Existe una tendencia generalizada a pensar que ERC sufrirá un descenso de votos en estas elecciones autonómicas. Es una opinión extendida que no tiene seguidores entre la dirección del partido de Carod-Rovira. Una intuición parecida se tiene respecto al PSC, logaritmo no aceptado tampoco por la dirección de los socialistas catalanes que tiende a considerar que la marcha de Maragall ha representado un incremento en intención de voto.
Sobre CiU se tiene una perspectiva diferente. Aquí todo apunta a que el votante gratificará, o lo que se ajusta más a la realidad, castigará al tripartito por tanto artificio perjudicial para Cataluña, contrarrestado por la famosa foto de Artur Mas junto al presidente Zapatero. Pero, también en este caso, la dirección nacionalista prefiere ocultar estas nuevas vibraciones, no vaya a ser que todo quede en un simple fuego de artificio.
Es curioso como unos y otros, sea para sumar o para restar, se ponen de acuerdo para no mostrar la verdadera cara electoral que en estos momentos impera en Cataluña, sobre todo entre personas que piensan en política sólo cuando hay que ir a votar.
Lo digo porque Josep Lluís Carod-Rovira se mostró exactamente así en el pasado Fòrum de Debat de EL MUNDO, dando a entender (es una percepción) que sabe que tiene las cosas más difíciles que las pasadas elecciones aunque percibiendo que el trabajo realizado por su partido durante diez años aún no está del todo perdido.
Ya he escrito en más de una ocasión que el Carod-Rovira del 2006 no es el Carod del 2003. Para los que analizan la política desde el puro placer de que sólo es política y no de forma partidista o a partir de la presión de unos y de otros, es una lástima tener a un líder en mala forma. El de hace tres años estaba seguro de sí mismo, partía con un mensaje nuevo, fresco y creíble para algunos ciudadanos llegados de fuera, su codirección en el partido no era discutida por el otro sector y claro, sobre todo, no había dimitido de conseller en cap, por un mal viaje.
En algo tiene razón Carod: su persona ya ha pasado por muchos apaleamientos justificados que, por cierto, en otro país le hubieran llevado a la retirada de la política. Asumir, ya ha asumido muchas.Hasta con dimisiones. Claro que no sé si ello es suficiente como para presentarte blanco e impoluto una vez más a una elecciones que pueden acabar convirtiéndose en una segunda parte del tripartito
¿Ven ustedes a Carod de conseller primer con José Montilla de presidente de la Generalitat? Les debo confesar que yo veo lo imposible con tal de gobernar. Hasta Piqué en un gobierno de Carod, con Acebes cantando Rosa d'abril. El pacto del Majestic nos hizo mayores respecto a pactos en la democracia española.Y en ayuntamientos catalanes gobiernan los partidos de Piqué y Carod por idiosincrasias de la vida.
Lo que es fácil después es difícil ahora. Por ello, cuando en el Fòrum de EL MUNDO se le pregunta por sus equidistancias con los otros dos partidos, PSC y CiU, Carod lo resuelve alejándose para no caer en la operación aritmética más fácil. Por ello no creo que ni socialistas ni nacionalistas entren en una crítica feroz contra el partido de Carod. Tendrán que guardar la ropa y reposar la munición, no vaya a pasar que cuando se pongan a negociar Puig, Castells y Puigcercós (sería lo lógico) la caballería esté tan diezmada que sólo quede infantería, con lo engorroso del caso.
A quien no quiere ver ni en pintura es a Zapatero. «Piel de cordero», «cartón piedra», son algunas de los calificativos suaves. Curiosamente esta radiografía coincide, aunque no sea en los mismos términos, con otros líderes de ERC como el ex conseller díscolo, Joan Carretero, cuando acusó al presidente de españolista. Pero en ERC un mismo discurso no siempre es coincidente.
Una cosa es cierta y no debe pasar desapercibida. Carod tiene un discurso más relajado que el de hace tres años. Quiero decir que a base de bofetadas se ha convertido en un hombre de «Estado relativo», teniendo en cuenta que una de sus obsesiones, negativas claro, es que no vive en el Estado que ambiciona. Y ello llama la atención en la conversación que mantuvo en la redacción en el momento en que se le pregunta por si la insatisfacción que, dice, existe con el Estatut marcará la legislatura del futuro: «Tenemos que trabajar en grandes acuerdos que duren, mande quien mande, haga quien haga de oposición. Los pactos nacionales duran».Espero que también incluya al marginado PP en esos pactos. Porque tiene razón al referirse a aquellas decisiones que deberían salir de los parlamentos con los respaldos de la izquierda y la derecha, «porque a todos interesan».
Pero se perdió una oportunidad. El Estatut hubiera sido un excelente acuerdo de haber recibido el apoyo de todas las fuerzas políticas del país. Pero, por Dios, que tonterías estoy diciendo. No estropeemos la reflexión.
alex.salmon@elmundo.es
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