El vídeo que ha circulado estos días por internet, en el que se veía a unos jovenes encapuchados llevarse el sillón de Zapatero en el Congreso, ha resultado ser falso. Simplemente era un spot publicitario para sensibilizar a la población sobre el problema del hambre en el mundo.

El hecho es que cientos de miles de personas creyeron real lo que no era más que un montaje, realizado por una conocida agencia publicitaria, cuyos responsables justifican su iniciativa con el argumento de que se trataba del servicio a una buena causa.

Estoy de acuerdo con ellos no porque este vídeo vaya a contribuir a la lucha contra el hambre, sino porque demuestra la confusión de los límites entre la ficción y la realidad en la sociedad del espectáculo en la que vivimos.

En verdad, la ficción parece mucho más creíble que la realidad. Por ejemplo, los programas de telebasura que siguen diariamente millones de personas, en los que una serie de famosos vende sus intimidades, son percibidos como más reales que los lejanos acontecimientos que suceden en otros puntos del planeta.

Lo entiendo porque, siendo como soy muy reacio a esos programas, el pasado sábado por la noche quede fascinado durante media hora viendo en una cadena cómo los hermanos Matamoros se despedazaban en público. ¿Realidad o ficción? No lo sé, pero el espectáculo hace irrelevante tal distinción.

De igual forma, cada vez resulta más difícil distinguir la propaganda de la información. Por ejemplo, ayer un periódico de Madrid hablaba en la misma página de «un juez afín al PP» en contraposición a «tres vocales progresistas». Los cuatro pertenecen al Consejo General del Poder Judicial y han sido designados por un idéntico sistema de cuotas de partido, pero ese diario utiliza los calificativos para deslegitimar al primero y dar credibilidad a los segundos.

No sólo la ficción y la propaganda parecen más creíbles que la realidad sino que la realidad es enteramente increíble. He aquí tres inverosímiles noticias publicadas ayer por diversos medios de comunicación: la adjudicación de un proyecto de la Junta de Andalucía por parte de Leonardo Chaves, hermano del presidente, a una empresa de la que su hijo es jefe de obra; el desvío de los Presupuestos de 500.000 euros para construir un teatro en la localidad natal de la ministra Carmen Calvo; y la inclusión en las listas del PSOE y del PP de una decena de candidatos que están imputados por corrupción.

Me parece mucho más verosímil que unos jóvenes robaran el sillón de Zapatero que cualquiera de estas tres noticias. Y me parece increíble que un diario que se jacta de respetar los más altos estándares de la ética periodística y que se permite dar lecciones a los demás incurra en tan obvia manipulación.

Todo se vuelve engañoso en una sociedad en la que la ficción, la propaganda y la información se convierten en mercancía, disfrazada de los más nobles valores.

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