Creado por Jaume I en 1249, casi nunca llegó a tener cien miembros. En el gobierno barcelonés figuraban vecinos ilustres, mercaderes, artistas y menestrales. El 'mostassà' controlaba la fidelidad de los pesos y medidas.

El 6 de octubre de 1369 se reunieron los consejeros y jurados de Barcelona para resolver un grave pleito referido al ciudadano Bartomeu Genovès, condenado por el tribunal de la Inquisición que dirigía la Orden de Predicadores, acusado de supuestas herejías publicadas en sus libros. Los dominicos no habían permitido la defensa del reo, vulnerando con ello sus derechos, y los consejeros decidieron dejar de reunirse en el convento de Santa Caterina, propiedad de los predicadores dominicos, para establecerse en una casa de nueva planta en la calle de Regomir y que no tardó en convertirse en la Casa de la Ciudad.

A mediados del siglo XIII Barcelona vivía un periodo de rápido desarrollo. La población aumentaba, nacían nuevos barrios, crecía el comercio y había que hacer frente a problemas derivados del avance urbanístico, como la construcción de la nueva muralla y el aumento de las actividades portuarias. Las relaciones entre la ciudad y la monarquía eran fluidas -Barcelona había ayudado activamente a Jaume I en la conquista de Mallorca (1229-1232) y el País Valenciano (1233-1245).

En consecuencia, los barceloneses vieron codificados sus privilegios tradicionales con la estructura fundamental del gobierno municipal, creada por Jaume I en 1249. Los nuevos burgueses que accedían a estos derechos debían inscribir sus nombres en el Llibre de Matrícula de Ciutadans Honrats, y así nació la primera representación ciudadana ante el rey, constituida por cuatro concejales que eran elegidos entre los burgueses. Los regidores, a su vez, nombraban a sus colaboradores y convocaban una asamblea general. Entre los magistrados figuraban el veguer, encargado de administrar justicia; el alcalde, también, como el anterior, representante de la autoridad real y responsable de los asuntos urbanos; el mostassà, que controlaba la fidelidad de los pesos y medidas, y el jefe de la guardia municipal. Con el tiempo, esta organización se fue ampliando y democratizando, admitiendo en su seno representaciones de comerciantes, artesanos y menestrales. Así se consolidó el Consell de Cent.

Desde los tiempos de Jaume I, el Consell de Cent, que nunca reunió a cien miembros, fue la institución de gobierno de la ciudad de Barcelona. En su organización estaban representados los principales estamentos: vecinos ilustres, mercaderes, artistas y menestrales.Con el tiempo, los ciudadanos honorables, miembros de la poderosa burguesía, adquirieron cierta preponderancia y provocaron un conflicto político que culminó en las famosas luchas entre la Busca (que aglutinaba a los miembros del estamento popular) y la Biga (los elementos patricios),

El consejo municipal se reunía inicialmente en el convento de Santa Caterina, pero después se produjo la ruptura debido al caso Genovès. La Orden de Predicadores tenía por entonces un enorme prestigio en la ciudad, y en torno a ellos se había tejido una misteriosa leyenda parecida a la que se atribuía a los templarios.Cuando el convento fue destruido por un incendio en los graves disturbios de 1835, muchos aseguraban que se había descubierto un tesoro oculto, según relatan diversos cronistas de la época.

Hacia finales del siglo XIV se construyó la Casa de la Ciudad cerca de la iglesia de Sant Jaume, donde se reunían los consejeros para asistir en corporación a los actos religiosos o civiles.La campana de Sant Jaume se encargaba de tocar a sometent en los casos de alarma o situaciones de peligro sobre la ciudad.

Mientras se mantuvo la administración de los consejeros, la Casa conservó su primitiva decoración gótica del siglo XIV, reforzada posteriormente con algunos ornamentos barrocos. Pero, al desaparecer el Consell de Cent, el palacio fue abandonado a la incuria y el olvido de una administración desmemoriada e infiel. Corrían unos años muy difíciles para las instituciones históricas de Barcelona y para la misma ciudad por causas diversas que se fueron presentando de manera gradual: el desequilibrio entre la producción agraria y las necesidades alimentarias de sus habitantes; la crisis demográfica con la consiguiente reducción de la población debido a las grandes epidemias; crisis financiera, con la quiebra de la banca privada; el excesivo endeudamiento de las instituciones públicas; la reducción del volumen del comercio internacional y la crisis social agraria. Esta situación de inestabilidad tuvo también sus efectos claramente políticos con la confrontación entre los defensores de la concepción autoritaria de la monarquía y la concepción pacifista radical de las oligarquías del país.

El Consell participó activamente en la historia de Barcelona defendiendo las libertades y derechos de sus ciudadanos, hasta que Felipe V disolvió el organismo en 1714 con los decretos de Nueva Planta después de que sus tropas derrotaran a los defensores de la ciudad.

En 1842, el bombardeo de Espartero sobre Barcelona provocó un incendio que destruyó buena parte de la Sala dels Cent Jurats.Era la señal de que la ciudad había tocado fondo en su decadencia, pero a partir de entonces se produjo un movimiento esperanzador de reconstrucción que culminó con la Exposición de 1888. Con la colaboración de los mejores arquitectos y artistas, como Domènech i Montaner, Enric Monserdà o Josep Maria Sert, la Casa de la Ciudad fue tomando su nueva fisonomía, un tanto enrevesada y retorcida como los sarmientos de una historia muy larga y no siempre transparente ni fácil de explicar y entender.

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