Sólo queda un mes para que llegue el día de Difuntos y se pueda conocer la composición del próximo Parlament, que no el nombre del futuro president. Tendría que producirse una gran debacle de CiU o de PSC para que hubiera un ganador claro la noche del 1 de noviembre. Ante la inminencia del desenlace, Catalunya no parece especialmente convulsionada o interesada por conocer la identidad del ganador. Es más, este cronista aventuraría que habrá una alta abstención, siguiendo la tónica de anteriores comicios, como sucedió en el referéndum del Estatut.
Esta abstención, sin embargo, a quien más puede castigar es a Montilla, tal como predicen las encuestas. La ventaja que le saca Mas sólo se explica porque el electorado convergente sí que está tensionado y después del fiasco que le supuso hace tres años el pacto del Tinell quiere que los suyos vuelvan al Govern como sea. En cambio, el efecto Montilla no se aprecia en los sondeos porque el electorado socialista no aparece tan motivado. Quedan sólo 30 días de campaña, pero el elector socialista que vota en las generales y duerme en las catalanas sigue postrado ahora en el más bonito de los sueños. A ello se tiene que sumar la existencia de un votante maragallista descontento por la situación del todavía president que puede acabar votando a Iniciativa o quedándose en casa antes que depositar la papeleta con el nombre de Montilla.
Se han escrito muchas tesis sobre la alta abstención de los votantes socialistas, y después de presentar como cabezas de lista a Reventós, Obiols, Nadal y Maragall se dijo que con un cabeza de lista de origen no catalán, como Montilla, el PSC podría recuperar a sus votantes dormidos. Si se confirman las actuales perspectivas, a lo mejor el problema no es de candidato, sino de elecciones, y el problema es que esta parte del electorado no siente estos comicios como si fueran suyos. Lo que está claro es que a una gran parte del votante socialista "le repatea el hígado" - la frase es de un dirigente del PSC- la idea de volver a tener a Esquerra como compañeros de viaje, y eso también contribuye a este cierto desánimo.
Después, como citaba al principio del artículo, el futuro presidente de la Generalitat no será forzosamente el que obtenga más votos y escaños, sino que la decisión se dejará en manos de los aparatos de los partidos. No parece que ésta sea la mejor manera de conseguir entusiasmar a los electores, que saben que el sentido de su voto puede acabar dependiendo de una decisión de Madrid sobre si da luz verde o no a una operación de sociovergencia o, por citar otro ejemplo, pueden ir a parar a uno u otro lado según sea la apuesta que haga finalmente Esquerra.
Es difícil corregir en un mes lo que no se ha arreglado antes, pero si Montilla quiere ser el próximo president debe buscar ya la reacción de los hoy casi seguros abstencionistas con algo más de lo que ha mostrado hasta ahora. Zapatero sorprendió a todos cuando aseguró en plena campaña que no sería presidente si no lograba ser el más votado. Parecía una barbaridad, pero luego ganó. Montilla debe buscar algún conejo en su chistera, aunque, bien es cierto, no tendrá un 11-M como Zapatero.
La importancia de una reunión Cuando Carod solicitó una entrevista en secreto con Mas, los principales consejeros de éste le pidieron que no acudiera a la cita. Argumentaron que ERC necesitaba escenificar una equidistancia no deseada y que lo único que lograría sería despistar a votantes indecisos. Mas no hizo caso porque quería conocer de primera mano las intenciones de Carod. De momento, lo único que ha logrado ha sido munición extra para Piqué y Montilla. Habrá que esperar a largo plazo para ver si la reunión ha dado para algo más. Este cronista se atrevería a decir que sí.
El hombre que acariciaba terneros Castells sustituirá hoy a Montilla en la facultad Blanquerna de Ciencias de la Comunicación. No es la primera vez que sucede. Sus rivales dicen que su partido lo quiere proteger en estos actos porque improvisa mal. En el PSC lo niegan, y lo cierto es que Montilla ha ganado mucho en este terreno en los últimos meses. Lo que es más discutible es la elección de los actos a los que sí va, por las imágenes que dan. Sólo hay que repasar sus fotos de esta semana acariciando terneros en Lleida o subido a una cosechadora en el Penedès.
Y CiU empieza en Cornellà Y los de CiU - que también tienen pifias, como la de su cartel retirado a las 24 horas de pergeñarse- empezarán la campaña electoral justamente en Cornellà. El primer mitin previsto para el 16 de octubre se celebrará en la ciudad donde Montilla fue alcalde.

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