"Peter Pan", del escocés Barrie, tiene ya su secuela autorizada, nacida de un concurso y promovida a escala mundial. La escribió la inglesa Geraldine McCaughrean. Vestido de escarlata, el duende vuelve con la carga de un siglo de vida: mito que representa la resistencia al cambio y a la madurez, un tema medular del siglo actual. Aquí, un viaje por las ideas en torno del personaje y un anticipo exclusivo del nuevo libro.
Hace más de cien años un hombre de baja estatura, tímido, taciturno jugó a construir un mundo de fantasía. James Matthew Barrie fue el hacedor del País de Nunca Jamás, una tierra desbordada de poesía, poblada de lenguaje irreverente, inmersa en aventuras impredecibles. Su protagonista era un niño capaz de hacerles frente al tiempo y la muerte. Además había hadas, piratas, pieles rojas, sirenas, niños que volaban. No faltaba nada. La pócima era perfecta y el hechizo resultó infalible.
Hoy Peter Pan, el clásico del escocés J. M. Barrie (1860-1937), regresa a las librerías con todos los bríos y parece tener más vigencia que nunca. En agosto de este año, Alfaguara reeditó la versión original y, el próximo 5 de octubre, realizará el lanzamiento de la segunda parte oficial, Peter Pan de rojo escarlata, escrita por la inglesa Geraldine McCaughrean y avalada por el hospital infantil Great Ormond Street de Londres, que es el depositario y administrador de los derechos que devengaron las aventuras de Barrie.
En 1929, J. M. Barrie donó los derechos de Peter Pan al hospital y confirmó esta decisión en su testamento, en 1937. Desde entonces la institución recibe regalías —por un plazo de setenta años— por todos los libros, realizaciones fílmicas, representaciones de la obra y productos relacionados con Peter Pan, y utiliza esos fondos para invertir tanto en investigación como en adquisición de equipos médicos.
Hasta ahora, el hospital nunca había autorizado libros de secuelas, pero atendiendo a que el próximo año expiran los derechos, promovió la escritura de una segunda parte de la historia que estaría bajo su estricta supervisión. Así, en 2004, con motivo de los cien años de la creación de la historia de Peter Pan, el Great Ormond Street organizó un concurso para encontrar al autor indicado.
En el concurso compitieron alrededor de 200 participantes, quienes debieron presentar un esquema de la trama y un capítulo a modo de muestra. El jurado, integrado por periodistas, críticos literarios, miembros del hospital y familiares de J. M. Barrie, eligió como ganadora a Geraldine McCaughrean, una escritora de cincuenta y cinco años, muy popular en Inglaterra, con más de 120 libros publicados, varios premios en su haber y la experiencia de haber adaptado nada menos que clásicos como La Odisea, de Homero; Los cuentos de Canterbury, de Chaucer, y Moby Dick, de Melville.
Durante estos dos años, la autora escribió el nuevo relato de Peter Pan, cuyo contenido se mantuvo en el más absoluto de los secretos, aunque en el último mes se filtró información y algunos medios periodísticos —entre ellos The New York Times— adelantaron las características de los personajes y ciertos componentes de la trama.
Más allá del marketing y la publicidad, este acontecimiento es una muy buena oportunidad para que el público infantil tanto como el adulto se reencuentre con la historia de Peter Pan, que ya ha devenido un mito contemporáneo, y descubra el espíritu original de la obra literaria que muchas versiones —especialmente las fílmicas— han desdibujado. Sin dudas, además, es una excelente excusa para volver a disfrutar de la fantasía de una tierra de ensueño y las aventuras de este niño eterno, sin mayores prejuicios.
- El Peter Pan de J. M. Barrie
Antes de habitar las páginas del clásico que hoy conocemos, Peter Pan recorrió un camino sinuoso, impreciso y errante. Lejos de imaginar que estaba modelando al héroe de su obra maestra, J. M. Barrie creó a Peter Pan de forma casual (suele pasar). Pan nació en los relatos orales que Barrie improvisaba para entretener a los hijos de su amiga Sylvia Llewely Davies; luego fue un personaje secundario de la novela para adultos El pequeño pájaro blanco (1902), hasta que en 1904 se convirtió en protagonista de la pieza teatral Peter Pan y Wendy, que fue estrenada en diciembre de ese año y tuvo un éxito enorme.
Pero, en realidad, Barrie no había escrito una obra de teatro, sino sólo una guía para que los actores improvisaran; guía que se iba transformando en cada representación. En 1906, Peter Pan volvió a aparecer en un libro, aunque esta vez destinado al público adulto, Peter Pan en los jardines de Kensington.
Fue en 1911 cuando Barrie adaptó la historia de teatro y la publicó como novela, pero debido a las paradojas que tiene la literatura resultó un fracaso. Recién cinco años después, el autor corrigió algunos defectos, mejoró el lenguaje y así produjo la versión definitiva, que con el correr de los años sería conocida simplemente como Peter Pan.
