Hace ya casi un lustro que los expertos vaticinan el fin de la burbuja de la vivienda en España sin que se observen realmente síntomas de cambio en el mercado. Ha sido en el último año cuando ha empezado a notarse una corriente de opinión que alerta sobre los peligros que acechan a la vista, después de que los tipos de interés hayan subido del 2% al 3% y cuando seguramente este mismo jueves se situarán en el 3,25%.

Aún así, la demanda sigue mostrando una gran pujanza en España, ya sea por el raquítico mercado de alquiler o por la regularización masiva de inmigrantes, como dos elementos destacables. 80.000 solicitudes para 770 viviendas de alquiler en Madrid, rezaba un titular de ABC estos días para dar cuenta de la respuesta al décimo sorteo del Plan de Vivienda Joven de la Comunidad.

Publicaba Expansión, citando a idealista.com, que la demanda inmigrante encarecerá las viviendas más baratas y que los expertos alertan en ese sentido, puesto que los extranjeros están abandonando en la medida que crece su poder adquisitivo el estrecho mercado de alquiler y se dirigen a la vivienda en propiedad.

El tirón de la economía española y la pujanza del empleo son los dos obstáculos más importantes al pinchazo de la burbuja, aparte del encarecimiento de los créditos hipotecarios surgido del incremento del precio del dinero. El Euribor a un año camina ya por el 3,72%, con los tipos de interés a un día en el 3% y camino del 3,25%.

Mientras no se quiebren ambos asuntos, el avance del consumo y el crecimiento del empleo, será difícil que el endeudamiento ahogue a las familias, aunque hay alrededor de un 5% de ellas que, según el Banco de España, podría sufrir las consecuencias de los cada vez más altos tipos de interés. Precisamente, serían las familias más pobres las que soporten el mayor impacto.

Decía recientemente el Banco Central Europeo que estaba creciendo la solicitud de créditos en Europa en el sector empresarial y que se estaba suavizando el tirón del crédito hipotecario en el ámbito familiar. Poco indicaba de los importes, porque son cada vez más altos debido a la subida constante del precio de la vivienda que, por cierto, empieza a flaquear en algunos segmentos, como el de segunda mano en grandes ciudades.

El Banco de España sigue alertando respecto a la sobrevaloración de la vivienda -que ha acotado en torno a un 20% y que a algunos expertos les resulta un porcentaje escaso- y en relación con el alto endeudamiento, que llega el 115% de la renta disponible. El banco emisor teme que la carga financiera, con tipos más altos, resulte insoportable, aunque estas advertencias son mucho más tibias que las de Bruselas, que considera directamente “insostenible” el nivel de endeudamiento familiar que sumará hasta un 90% del PIB en 2008.

En España, en menor medida que en Estados Unidos o Reino Unido, la principal preocupación es el uso y abuso del endeudamiento y la rehipoteca. Hacer un viaje o comprarse un traje de boda ampliando la hipoteca se ha convertido en algo normal, auspiciado por la gran banca y las cajas, dispuestas a mejorar sus márgenes porque con los altos tipos aplicados al consumo no se comían una rosca.

Por si faltaba algo, ha aparecido más de un pirata en el ámbito de la refinanciación de la deuda dispuesto a acumular la deuda de distintos créditos, ampliar los plazos hasta que la muerte nos separe y convertirla casi en perpetua.

Ahí empiezan a vislumbrarse auténticos peligros para las familias, que estiran su deuda pensando en que van a respirar hondo y lo que hacen es encadenarse de por vida al crédito. Y mientras los dos trabajan en la casa, todo va bien, pero en el momento que cruje la estabilidad el castillo de naipes puede venirse abajo.

Por ahora sólo son advertencias y esperanzas de que el precio de la vivienda no caiga bruscamente, mientras que miramos de reojo a Estados Unidos, aunque el peligro acecha tras la esquina si se confirman los síntomas de ralentización de la economía española, que se atisban ya en los presupuestos de 2007 y vaticinan algunos organismos internacionales, y los tipos de interés continuando al alza en Europa. Luego, cada uno sabe qué cuotas puede soportar en su hipoteca. Echen cuentas, señores.