El Ayuntamiento de Avilés ha entrado en la era atómica del patrocinador anónimo, que es una fórmula inmejorable para colocarse en el punto de mira de la sospecha y de la corruptela.
La concejala de Servicios Sociales dice que no hay facturas ni puede haberlas de la campaña propagandística del Salario Social, porque quien la paga no quiere figurar como patrocinador, según ella misma mantiene.
De manera que nos encontramos ante una nueva versión, pero al revés, de lo que sucedía con los libros de «Construyendo Asturias», donde aparecían los patrocinadores pero no el patrocinado, que sigue, por cierto, sin identificarse. Aquí todo lo contrario, el patrocinado sabemos quién es, no así el patrocinador, que permanece en la sombra gracias, entre otras cosas, a los desvelos de la concejala de Izquierda Unida, que no se le ha ocurrido nada mejor que hacer que admitir como habitual la práctica de una contabilidad paralela en una Administración pública.
Puede que, en esta modalidad del altruismo que patrocina el Ayuntamiento, los patrocinadores no quieran figurar públicamente y a los cuatro vientos, pero eso no debe impedir canalizar el donativo como es debido para que no se disparen las sospechas sobre dónde ha ido a parar el dinero del donante. En resumen, un expediente y una factura donde venga detallado el gasto.
De los patrocinadores privados cabe esperar, por otro lado, que quieran ser visibles por cuestiones de imagen y publicidad si el gasto supone una contribución social de interés. La transparencia de una Administración pública invita a que así sea a fin de garantizar que no va haber contraprestaciones ni trato de favor al donante, que se supone que ha actuado desinteresadamente.
Que los propios patrocinadores corran con contrataciones de campañas y gastos de festejos sin que el Ayuntamiento pueda ofrecer constancia y asiento de ello es ya el acabose de la transparencia.

Escribe un comentario