SI EN la aprobación por el Congreso de los Diputados de nuestro nuevo Estatuto se asumiese la ejecución del Plan Estratégico de Infraestructuras (PEIT 2005-2020) en lo que afecta a Galicia antes del 2015, debiéramos prestar especial atención -como he planteado días pasados- a la consideración internacional de nuestras dos áreas portuario-metropolitanas y también a la necesidad de nuestra conexión transversal hacia el valle del Ebro por una plataforma ferroviaria de altas prestaciones. Pero no menos importante es el tercer pilar estratégico: la conexión no radial en la eurorregión que compartimos con el norte de Portugal. Un corredor atlántico que engarce el eje Lisboa-Porto con el de A Coruña-Vigo.
El PEIT da sobrados argumentos para que el Estado nos tenga muy presentes desde esta perspectiva. Reconoce la importancia para España de las áreas transfronterizas, con Portugal y Francia, en el proceso de integración europea y muy singularmente el desarrollo de las relaciones transfronterizas entre comunidades autónomas españolas que tienen frontera terrestre con las regiones de Portugal.
La sorpresa surge cuando se destacan en el plan los tráficos actuales a través del eje Madrid-Badajoz (eje obviamente radial y de los que el PEIT manifestaba propósito de superar), y no cita en ningún sitio como el paso más activo en tráficos con Portugal el terrestre de Tui-Valença entre el área metropolitana de Vigo y la de Oporto. La consecuencia es que el corredor atlántico Ferrol-Oporto no se sitúa como principal, a pesar de contar con las previsiones en crecimiento de tráficos de las mayores de España y constituir una región urbana con un peso demográfico equiparable al de cualquier otra de las que el PEIT considera principales. Y así nos va con la alta velocidad ferroviaria entre Vigo-Oporto.
Consecuentemente, al perfilar la ejecución priorizada del PEIT (2005-2015) -que creo debiera asumir el Estado al aprobar nuestro nuevo Estatuto de Autonomía para paliar nuestro déficit histórico en infraestructuras- sería crucial que entre los principales corredores intermodales e internacionales figurase el corredor atlántico que enlaza la red urbana litoral gallega con el norte de Portugal y que, entre las principales conexiones internacionales, figurase el área metropolitana de Vigo al mismo nivel -al menos- que Badajoz.
Como el sufrido lector ha podido comprobar, si a lo largo de estas últimas semanas ha tenido la paciencia de seguir mis planteamientos, garantizar en nuestro Estatuto una ejecución priorizada del Plan Estratégico de Infraestructuras y Transportes para Galicia no sólo es una buena estrategia si se quiere corregir nuestra deuda acumulada en inversión pública en las últimas décadas, sino también una excelente oportunidad -no menos histórica- de repensar nuestra estrategia de desarrollo económico, social y territorial. Pocas situaciones ofrecen tantas oportunidades, pero también es cierto que nunca el tiempo corrió tan deprisa para desaprovecharlas.
Y, ya de paso, convendría poner al día el artículo 35 del Estatuto actual, en línea con el artículo 197 del nuevo Estatuto catalán, para «promover la cooperación con las regiones europeas», empezando por nuestra eurorregión.

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