos. Hay una forma frívola u optimista de gestionar que pasa por conquistar apoyos políticos y sociales con la chequera del gasto público. En esta última tesitura está instalado Zapatero, que entregó dinero sin recibir contrapartidas para que los presidentes autonómicos gasten más en los servicios de salud (un plus que le vendrá muy bien al presidente Areces para detener la huelga de los médicos), y que ahora está dispuesto a colmar a los alcaldes para que abandonen el discurso de la queja.

Creo que todo el discurso de la proximidad y de la Administración subsidiaria, de gran predicamento en la CE cuando la presidía Delors, se compadece muy mal con la realidad. Si a los alcaldes se les dieran las competencias en sanidad y educación, con su paquete financiero correspondiente, las prestaciones de esos servicios se degradarían en pocos años. Si en las competencias urbanísticas fueran soberanos los ayuntamientos, los valores medioambientales y paisajísticos quedarían dañados rápidamente. En contra de lo que piensa Heliodoro y toda la FEMP, para gestionar cabalmente una competencia administrativa hay que tener una masa crítica suficiente. Y los ayuntamientos han demostrado por activa y por pasiva (hasta cuando les toca enseñar su contabilidad) que tienen sobre sus hombros unas responsabilidades muy superiores a sus capacidades.

En España hemos ido a una dinámica de transferir recursos económicos y competencias administrativas hacia abajo, sin asumir cabalmente responsabilidades. El modelo es muy peligroso, que se va a complicar si la financiación autonómica se construye en paralelo a un modelo de financiación municipal. Nacionalistas y municipalistas se darán la mano para cumplir el objetivo de Maragall: el Estado residual. Y, luego, cuando haya una inundación, le pedirán ayuda al Estado.