La Coctelera

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1 Octubre 2006

El superpolicía Antonio Trevín bebe de la música acuática de José Ángel Fernández Villa, del Editorial en El Comentario

José Ángel Fernández Villa eligió el camino de la extinción paulatina, aferrado a los mandos de su hoy ya pequeña maquinaria de poder, ese meritorio bloque -mantenerse al filo de lo imposible tiene mucho mérito- que es la Federación de Industrias Afines, el FIA, a partir del histórico Sindicato de Obreros de la Minería Asturiana, el SOMA, con el que ha conseguido prolongar su presencia en la política asturiana, a pesar del declive vegetativo de sus "indios" -en terminología partidocrática-, aquel gran ejército que consiguió crear, instalado en el acuerdo con un pragmático presidente de Hunosa de los tiempos de la Transición, José Manuel Fernández Felgueroso, hermano de la actual alcaldesa de Gijón, tempranamente fallecido en accidente, a quien se atribuye un invento singular que ha sido decisivo en la historia de Asturias: la chequera de la minería, con la que construyó Villa su poder, acumulando horas sindicales en determinados liberados, con los que construyó un poderoso ejército.

La lenta extinción de Villa resulta totalmente determinante en la configuración del poder político, en una comunidad autónoma en la que el Partido Socialista forma parte intrínseca de su historia, con tanta intensidad como las sierras calcáreas, los propios castilletes mineros o los ríos profundos que nacen de unos valles angostos en lo que es un relieve duro e inhumano, pero de una belleza extraordinaria, mientras que el Partido Popular, es para Asturias -como lo es en realidad para toda España- un invento reciente, que sólo consiguió gobernar por descarte, con excepciones como la ciudad de Oviedo, cuya vocación conservadora se mantiene también por encima de nuestra trágica historia de guerra y desolación y también, como no de los cercos recientes en la política de las urnas.

Consideraciones anacrónicas al margen, la identidad política asturiana, y su anclaje en las organizaciones de la izquierda, no es ajena a su pobreza ancestral, esa pobreza -y su consiguiente dureza en las relaciones sociales- que levantó a los mineros del 34 contra la República, con mucha más fuerza que cualquier interpretación de carácter ideológico que se haga ahora -ahora es fácil inventarse teorías- sobre aquellas irresponsables consignas de los dirigentes políticos, que condujeron a un esteril baño de sangre, que dejó horribles heridas abiertas por parte y parte. Los mineros socialistas y los obreros anarquistas no se levantaron porque Indalecio Prieto llevase sombrero, sino por algo que cualquiera puede comprobar en la fotografías de la época que algunos tenemos la suerte y el orgullo de conservar en nuestas colecciones particulares

Asturias, antes de su industrialización, era un erial, y el hambre del célebre "Manifiesto" del Marqués de Camposagrado de la Casa de Villa en Langreo, don Pepito Bernaldo de Quirós, no se lo inventó aquel aristócrata que fue embajador en Rusia, sino que era una terrible realidad que lanzaba a los menesterosos a las carreteras, porque en las aldeas sólo podían esperar la muerte.

Ahora que las minas llegan a su última singladura generadora de perejubilaciones y subvenciones, ahora que la Duro Felguera que fundase don Pepito es ya un puro espejismo en la bolsa, ahora que la industria naval espera la llegada de los buitres asogespsados, ahora que en el campo ya no quedan vacas y la industria agroalimentaria se nutre de las cubas que llegan de Francia, ahora que los últimos restos de nuestra industria siderúrgica están pendientes de la asignación de derechos de emisión de CO2 a la atmósfera, ahora que armadores y pescadores se pegan por la rula de Avilés donde sobreviven los últimos restos de nuestra flota pesquera, ahora que ya no nos queda nada de nada, más que los cuatro listos que cogen las subvenciones y echan a correr -Autotex-, ahora que la única industria que nos venden es esa cerdada contaminadora del Plan del Gas, ahora que nuestra clase dirigente se dedica a expoliar a las gentes sencillas sus propiedades para entregárselas a la máquina especuladora, AHORA, a todos nos toca luchar por evitar que la historia se repita en círculo, pero eso se convierte en tarea imposible, si nuestros dirigentes no consiguen estar impregnados, en su actitud ante la vida, de una cierta grandeza que resulta forzoso renocer que no se encuentra con facilidad en los profesionales que administran el poder en Asturias, sin ninguna relación real con las aspiraciones de la gente de la calle.

Quienes redactamos este editorial -tampoco es esto exactamente un plural mayestático- tuvimos la oportunidad de acudir en 1993 al sanatorio Adaro de Sama, al lecho del dolor de José Ángel Fernández Villa, en su enfermedad y consiguiente operación más escandalosas, para conocer de primera mano qué es lo que iba a ocurrir, ante la dimisión de Juan Luis Rodríguez Vigil, tras el escándalo que iba a cambiar el curso de la historia democrática de Asturias, para entrar en una vorágine de degradación que continua a día de hoy con una intensidad escalofriante, paliada por ese espejismo que muchos vimos con intranquila satisfacción, cuando empezó la lluvia de prejubilaciones y subsidios.

