El sórdido cuento de los tres peritos o la fábula del que fue por lana y salió trasquilado. Una nueva pieza de convicción, no la única, claro, de que estamos viviendo en un basurero político e informativo.
Pero es lo que hay y mejor será tomárselo con una cierta distancia. La que procede de asumir que, en la lucha por conquistar el poder o por conservarlo -ya hemos entrado en campaña electoral-, apenas le queda tiempo a nuestra clase política para dedicarlo a resolver los problemas reales de los españoles.
Del basurero del fin de semana nos llega el dichoso informe pericial sobre el ácido bórico, pero ya convertido en objeto imposible. Después de intervenir el juez Baltasar Garzón en el papel de esquilador -su auto del viernes nos cambia la percepción de lo ocurrido en la Comisaría de Policía Científica-, tirios y troyanos se acusan mutuamente de manipulación para seguir chapoteando: "Queremos saber quiénes han sido los instigadores". Última perla en periodismo declarativo sobre el caso. Lo chocante es que firman la frase tanto López Garrido como Eduardo Zaplana, las respectivas bandas sonoras del PSOE y el PP en el Parlamento.
Aparte de su insoportable tufo político, por la mala digestión de una derrota electoral, el episodio ha cobrado relevancia judicial porque estamos ante un supuesto delito de falsedad en documento. Pero, sobre todo, estamos ante un inmenso fraude informativo. Uno más en la fabricación de climas artificiales por cuenta de dos medios de comunicación a los que secunda un sector, solo un sector, del PP. Algo que, a mi juicio, hace mucho daño a la causa electoral del partido y al liderazgo de Rajoy. Para su desgracia, van a necesitar una nueva derrota para darse cuenta.
La mala calidad del momento político e informativo que estamos viviendo nace de la obsesión de buscar hasta en los basureros las pruebas de la conjura sangrienta -nada menos que 191 muertos- que puso a Zapatero en la Moncloa. Y si no hay pruebas, se inventan. O se acusa a medio mundo, incluidas las instituciones, de haber inventado las que obran en el sumario judicial y en los informes policiales, mientras se sigue venteando un lema tramposo e irresponsable : "Queremos saber la verdad", de cuya lógica se desprende que es mentira lo que cuentan las Fuerzas de Seguridad, las del Estado, y los Jueces, los del Estado, y el Gobierno, el del Estado.
Por haber procedido judicialmente contra los tres peritos, a un juez de la Audiencia Nacional se le tacha de "servil" e, indirectamente, de haber provocado el "lichamiento" mediático de los tres policías. El portavoz del PP, Zaplana, volvía a insistir este fin de semana en que en instancias policiales se manipulan documentos y se destruyen pruebas. Y en la manifestación convocada ayer en Sevilla por la AVT se llamó al presidente del Gobierno de la Nación "cobarde", "miserable" y "traidor".
Es demencial que alguien espere seducir a los votantes mediante la descalificación expresa o tácita de los órganos del Estado. O que en alguna cabeza anide esa idea como estrategia para consolidar una alternativa de poder.

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