Una agencia de publicidad ha burlado la seguridad del Congreso de los Diputados y ha aparentado el robo del sillón del presidente Zapatero para dejarle un mensaje a favor de la pobreza en el mundo. Sin duda un mensaje y una acción audaz, por más que la mayor parte del vídeo en cuestión sea una simulación. Lo que sin duda habrá hecho gracia a los habitantes del palacio de la Moncloa, aunque allí se considera que Zapatero es el gran defensor de los desamparados y de las causas perdidas del mundo. Así se desprende del último mitin de Zapatero en Madrid, en el que sólo le faltó concluir su discurso —tras escuchar los aplausos a favor de la inmigración ilegal— anunciando que a partir de ahora todos los ilegales que están en Canarias van a desembarcar pronto ¡en Alcorcón!
Lo del sillón azul de Zapatero en el Congreso —antes banco azul— tiene su simbolismo y es a fin de cuentas el robo político, o mejor dicho, la caza política que pretende llevar a cabo el PP en las próximas elecciones generales. Pero para que ello sea posible debe ocurrir un cataclismo, o efecto dominó, en las políticas temerarias que este Gobierno ha practicado en casi todos los frentes y no sólo en emigración. Y sobre todo se tendría que visualizar que la baraka del presidente —que ha sufrido algunos contratiempos— se está acabando de verdad, porque el jefe del Gobierno mantiene todavía su buena imagen y cultiva con esmero su base social con varias leyes e iniciativas políticas dedicadas a los más desfavorecidos o a los discriminados de la sociedad: mujeres, homosexuales, mayores dependientes, jubilados, jóvenes, funcionarios y autónomos, una importante base social y electoral con la que el presidente del Gobierno pretende tener blindado su sillón azul.
Para completar su blindaje social, Gobierno y PSOE mantienen con los nacionalistas unos pactos de hierro que le permiten gobernar en minoría a base de altas concesiones estatutarias o presupuestarias, lo que por otra parte hace más difícil la alternancia a favor del PP porque no sólo debería ganar las elecciones sino hacerlo por una mayoría absoluta, de lo contrario no podría gobernar. De manera que entre el primer cinturón social y el segundo nacionalista el sillón de Zapatero parece libre de cualquier peligro, excepción hecha de la broma de los cuatro gatos.
Les queda, eso sí, a Zapatero y al PSOE los riesgos de un terremoto político como el que podría provocar el Tribunal Constitucional con un cepillado a fondo del Estatuto de Cataluña, o ETA si vuelve a la lucha armada, si hay muertos en Líbano o Afganistán o si en la inmigración continúan llegando las avalanchas de pateras y cayucos. Pero estas posibles crisis que latentes están no han alcanzado su punto de ruptura como para que el PP pueda remontar electoralmente la situación. Además para que ello surtiera efecto no sólo debería pinchar una de estas cuatro ruedas flojas del coche del Gobierno sino que, a la vez, el liderazgo y la alternativa de la oposición deberían estar listos para poder recibir a los electores defraudados por el PSOE, cosa que al día de hoy no se puede ni mucho menos asegurar. Más bien los votantes desertores de Zapatero al día de hoy están más cerca de la abstención que del PP, porque este partido da signos de excitación y de crispación, lo que en parte es verdad y en parte es fruto de la propaganda oficial.
De manera que, hoy por hoy, el sillón de Zapatero está seguro; pero en España esto no se puede garantizar hasta el final de la legislatura. Y si no, que se lo pregunten a Aznar.

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