Villa optó por la designación de Antonio Trevín, como sustituto de Vigil, y se lo dijo a quienes estábamos de visita en su lecho del dolor, con una de esas frases lapidarias a las que es tan aficionado: "Trevín calza les chiruques y pasea poles calelles", dijo, y así nos lució el pelo, a partir de ese momento, en el que el maestro de Purón, que había conseguido engañar a todo el mundo para hacerse alcalde en Llanes, desbancado a la derecha, porque en Llanes hacía falta un proyecto para controlar la inevitable tendencia conservadora a la especulación. ¡Hay que ver lo que dieron de sí las chirucas de Trevín!

Trevín sustituyó a Vigil en el 93 y perdió las elecciones en el 95, pero supo arreglárselas para mantener regada su maceta de Llanes y en el 99 echó de la alcaldía a Manuel Miguel Amieva, al que dejó confiada la regadera una temporada, para quitársela cuando la necesitó, porque le ganó las elecciones Sergio Marqués, e Izquierda Unida, en manos de Julio Anguita, no estaba vendida al sector inmobiliario, hasta que tras el atentado del 11-M del 2004, Alfredo Pérez Rubalcaba confió a su anfitrión de Llanes la más difícil y peligrosa delegación del gobierno de España, la de Asturias, un horrible destino para cualquiera que no tenga el estómago de acero, el corazón de amianto, las tripas de titanio y el cerebro de hielo, como es el caso de este hombre que concedió este domingo, al periodista José Manuel Piñeiro, una de las entrevistas más asombrosas, cínicas e ilimitadas que jamás se hayan publicado en la prensa asturiana.

La entrevista con Trevín (publicada en Internet en dos partes: «Zapatero hace más por las comunicaciones de la región que Aznar y todos sus ministros asturianos» y «El PP es irresponsable y desleal al propagar teorías delirantes sobre la autoría del 11-M») planteada por Piñeiro con un talante magistral, por su dureza, aunque se olvida -sin duda por política de empresa-, de asuntos tan destacados para tratar con el máximo responsable policial, como son el procesamiento de Juan González Neira y Vicente Bernaldo de Quirós por el Caso Julio Bregón, o el de Juan Manuel Martínez Morala y Cándido González Carnero. Las fotos de Jesús Farpón, que reproducimos aquí, revelan un Trevín perfectamente acomodado ya al bienestar de la impresionate vivienda de la delegación, en la que aparte del máximo comfort imaginable, dispone de los instrumentos necesarios para ser el mayor y más eficaz vigilante de vidas y haciendas de esta comunidad autónoma, en un momento, en el que como vemos, florecen las acusaciones de espionaje de personajes como la diputada Alicia Castro -acusaciones muy fundadas dadas las afirmaciones de Rubalcaba en el Congreso-, la persecución de testigos como Francisco Javier Lavandera -al que ahora toca llamarle "esquizofrénico-paranoide"-, la represión de la memoria histórica en el Caso Bregón o el intento de encarcelamiento de quienes discrepan de la especulación inmobiliaria que termina con las industrias, en el caso de los dirigentes de la CSI.

La Asturias desmantalada, sobrevive con las inyecciones de dinero procedente del Estado y de Europa, que junto con las rentas de las prejubiliciones, es el colchón sobre el que descansa nuestra agonía. Como destaca el editorial de La Nueva España de este domingo, estas inyecciones se acaban. Y mientras tanto, ¿qué hizo la clase política -en sentido amplio- con este dinero? Hipermercados de ligera instalación que se largan dejando el suelo recalificado y un asqueroso aroma a corrupción, grandes urbanizaciones que amenazan el paisaje y destruyen las economías familiares con unos precios inasequibles para las familias asturianas, y un desierto industrial contaminante, basado en la generación de energía eléctrica, sin empleo, y con un paisaje destruido a base de molinetes eólicos que arrasan el suroccidente, ciclos combinados muy por encima de nuestras necesidades energéticas, desmesuradas líneas de alta tensión y la bomba regasificadora de Gijón.

En estas condiciones, no es de extrañar que el superpolicía Trevín afile la porra y las grabadoras desde la Plaza de España de Oviedo. ¿Quién le iba a decir a los obreros que se levantaron a la órden de Indalecio Prieto, que en eso es en lo que iba a parar el socialismo asturiano, mientras el SOMA-UGT se dedica a la música barroca de Georg Friedrich Haendel y su suite conocida como la Música Acuática (no duden en pinchar aquí en honor a José Ángel Fernández Villa).

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