El estudio «Una mirada a la juventud de las comarcas mineras asturianas» realizado por los sociólogos Holm-Detlev Köhler y Vanessa Martín a instancia del Conceyu de la Mocedá del Principáu d'Asturies (disponible en su web www.cmpa.es) es un esclarecedor relato sobre la situación del grupo social de jóvenes en uno de los territorios con más problemas socioeconómicos de Asturias.

Una vez lo hube leído (lo que les recomiendo) como naloniano y como sociólogo saqué la conclusión de que el estudio recoge, racionaliza, ordena y pone de manifiesto lo que la mayor parte de los ciudadanos/as de las cuencas mineras ya sabíamos. Por lo tanto, gracias al trabajo hecho por Holm y Vanessa, podríamos decir que antes teníamos la certeza y ahora tenemos las pruebas. Y digo esto porque los habitantes de las cuencas mineras ya sabíamos que tenemos una juventud preparada (la más preparada de la historia), que trabaja poco debido a la escasez de ofertas de empleo y que cuando lo hace es en trabajos temporales y mal pagados que en muchas ocasiones tienen poco a nada que ver con la formación que han recibido. Los naturales de las cuencas mineras ya sabíamos que nuestra juventud no asume riesgos, que vive acomodada en un entorno familiar seguro y cómodo, muy protector y conservador que le disuade de tomar iniciativas o aventuras emancipadoras, y que gracias a las elevadas rentas provenientes de las jubilaciones disfruta también de unos más que aceptables niveles de consumo.

A los naturales de las Cuencas también nos consta que la fuerte conciencia social y la elevada participación política y sindical que antaño fueron unas de las señas de identidad de estos territorios se han perdido totalmente y que los y las jóvenes actuales son individualistas y hacen gala de su nulo interés por participar en organizaciones políticas, sindicales o asociativas. Estas y otras descripciones las corrobora el estudio con abundancia de datos y declaraciones que, repito, no extrañan del todo a una persona que conozca las cuencas mineras de Asturias.

Para ser justos y así lo señalan también los investigadores, la juventud de las Cuencas se parece mucho al perfil del resto de los jóvenes tanto de Asturias como de España. Por poner un ejemplo señalado en el estudio, los jóvenes tienen muchos problemas para encontrar un trabajo estable lo mismo en las Cuencas como en el resto de Asturias y de España. Así, la temporalidad en el trabajo afecta al 93% de los jóvenes españoles y al 94% de los asturianos.

Esto es importante no perderlo de vista porque, en mi opinión, en las Cuencas y en el resto de Asturias se peca en exceso de comparar la situación actual con el «glorioso pasado industrial», olvidando o desconociendo de paso que ese supuesto «glorioso pasado» fue en realidad una industria vulnerable que sobrevivió gracias a perpetuas subvenciones y/o protecciones arancelarias. Si olvidamos la perspectiva contemporánea, ante unos datos en muchas ocasiones tan poco alentadores, se corre el riesgo de caer en la tentación de pensar que la juventud de las Cuencas se encuentra en una situación tan desfavorable que poco menos es «el acabose» en expresión popular. En principio, la juventud de las Cuencas hay que compararla con sus homólogos del resto de España y es importante tener presente que la situación de esos compañeros de generación no es para dar saltos de alegría.

En el apartado de conclusiones, H-D. Köhler y Vanessa Martín se ocupan de comenzar diciendo que «en términos generales la juventud de las cuencas mineras asturianas no se desmarca mucho de los rasgos generales que caracterizan la juventud española de nuestros días», como no podía ser de otra manera. Las diferencias son, pues, de matiz (desfavorable en muchas ocasiones para nosotros, eso sí) y en el estudio patrocinado por el Conseyu de la Mocedá los investigadores recogen esas diferencias y entran de lleno a analizarlas y explicarlas. Y es porque en una situación de igualdad los matices adquieren la importancia de lo sustancial, por lo que el estudio muestra todo su interés en orden no sólo a explicar el porqué, las causas de esas diferencias de matiz de la situación de la juventud de las Cuencas, sino también (y esto hay que destacarlo y elogiarlo) a proponer soluciones.

El primero de los aspectos diferenciales que señala el estudio es el grave problema de emancipación que presentan los y las jóvenes de las Cuencas y que, como señalan los autores, no es sólo un problema singular de dificultades económicas para independizarse del hogar familiar (común al resto de la juventud española), sino también de «actitud». A este respecto, la página 33 del estudio es incontestable; «no sólo los factores económicos determinan la decisión de buscar su propia vida. Así por ejemplo, en Madrid o en las islas Baleares..., el porcentaje a gastar en vivienda de los ingresos es superior (que en Asturias), pero la tasa de emancipación también supera a la del Principado. No sólo faltan los ingresos para emanciparse, también falta una actitud y un movimiento juvenil emancipador». Poco más se puede añadir, aunque en realidad más que hablar de emancipación del hogar familiar estrictamente, lo que los autores del estudio detectan en la juventud de las Cuencas y ponen de relieve una y otra vez (y lo que en realidad es preocupante) es la falta de iniciativa general, que afecta a todos los órdenes de la vida (al trabajo, a la vivienda, a la participación social, cultural, política o sindical). Como muy bien puntualizan en la página 122, lo preocupante no es que no puedan emanciparse, lo preocupante es que no quieran, es decir, es su actitud.

Aquí cabe reprochar a los propios jóvenes que utilizan «discursos fáciles y cómodos en los que se hecha la culpa a los demás» (página 119), y les falta autocrítica y madurez para reconocer su falta de espíritu de experimentación y riesgo, de emancipación y autonomía. Cabe también señalar como responsables de esta situación a entornos familiares sobreprotectores, que educan a sus hijos en valores y actitudes conservadoras, en vez de estimular su independencia y animarles a enfrentarse a los problemas de su generación (páginas 70-71). Y también cabe señalar como responsable de alimentar esas actitudes pasivas y conservadoras a la larga historia de políticas socioeconómicas basadas en reivindicaciones sobre derechos de subvención permanente. En las páginas 115 y 116 se recogen dos opiniones esclarecedoras a este respecto; la de una técnica de una oficina de información juvenil que señala que «las reclaman (las becas mineras) como si fuera una obligación por parte de la Administración..., la gente se cree con el derecho permanente de que eso sea para ellos...». Y la del director de un centro educativo: «En la zona se sigue la política de estirar la mano y qué me das..., y además que me lo tienes que dar. Eso no genera espíritus con empuje para tener iniciativas, porque parece que todo tiene que venir dado».

Antón González Fernández es sociólogo y miembro de «Cauce del Nalón».