Mientras Batasuna toma la calle con sus encapuchados a tiros, por otra parte en Sevilla se ha celebrado una manifestación contra la negociación con ETA —aprobada por el Congreso de los Diputados— y avalando la teoría de la conspiración del 11M, cosa que hace gustosa la dirección de la asociación que preside Alcaraz y que está derivando en un partido político de extrema derecha, al servicio de ciertos medios de comunicación, y no de los verdaderos problemas de las víctimas y de sus familiares como debiera, y todo ello con la financiación del Estado y de muchos españoles que repudian este mal uso del dolor de las víctimas para operaciones políticas de muy dudosa buena intención. ¿Qué es eso de una rebelión cívica?

Aunque no estuviera Rajoy, allá el PP con el fomento de estos espectáculos que están dando una imagen de los populares bastante confusa. La que añadida a la conspiración del 11M, donde acaban de sufrir un severo revolcón con el asunto de la falsificación de documentos de Interior, luego facilita los discursos de Zapatero sobre la extrema derecha en un momento en el que el PP debería ocuparse de los problemas reales que hoy día afectan a la sociedad y que tienen al Gobierno en las cuerdas, como es el caso del Estatuto catalán o de la inmigración. Mientras que en la negociación con ETA el PP no puede decir que no porque Aznar también negoció. Otra cosa es que exija el respeto completo de la legalidad, de la Ley de Partidos, que no se ofrezca ninguna contrapartida política a los etarras y que no se hable con Batasuna hasta que no acate la legalidad.

Pero de ahí al no por el no, mientras el Parlamento Europeo y el español apoyan que se explore la posibilidad del final de la violencia, va un largo trecho. Y no se puede mezclar ni se debe lo de ETA y el 11M y meter de por medio al PP, o meterlo de mala manera, como se hizo con Gallardón en una manifestación en Madrid donde fue insultado por algunos participantes a instancias de un conocido y católico medio de comunicación, lo que da una idea de adónde puede llegar esta estrategia política que le marcan al PP desde fuera del partido.

Es verdad que Zapatero no está para dar a nadie lecciones de democracia, ni nada que se le parezca, y mucho menos para decirle al PP si es de extrema derecha o conservador, pero en Moncloa, que bastante tienen con lo que tienen, sin saber a dónde van, algunos han encontrado en estos aspavientos una oportunidad para desacreditar al PP en extraña coincidencia con algunos jefes del partido, sus promotores mediáticos y ciertos agitadores que están metiendo a este partido en una olla a presión de la que no va salir ningún buen resultado electoral. ¿Es eso lo que quieren? Eso es lo que pretende el PSOE y lo que fomenta el PP con esta vuelta a la calle cuando es el tiempo de la política.

Y no estamos quitando ni un ápice de razón a las víctimas del terrorismo, amigos y familiares a demostrar su dolor en una ciudad tan golpeada por ETA como Sevilla, ni a advertir al Gobierno que no se puede aparcar la ley ni pagar un precio político. Están en su derecho, pero de eso a convertir estos actos en operaciones políticas, mezclando un poco de todo y ofreciendo una imagen que seguramente no comparte la gran mayoría del pueblo español, va un trecho muy largo que bien merece una serena reflexión.

ETA se ha envalentonado por la dejadez del Gobierno, que piensa que bajando la guardia a lo mejor van a avanzar más rápido y mejor en la negociación que hoy está bloqueada, y en ello se equivoca radicalmente el Gobierno, que da señales de franca debilidad y de poco respeto por la legalidad. Pero en todo este debate donde se unen el dolor de las víctimas, la ley y la aparente oportunidad del fin de ETA —por lo menos llevan tres años sin matar— hay que mantener un equilibrio entre la firmeza y la bronca sin más.