La inmortal novela de Gustave Flaubert se comenzó a publicar hace siglo y medio.

Hoy se cumplen 150 años de la aparición por entregas de Madame Bovary en la Revue de Paris.La narración de Flaubert quizá sea la novela más perfecta jamás escrita, un modelo de obra clausurada, de libro círculo. Por otro lado, inaugura la era posbalzaquiana y abre el camino a la novela moderna. Joyce, Kafka, Proust o James tendrán en Flaubert a su santo patrón, y en los avatares de esta frívola de provincias hallarán un sinfín de técnicas y enfoques que reciclarán en sus propias obras. Además, el personaje de Emma Bovary dará pie a un arquetipo, el de la mujer insatisfecha, y a una rebeldía específica, el bovarismo (la persecución de un ideal inalcanzable), que a su manera ayudarán a la eclosión del feminismo.

La génesis de la obra se ha explicado hasta la saciedad: en septiembre de 1849 Flaubert convoca en su finca de Croisset a sus amigos Maxime du Camp y Louis Bouilhet, y les lee La tentación de San Antonio.El dictamen de sus colegas resulta inapelable: la pieza es indigerible, la puede echar al fuego. Bouilhet sugiere: "¿Por qué no probar con un tema burgués, con la historia de Delphine Couturier, por ejemplo, una casquivana de la comarca que tras engañar a su marido y llenarle de deudas, murió joven, posiblemente por suicidio?". Flaubert toma nota de la idea, la aparca, y se va con Du Camp a Oriente. De regreso en 1851, ataca por fin el asunto, y se pone a trabajar en el drama pequeñoburgués de una adúltera insumisa contra su medio normando. Flaubert calculó despachar la narración en dieciocho meses... ¡y le tuvo ocupado casi cinco años! Se hundió en la obra "como un topo", y de los dolores y goces del parto hizo partícipe sólo a su amante Louise Colet, en cartas que constituyen un curso de estética (y que Borges consideraba superiores a la propia ficción). Para él, toda la dificultad estribaba en vencer el asco que le inspiraban unos personajes y escenarios mediocres, transmutándolos en los materiales nobles de una obra de arte. Salió airoso del reto gracias a una doble estrategia: por un lado, controlando el estilo - "limo y pulo las frases encarnizadamente"-, y por otro, fundiéndose con la historia que contaba, identificándose con Emma, con el caballo que monta o con el sol que durante el paseo le hace entrecerrar los ojos. "Es una delicia no ser ya uno mismo, sino circular por toda la creación de la que se habla", dirá a la Colet.

En mayo de 1856 Flaubert pudo enviar a Du Camp el manuscrito completo de la obra, con la idea de que la editara en la Revue de Paris.Primer contratiempo: la revista anuncia la salida atribuyendo la pieza a Faubert. El interesado consideró en seguida la errata un augurio diabólico (Faubert era un tendero parisino muy conocido). El l de octubre aparecieron por fin los primeros capítulos, y el resto de la obra se puso en la calle en los dos meses siguientes. La reacción mayoritaria resultó contraria: los suscriptores de la Revue acusaron a los editores de injuriar a la nación francesa, y a principios de 1857 Du Camp, el impresor y el propio Flaubert fueron procesados por "ofensas a la moral y a la religión". En la pacata Francia de Napoleón III, el desparpajo con que Emma buscaba su felicidad a través de aventuras extraconyugales levantó ampollas. Flaubert finalmente resultó absuelto, y la publicidad que le dio el proceso ayudó a que la obra, ya editada en libro, agotara en seguida una primera tirada de 15.000 ejemplares. En medio de toda la barahúnda que supuso el proceso y las críticas malévolas de los periódicos (a excepción de una de Baudelaire), Flaubert pudo disfrutar de una satisfacción íntima, la de recibir una carta de una lectora de Angers que le confirmaba lo que él ya había vaticinado por carta a Colet: "La pobre Bovary sin duda sufre y llora en este mismo momento en veinte pueblos de Francia". La remitente de ARCHIVO Angers le decía a su corresponsal: "No, señor, esta historia no es ficción, es verdadera".

Flaubert sacó del anonimato un arquetipo de mujer universal, la que vive confinada en un medio estrecho y sin relieve, y aspira a una existencia más exultante. A la zaga de Emma Bovary, otros novelistas recrearán otras variantes transgresoras, desde Anna Karenina,La Regenta o Effie Briest hasta llegar, en el siglo XX, a La amante de lady Chatterley o La mujer del teniente francés.El bovarismo ha pasado a acuñarse como una pauta de la psicología, y la sombra de Emma se refleja aún hoy en las jóvenes de pueblo o de barrios industriales que se dejan encandilar por las estrellas del cine o la canción. Flaubert, por lo demás, al final descubrió que su heroína, llena de antojos y ansiedades, no le era al cabo tan ajena, sino que, como él, sólo poseía un alma sedienta de sueños. Por eso pudo decir famosamente: "Madame Bovary, c´est moi".