Cuando el filósofo francés André Comte-Sponville (París, 1952) era más joven, se preguntaba si habría creyentes dentro de dos siglos. Ahora, con el auge del islam y de las diversas sectas protestantes de EE. UU., le preguntan si en doscientos años quedarán ateos. Hay, dice, una gran necesidad de espiritualidad, y sin una respuesta a ella se puede caer en sectas o en el fundamentalismo. Después de todo, los ateos también tienen alma y no creer en Dios no supone no cultivar la espiritualidad. Por eso Comte-Sponville, además de reaccionar contra los dogmatismos y oscurantismos actuales, pero también contra el nihilismo posmoderno del todo vale, defiende en su nuevo libro, El alma del ateísmo (Paidós), "una espiritualidad para los ateos", incluso una mística atea, cercana a la de las religiones orientales, que como el budismo o el taoísmo no tienen Dios, pero sobre todo a la de escuelas griegas como la estoica.

Ante las polémicas suscitadas por las palabras del Papa sobre el islam y la autocensura de la obra Idomeneo en Berlín porque se veía la cabeza decapitada de Mahoma, Comte-Sponville, que ayer estuvo en Barcelona para presentar su libro, considera un error "renunciar a la libertad del espíritu por amor a la paz". "En 1939, tras la firma de los acuerdos de paz de Munich con Hitler, Churchill atacó al primer ministro Chamberlain diciéndole que entre la guerra y el deshonor había elegido el deshonor y encima tendría la guerra. El islamismo no es lo mismo que el nazismo, pero es un error la autocensura". "Los dibujantes daneses tenían derecho a dibujar las caricaturas de Mahoma, y me decepcionó que sólo dos diarios franceses las publicaran. Arriesgaron sus vidas y teníamos que defenderles y defender la libertad. Ylas palabras del Papa no me satisfacían intelectualmente, porque hay filósofos occidentales como Kierkegaard mucho más irracionales que musulmanes como Averroes, pero es chocante que se le quieran prohibir estas opiniones o reprochar que un Papa prefiera el cristianismo al islam", dice Comte-Sponville.

Además, en su opinión nos enfrentamos a dos problemas: no sólo a la agresividad del islamismo radical, también a una crisis de nuestra civilización. "Lo que nos fragiliza, al lado de las convicciones absurdas de los fanáticos, es que Occidente está desmoralizado y desmovilizado.

El fanatismo y el nihilismo: hay que combatirlos a ambos". Después de todo, cree que el terrorismo islámico refleja, más que una posición de fuerza, una de debilidad: viene de que los integristas ven que están perdiendo el combate por la mente de la gente. Por otro lado, dice que, en un tiempo, con el islamismo pasará lo que con el sovietismo, frente al cual hace unas décadas parecía que Occidente iba a perder la batalla. Y ahora ya no está. Por eso, insiste, hay que luchar también contra el nihilismo, que dice que la verdad no existe o que todo vale. "Así, ¿qué podríamos reprochar a los fanáticos? Sin verdad, ¿qué diferencia hay entre conocimiento y superstición?".

Frente a todo esto, Comte-Sponville propone un concepto que puede resultar paradójico: un ateísmo "fiel". Ateo porque no cree en Dios y fiel porque se reconoce en una serie de valores de las grandes religiones, especialmente del judeocristianismo. "No hay que renunciar a eso. Spinoza ya decía que Jesús era el más grande de los filósofos. También Buda, Lao Tse o Confucio me importan. Son los maestros espirituales de la humanidad".

El filósofo dice que además hay que superar la concepción occidental actual de que espiritualidad es religión. "La mística no es fe. Es la relación de lo finito con lo infinito y no viene del cristianismo, ya estaba en escuelas griegas como los estoicos. Habitar el eterno presente, lo infinito, estar dentro de un Todo que nos excede por todas partes, es una experiencia mística independiente de toda religión. Es lo que Freud, retomando a Romain Rolland, llamaba el sentimiento oceánico, un sentimiento de unión indisoluble con el gran Todo y de pertenencia a lo universal".

En ese sentido, propone una mística de la inmanencia y afirma que no hay que olvidar el misterio ni mucho menos dejarlo a la religión. "La pregunta de Spinoza, ´¿por qué hay algo y no más bien nada?", el misterio del ser, de la existencia del mundo, sigue ahí. Y que ser sea evidente y a la vez misterioso es una experiencia espiritual. Eso sí, propongo una espiritualidad de lo inmanente, dentro del mundo, y no trascendente, exterior al mundo, como las religiones con dioses. Tras dos mil años de cristianismo, Occidente ha olvidado su tradición inmanentista de estoicos y epicúreos, y hay que volver a aprender a habitar esa inmanencia".