El personaje debe su nombre a Peter, el hermano menor de los Davies, y a Pan, el travieso dios griego que protege los bosques y que, en sus correrías, persigue a las ninfas y encarna al deseo. Pero también es posible que para componer el personaje Barrie haya recordado a su hermano menor, David, que murió de chico y que fue realmente el niño que no pudo crecer.
El libro cuenta el viaje que emprenden Wendy y sus hermanos con Peter Pan al País de Nunca de Jamás. Peter Pan es un chico que escapó de su casa cuando era muy chico y que, al intentar regresar, encontró la ventana cerrada y otro niño ocupando su cama. Desde entonces, Peter, convertido en niño eterno, habita en esa fantástica tierra con otros chicos perdidos o abandonados. Wendy se convertirá en la madre de todos ellos, y juntos vivirán peligrosas aventuras con piratas, comandados por Garfio, pieles rojas y su princesa Trigidia, hadas y sirenas.
El relato no sólo es atractivo para los más chicos; Barrie deja intersticios que pueden ser más que interesantes para la mirada adulta. Más allá de las fascinantes aventuras, del lenguaje exquisito, de las metáforas sobre la infancia, de lo gracioso de algunas situaciones y de la atractiva fantasía del País de Nunca Jamás, es excepcional la construcción de los personajes y cómo se presentan los temas que vertebran y subyacen a la trama: el crecimiento, el abandono, la muerte, la libertad, fantasía y civilización.
Por un lado, hay muy pocos personajes que se presenten absolutamente buenos o totalmente malos; la mayoría son sorprendentemente muy humanos. Por ejemplo, el héroe audaz, Peter Pan, es egoísta y egocéntrico; el hada Campanita es adorable, pero se pone tan celosa que intenta matar a Wendy, y aunque Garfio es un malvado con todas las letras, trata como todo un caballero a la niña.
Por otro lado, un tema central que atraviesa la novela —y que marca la vida de cualquier ser humano— es el dilema del cambio: la tensión entre avanzar y detenerse, entre transformase y permanecer. La historia de Peter Pan puede concebirse como el deseo por detener el tiempo, permaneciendo en una eterna infancia, para evitar el sufrimiento y rechazar la muerte. En cambio, la historia de Wendy es su contrario: atravesar el tiempo para madurar y ser humano. Según Ana María Machado, Peter Pan no es que no quiera crecer, sino que no lo logra. Para crecer se necesita haber vivido —tener un pasado— y recordarlo, pero Peter Pan no puede hacerlo. El está condenado al olvido, "a vivir únicamente en la eterna novedad, en un presente interminable". Por eso, cuando Wendy se da cuenta de la amenaza que implica el olvido comienza a narrar historias y a hacerles contar a sus hermanos y a los niños perdidos su propia historia. Así, la obra propone la memoria y la narración como medios privilegiados de autoconocimiento y crecimiento.
Mientras que en la tierra de Nunca Jamás Peter Pan permanece como niño eterno, Wendy crece. Elemento casi indispensable de los cuentos clásicos infantiles, el viaje, como sostiene Fernando Savater, permite al personaje alejarse de la seguridad familiar, abrirse a lo imprevisto, enfrentar sus miedos y madurar: "El hogar no basta: si el joven aventurero no lo abandona, nunca sabrá lo que es el miedo, conocimiento indispensable para la maduración; ni siquiera conocerá la nostalgia, algo que le hace aún más falta, si cabe".
- El producto Peter Pan
¿Cuántos de nosotros conoce a Peter Pan por haber leído el libro de Barrie? Seguramente muy pocos. La mayoría accedimos a la historia del chico que no crecía a través de los distintos productos que la recrearon: programas y series de televisión, películas, versiones teatrales, musicales, shows de patinaje, libros de secuelas, cómics y hasta la atracción de Peter Pan en el parque de Disney, en Florida. Ya hace algún tiempo, Walter Benjamin había dicho que la transición a sociedades industrializadas —en donde se restringe el espacio colectivo y el pasado deja de tener sentido a partir de la fuerza apabulladora y omnipotente del presente— trae como consecuencia la desaparición de la narración. Así, la voz del narrador pasa a ser sustituida por los medios, y la literatura es superada por la serialización que impone el mercado. De la misma manera, la manipulación mediática convirtió en muchas ocasiones —por supuesto hay excepciones— al Peter Pan de Barrie en una mercancía vistosa pero carente de la esencia y poesía del original.
