Como si se tratara de la campaña de Don Simón contra Minute Made, que invitaba a elegir entre zumo exprimido directamente de la naranja o zumo de extracto de naranja, CiU presentó hace una semana un cartel electoral que finalmente no se colgará en las vallas contratadas por la coalición. El anuncio invitaba a escoger entre CiU o la sopa de letras ERCPSCPSOEICV, pero la dirección de la coalición ha desestimado la propuesta de su jefe de campaña por considerarla confusa, aunque pudiera ser que los nacionalistas de zumo exprimido directamente de la naranja necesiten algo del zumo de extracto de naranja que representa ERC, y que eso haya pesado en la decisión de no utilizar este mensaje. De hecho, el mismo lunes, Artur Mas y Carod-Rovira comieron en secreto en un hotel, que es la mejor manera de que todo el mundo sepa que dos personas se han reunido.

La publicidad comercial comparativa, que en España acaba siempre en los tribunales como ocurrió con las naranjadas antes referidas, es práctica usual en política, sin que las amenazas terminen en denuncias. De hecho, en las legislativas del 2004 y en la campaña del Estatut, los socialistas catalanes presentaron al PP como el malo de la película, con eslóganes como "El PP usará tu no contra Catalunya" o "Si tú quieres, derrotaremos al PP", lo que parece una manera de subrayar los males de lo ajeno más que las bondades de lo propio. Pero hasta ahora CiU nunca había señalado a sus rivales.

En cualquier caso, la sopa de letras retrotrae a muchos lectores a sus años de infancia, e incluso Gallina Blanca la popularizó en unos de sus sobres instantáneos de caldo de pollo. Esta sopa permitía que los niños compusieran sus primeras palabras en el borde del plato mientras sus madres intentaban empapuzar al retaco hasta que éste componía un palabrota de protesta con las letras de trigo. Por cierto, que una multinacional de los caldos cambió las letras por esvásticas en el mercado alemán, a finales de los años treinta, como si la ideología entrara también por la boca. Por todo ello es evidente que atacar las sopas es como hurgar en ese gran desván que es la memoria, sin que se sepan las sorpresas que puede hallar cada uno.

Para ganar estas elecciones los candidatos deben conseguir que los ciudadanos recuperen la ilusión por la política y la confianza en sus dirigentes. Y eso se consigue mostrando el propio perfil más que denostando el perfil ajeno. No hace falta atacar al tripartito, porque nadie lo defiende. Eso, más que una sopa ligera, han sido unas pesadas gachas que se le han indigestado hasta al cocinero.