Crecen las dudas sobre la evolución de la economía europea y norteamericana.

Al mundo económico parece gustarle representar el papel de Hamlet cada cierto tiempo. Ahora mismo estamos en uno de esos momentos. Que la economía norteamericana daba señales de fatiga ya fue señalado en agosto por el propio banco central de EE. UU., la Reserva Federal (Fed). El problema es que los últimos datos que ofrece el sector inmobiliario tienden a hacer más inquietante el escenario de ralentización. A esa decepción se está sumando ahora Alemania, la primera economía europea, que tras despertar grandes expectativas de crecimiento antes del verano, la rentrée le está sentando fatal.

"Los economistas y el sector financiero están divididos a la hora de diagnosticar el estado de la economía internacional. China e India siguen fuertes, pero no hay consenso acerca de en qué dirección vamos", dice en Londres José Luis Alzola, director de Análisis de Mercados del Citigroup.

En EE. UU., son los precios a la baja que revelan las últimas estadísticas en el sector de la vivienda los que centran la polémica. Se esperaba una corrección de la exuberancia inmobiliaria vía volúmenes -menos casas construidas-pero no vía precios. La pregunta que se hacen los economistas es cómo van a resistir en estas condiciones las familias cuando han podido consumir estos años todo lo que se puede y más gracias a la refinanciación de las hipotecas al calor de la revalorización de sus casas y ahora ese cuento de hadas se acabó.

Esta cuestión crea un cisma entre los economistas. Un sector, el optimista, opina que el crecimiento puede caer hasta un ritmo del 2% en los próximos trimestres, hasta que la construcción corrija sus excesos. Una vez logrado eso, la economía, dicen, volverá por sus fueros. Los tipos de interés, por tanto, se mantendrán más o menos como están, sostienen.

El otro sector, entre los que figuran el banco de inversión Goldman Sachs y hasta cierto punto Merrill Lynch, cree por el contrario que el frenazo del sector inmobiliario es mayor del que esperaba la Fed y opinan que su jefe, Ben Bernanke, deberá bajar considerablemente los tipos para evitar una situación próxima a la recesión.

En esta polémica, los mercados han optado por el escenario intermedio y prevén que en 2007 la Fed bajará un 0,40-0,75% los tipos.

Lo llamativo es que en medio de la formidable trifulca, Wall Street sigue subiendo y está a punto de enjugar las pérdidas sufridas desde el año 2000 por el estallido de la burbuja tecnológica, lo que está teniendo efectos euforizantes en el conjunto de los mercados bursátiles.

Según José Luis Alzola, "la subida de Wall Street tiene explicación.

Los beneficios empresariales son buenos. La duda está en que se puedan mantener si el gasto de las familias se cae". De hecho, ante ese riesgo, las empresas ya han empezado a reducir inversiones e inventarios, algo malo para el empleo.

Esas mismas dudas hacen que un día se celebre por todo lo alto la confianza de los consumidores y otro se lamente amargamente la caída en la producción de bienes duraderos o de cualquier otro dato negativo. El descenso del precio del petróleo, que ha llegado a caer por debajo de los 60 dólares, está volcando de momento el cubilete de dados a favor de los optimistas, que ven en los avances del Dow Jones la confirmación de sus predicciones.

Pero su victoria no está asegurada, según los bajistas, dado que Wall Street sube en cualquier caso al final de un ciclo de endurecimiento monetario -como sucedió en 1995-y por tanto sus alzas son mécanicas, con lo que pueden esconder estados de debilidad económica, como es el caso ahora.

"No se puede saber ahora qué bando tiene razón", dice José Luis Alzola. "La Fed ha ido subiendo los tipos hasta el 5,25% y los efectos de la política tardan tiempo en evidenciarse".

Si ese es el estado de ánimo en EE. UU., en la zona euro la euforia reinante de antes del verano se está evaporando rápidamente. "Pese a la reciente recuperación económica", señala Standard & Poor ´ s se espera "un gradual enfriamiento de la economía europea".

Alemania es el problema. Las últimas encuestas IFO y ZEW sobre el clima de confianza del mundo de los negocios han arrojado unos resultados decepcionantes.

La subida de 3 puntos del IVA en enero y la aplicación de unos Presupuestos restrictivos en 2007 amenazan la recuperación de la economía germana, que supone 1/ 3 de la zona euro.

Juergen Donges, director del Instituto Económico de Colonia, dice que "si en 2006 el crecimiento del PIB alemán puede estar en torno al 2%, en 2007 estará muy por debajo, el 1% o poco más". En un informe reciente, el FMI habla ya sólo del 1,3%, frente al 4% del segundo trimestre de 2006.

En Alemania -continúa Donges-hay dos mundos. "El empresarial, que se ha reestructurado, ajustado costes y mejorado su competitividad, y el gubernamental, que a pesar de la retórica y de tener las manos libres al formar una gran coalición, se muestra incapaz de hacer las reformas necesarias".

Resultado de ese divorcio: las empresas se han disvinculado de la política y van a proseguir su estrategia de deslocalizaciones mientras el Gobierno de Merkel está perdiendo apoyo rápidamente.

El precipitado final es una pérdida general de confianza, con lo que el consumo, componente clave de la economía, puede regresar al triste sendero del 2005.

Según Donges, "hay una pregunta que los alemanes parecen no querer hacerse: ¿Somos capaces de cambiar y ajustarnos a los nuevos retos, o preferimos seguir dependiendo del Estado del Bienestar y que no se toque nada?". "Mientras no haya respuesta clara a esta cuestión -agrega-no habrá recuperación en Alemania" y Europa seguirá tocada.

Por eso, en Frankfurt, los observadores dicen que el BCE se quiere apresurar a subir los tipos, hasta el 3,5% -un nivel mínimo para frenar el exceso de crédito-de aquí a diciembre, antes de que la economía europea se enfríe y no le puedan luego acusar de ser el culpable de los desperfectos.