Los trenes de largos de Gijón constituyen el eslabón débil de la cadena siderúrgica.

EN el debate sobre el estado de la región, el presidente Areces se refirió a las reuniones de trabajo sostenidas con Lakshmi Mittal y el compromiso obtenido de asegurar el plan de inversiones en Asturias. Pocas más referencias tenemos de la empresa, desde que triunfó la opa de Mittal Steel sobre Arcelor, más allá de las especulaciones de algún sindicalista sobre la previsión de una nueva línea de galvanizado para Avilés.

Pese a la gran importancia que tiene para Asturias la siderurgia, tengo la impresión de que las instituciones asturianas tienen un conocimiento periférico de los problemas de nuestras factorías y se limitan a pedir que se cumplan las inversiones, como si los planes de las empresas privadas fueran como los programas electorales. La demanda de una ampliación de los derechos gratuitos de CO2 por parte de Mittal Arcelor para las plantas asturianas sugiere un conjunto de reflexiones, que no cabe aplazar. La producción de acero integral en Asturias emite más CO2 que las producciones siderúrgicas realizadas a través de hornos eléctricos.
Cuando se privatizó Aceralia, el horno eléctrico estaba entre las inversiones comprometidas y, años más tarde, cuando se anunció la fusión de Aceralia, Usinor-Sacilor y Arbed, para formar Arcelor, el propio Roland Junk, que hoy es el principal ejecutivo de Mittal Arcelor, llegó a anunciar a periodistas asturianos la inversión del horno eléctrico en Gijón, para producir 900.000 toneladas de acero líquido. Dejo esta acotación nada más que como ejemplo de la pertinencia del horno eléctrico, un equipamiento que no costaba más de 40 millones de euros.

No obstante, para los que crean que los hornos eléctricos constituyen un equipamiento minoritario, me limitaré a recordar que Arcelor tiene plantas siderúrgicas en diez países europeos, y que con la excepción de Bélgica y Rusia, en todos trabaja con hornos eléctricos. En cuanto Mittal, que produce más acero en Europa que Arcelor (una de las tonterías que se dijeron durante el proceso de las opas para desprestigiar a Mittal, es que era ajeno al modelo industrial europeo: ¿con más de 44 millones de toneladas al año en Europa!) tiene instalados hornos eléctricos en todos los países, menos en Ucrania.

En la primera fase de aplicación del Protocolo de Kioto (2005-07) Arcelor no tuvo problemas, y emitió menos cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera que los derechos dados por el Gobierno. Para la fase, 2008-2012, pide más derechos gratuitos, como hacen todas las industrias asturianas. Hay que verlo como una demanda normal. Sin embargo, hay un detalle que nos pone sobre la pista de la problemática de las plantas siderúrgicas asturianas, cuando se pone el acento en los sobrecostes que implicaría comprar derechos de CO2 para la producción de alambrón.

Con Kioto y sin Kioto, el alambrón que se produce en Gijón entra en un nuevo escenario tras la compra de Arcelor por Mittal. Hasta el presente, Arcelor no producía mucho alambrón, así que no había problemas para la planta gijonesa, pero la situación ha cambiado porque Mittal tiene mucho alambrón en Europa. Además, parte de esas producciones las tiene en Francia (Grandange), donde produce a través de horno eléctrico nada menos que dos millones de toneladas, y en Alemania (Hamburgo y Hochfeld), donde lo hace a través de reducción directa y horno eléctrico.

Ante la hipótesis de prescindir del alambrón, el verdadero problema estaría en que quedaría en cuestión la rentabilidad de la acería de Gijón, concentrada en la producción de carril y perfil. Nuevamente, aparecen los trenes de largos de Gijón como el eslabón débil de la cadena siderúrgica asturiana.

Giro estratégico

Más datos. El pasado 20 de setiembre, informaba EL COMERCIO que Roland Junck declaró en Luxemburgo que el horno eléctrico para Gijón está descartado porque existe una «sobrecapacidad de productos largos en el mercado siderúrgico». Hace apenas dos años, el propio Roland Junck, en aquel momento vicepresidente de la división de largos de Arcelor, señalaba como objetivo estratégico de la empresa el aumento de las producciones de largos para pasar de 15 millones de toneladas a 20 millones en el año 2010. El incremento de las producciones de largos se basaba en el mayor margen de beneficios por tonelada que aportaban.

Por lo que se ve estamos ante un cambio de estrategia radical que es difícil imaginar fuera de la nueva realidad empresarial, tras la fusión de Mittal y Arcelor. Y aquí llegamos a la cuestión de fondo. La formación de un conglomerado tan enorme como Mittal Arcelor hace que cada factoría entre en competencia directa con el resto de las plantas del grupo. La racionalización de las producciones lleva a valorar todas las plantas según calidades y costes. El coste por tonelada y producto decidirá la viabilidad de las plantas. Mittal tiene producciones de largos en Bosnia (220.000 toneladas), Chequia (tres millones), Francia (dos millones), Alemania (2,5 millones), Rumanía (cerca de seis millones). Y en Ucrania y Polonia, entre todo tipo de producciones, supera los 26 millones de toneladas.

No tiene sentido que la clase política asturiana hable de inversiones comprometidas, porque también había planes para llegar a 20 millones de toneladas de largos en Europa, con Arcelor, y ahora ha cambiado.

El propio Lakshmi Mittal ha anunciado la construcción de tres hornos altos en Brasil, para producir 20 millones de toneladas de acero. En la actualidad, la producción de bobina caliente en Brasil es 58 euros más barata por tonelada que en Avilés, donde se fabrica la bobina más competitiva de Europa. En el año 2004, ya tenía planes Arcelor de aumentar las producciones de alambrón en Brasil.

En medio de este baile, resulta chocante el discurso político de las «inversiones comprometidas», como la obsesión con la línea de galvanizado, un equipamiento beneficioso pero que no contribuye a mantener las dos plantas asturianas, y, para colmo, ya se sabe que no la van a instalar porque la demanda de producción de coches ha bajado. Con reducción del absentismo laboral y un horno eléctrico, el Protocolo de Kioto dejaría de acosar al alambrón.