Triunfo del Sporting A sobre el Madrid B. Dos amigos de Langreo se desplazaron para ver el partido, y verme a mí. Recibo sentado, pierna extendida en cómodo hinchable. La enfermedad hoy, es dura, pero, con tanto ingenio, soportable. Tarde divertida, sin televisión ni radio, que las escenas de las “víctimas manipuladas”, con sus cartelitos sobre el 11M y su kirie del “paredón”, me sacan de tiesto.

Consuelo, me cuenta lo del señor “Gates”, no lo de andar a “gates”, que eso hará pronto la princesa ovetense, si es que por el palacio paterno se puede hoy, tal como está el patio, andar a “gates”.

El caso es, me dice Sigifredo Velasco, esposo de la amiga Consuelo, que ni el Sr. Gates, ni mistres Gates, ni los gatinos, vienen a Ovetum famosa a recoger su premio y rendir cabezada. Mandarán a su padre y suegro, respectivamente. Como si Dª. Letizia enviara al suyo propio… Total, nada con ca(ra)melo.
Lo que ha ocurrido, me dicen, es que desde una “distinguida” piscina del gran Ovetum, se escapó la idea de que el Sr. Gates podría, en agradecimiento al premio recibido, dejar aquí establecida una empresa grande y pionera, envidia de Europa y motor mundial del Microsoft, o cosa similar. Tal como lo del arquitecto brasileño en Avilés, pero en los alrededores de Ovetum y a lo grande, y con muchos ingenieros asturianos trabajando en ella. Jóvenes felices, que ya no necesitarían emigrar, sino, al contrario, todos a comprar chalet en “les afueres intermedies de Ovetum-Gigia, “para que los sus neños pronto anduvieren a por el adosau”. Alguien, dice que importante, puso la luminosa idea en la prensa, y el sr. Gates, que no quiere seguir el juego, ni dejarse gobernar…, y ni “siquiera venir quiere”…

Desplante, otro desplante a la americana… y van: tres. El del corredor, que no quiso hacernos la carrera del “señoritu”; el del cineasta, que no quiso hacernos la película del cuento de la princesa en la hermosa capital, porque nadie ponía “les perres”; y ahora, el del primer capital mundial, que no quiere poner el “huevu”, es decir, la fábrica, la cosa para la casa, el invento-motor de la Nueva Asturias, donde D. Tini empata con D. Ovidio ¡Joderse!.

Con tales antecedentes, y con que la Serenísima siga sufriendo vómitos y mareos, y no acuda a la cita del Principado-Camposamor-Reconquista (¿será cosa de cambiar el hotel de nombre, o el nombre del hotel…?), la ceremonia de los premios de este año va a quedar muy “desluzida”. Poco alegre. Vamos, que no saldrá en ningún “telediario mundial”, ni siquiera en el New York Times...

Si la casa no toma una prisa, tanta al menos como pone para embarazarse con mil problemas sucesorios, en “nobilizar” a D. Graciano, me parece que el pobre va a retirarse de este mundo sin poder lucir su marquesado en el pertinente tarjetón de salutaciones... Que el futuro de la casa se presenta incierto. Nicanor, a voces, pide para ya, el fin de la cosa. Y, yo, aunque humilde, suscribo, sin poner, por supuesto, el puño en alto como el señor alcalde de Cudillero, del cual dice un amigo gijonés, submarinista y luchador, que no hace muchos años, lo que ponía bien en alto era la mano blanca y correctamente extendida, el correaje cruzado y la bota al pie… Eran tiempos azules, de “Montañas Nevadas” y banderas al viento. Los de ahora, Cayo amigo, son tiempos de Golf…