La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

2 Octubre 2006

Malos tiempos para el humor, de Enrique Murillo en El Mundo de Cataluña

Este país no se ha distinguido casi nunca por su sentido de la ironía. Nos reímos mucho de los chistes de sal gruesa, pero lo que es sentido del humor, tenemos poco. Aquí siempre nos hemos tomado las bromas al pie de la letra, siempre hemos procurado entenderlas mal. Aquí lo que nos ha ido tradicionalmente es la hoguera pública, el garrote vil, las cosas claras y el chocolate espeso. Este es un país históricamente fundamentalista. Somos gente ceñuda que ríe poco, sobre todo en cuanto la broma juega con fuego, con lo prohibido, con el tabú. Por cierto que la auténtica ironía, el verdadero humor, son precisa y exclusivamente los que juegan con fuego, los que de verdad provocan una risa que oxigena, que libera.

De hecho, contemplando el lamentable espectáculo que dan últimamente los fundamentalistas musulmanes, no puedo por menos que pensar en lo próximos que los siento. Con sus absurdas manifestaciones escandalizándose por unas caricaturas, con sus fatwas delirantes contra el autor de una novela tan llena de humor (y amor por la cultura musulmana) como Versículos satánicos de Salman Rushdie, los cerriles hermanos musulmanes me recuerdan a nuestro cerril Santo Oficio, al fundamentalismo político del fascismo franquista, a los fantoches de ayer mismo, que han impedido que se estrenara en un teatro municipal la obra de Rubianes sobre Lorca.

Rubianes es un ejemplo de ironía descabellada y maravillosa, de humor disparatado y sin falsos respetos a los tabúes, de humor verdadero. Rubianes juega con fuego, tiene varias chamuscaduras y en esta ocasión no es que se haya quemado, sino que han ido a por él con teas fundamentalistas.

Yo estoy con Rubianes, con quien me río que me troncho, y no puedo estar ni con el cobardica de Ruiz Gallardón, ni con el imperdonable Mario Gas, que tendría que haber dimitido ni, sobre todo, con los brutos que con sus amenazas de violencia han terminado forzando a Rubianes a dejar el teatro municipal donde nadie le defendía.

Las actitudes religiosas tienden al fundamentalismo, a considerar que todo es sagrado y, por tanto, que está fuera no ya de la crítica sino incluso de la broma. Por ejemplo, en tiempos de Franco no se podían hacer caricaturas del dictador. ¿Les suena?

Estamos rodeados, en Barcelona y Cataluña y Europa y en el mundo.Estamos rodeados de gente que considera que todo es sagrado, y que ante lo sagrado no hay bromas admisibles. Todas merecen la condena total. Ninguna merece perdón de Dios. Y cualquiera puede atribuirse el papel de Dios en esta clase de juicios.

Estamos llevando todo este asunto a límites absurdos. La señora Merkel, canciller de Alemania, tuvo el otro día el rasgo importante de afirmar que no se puede retirar de escena una representación del Idomeneo porque a lo mejor se mosquean los fundamentalistas musulmanes por la aparición en escena de las cabezas de tres fundadores de religiones, entre ellos Mahoma.

Aquí no tenemos políticos de esa talla, y hacen falta, la verdad.

© Mundinteractivos, S.A.

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