La industria del cine tiene en su haber diferentes filmes sobre Peter Pan con diversos resultados. El primero data de 1924, Peter Pan en blanco y negro, de Herbert Brenon, una película muda en donde el niño eterno, como en muchas otras ocasiones, es interpretado por una mujer, Betty Bronson —también han pasado por ese papel otras actrices como Cathy Rugby, Mary Martin y Mia Farow—. Disney, por su parte, produjo dos versiones de dibujos animados: Peter Pan (1953) y su continuación, Peter Pan. Regreso al País de Nunca Jamás (2002). En 1991, llegó la taquillera Hook, del director Steven Spielberg, en la que un Peter Pan adulto es interpretado por Robin Williams, y en 2004 se estrenó Peter Pan. La Gran Aventura, de P. J. Hogan, protagonizada por Jeremy Sumpter —esta vez sí Peter Pan es interpretado por un actor joven y hombre—. Por último, en 2005, Descubriendo el País de Nunca Jamás, de Marc Foster, se centra, por primera vez en la historia del cine, en la vida de Barrie —encarnado por Johnny Depp—, que recrea la personalidad del autor y el proceso creativo que lo condujo a concebir Peter Pan.
Dentro de la literatura, existe una serie de secuelas de Peter Pan no oficiales. Entre ellas, Después de la lluvia: una nueva aventura para Peter Pan, de la canadiense Emily Somma (2001), que desencadenó un verdadero escándalo, pues el caso llegó a la Justicia. El Hospital Great Ormond Street, dueño de los derechos de la obra Peter Pan y sus personajes hasta 2007, no había autorizado la secuela y le había pedido a la autora que detuviera la publicación. Entonces, Somma presentó a fines de 2003 una demanda en EE.UU. para proteger su libro de una futura acción legal, sosteniendo que según los derechos de autor internacional —entre ellos, los acuerdos firmados en la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI)—, al haber transcurrido más de cincuenta años de la muerte de Barrie, los derechos de Peter Pan ya serían de dominio público y podrían realizarse trabajos derivativos como el suyo. No obstante, el Convenio de Berna, que es un tratado internacional que reglamenta los derechos de autor, deja claro que la cantidad de años para que una obra pase a pertenecer al dominio público la establece el país de origen de la obra, que en este caso es de setenta años; por lo tanto, el reclamo de Somma no tendría efecto.
Por otra parte, una compañía subsidiaria de Disney (Hyperion Books) publicó en 2004 el libro Peter y los cazadores de estrellas, escrito por el humorista Dave Barry y el escritor de suspenso Ridley Pearson, y en julio de este año —poco antes del lanzamiento de la versión oficial de Geraldine McCaughrean— Peter Pan y los ladrones de sombras, de los mismos autores; los dos guardan poca relación con el original y pronto serán adaptadas al cine.
Como todo clásico, Peter Pan se ha multiplicado en infinitas recreaciones y derivaciones. Tradicionalmente, la literatura se trasmitía en forma oral, mediante la repetición de las narraciones; ahora, son los medios y el mercado los que apelan a la propiedad hipnótica y absolutamente atrayente de la reiteración, a través de productos seriados.
- El regreso
El lanzamiento de la segunda parte oficial de Peter Pan, Peter Pan de rojo escarlata, de Geraldine McCaughrean, se anuncia con bombos y platillos, pero la envuelve una atmósfera de misterio y secreto. Quienes leímos la obra, bajo un contrato de confidencialidad, no podemos develar su trama. No obstante, hay algunos datos del contenido que ya se han difundido y son públicos.
La nueva historia sucede en 1926, cuando Wendy y el resto de los otros chicos ya son adultos serios y responsables. Una serie de pesadillas los alerta acerca de que el País de Nunca Jamás está en peligro. Entonces deciden volver y allí los espera Peter Pan que —siguiendo el espíritu original de Barrie— continúa siendo un niño. Con él vivirán emocionantes aventuras y no faltarán los adorables personajes de siempre: hadas, pieles rojas y hasta el temible Garfio que se convertirá en un personaje "muy atractivo".
La historia de Geraldine McCaughrean mantiene el estilo de la original, pues conserva tanto la ternura como el humor británico de J. M. Barrie. Además, consigue preservar el espíritu de la obra, aunque también introduce algunos cambios más que interesantes; por ejemplo, presenta a una Wendy más acorde con la época: es feminista y está menos pendiente de Peter Pan. En este sentido, la autora logra profundizar en la psicología de los personajes, que habían sido sólo delineados en la primera parte.
A pesar de que seguramente no fue nada fácil, McCaughrean consiguió no amedrentarse ante el peso de la figura de Barrie. Al respecto sostuvo: "Me olvidé de que su fantasma pudiese estar echando un vistazo por encima de mi hombro. Me olvidé de preocuparme si a determinadas personas les gustaría lo que estaba escribiendo".
La obra tiene ilustraciones de David Wyatt, la traducción fue hecha por Isabel González-Gallarza, y la impecable adaptación para América estuvo a cargo de Violeta Noetinger. Además, hay que destacar la cuidada edición de la obra, que la convierte en una publicación de lujo.
Sin dudas, existen al menos dos buenas razones para encontrarse o reencontrarse con Peter Pan: como siempre, el clásico de J. M. Barrie; y ahora se suma una novedad, Peter Pan de rojo escarlata, la novela de Geraldine McCaughrean, que recrea aquel mito y propone a lectores de todas las edades una nueva y aleccionadora travesía hacia la tierra de Nunca Jamás.
http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2006/09/30/u-01280761.htm
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