Un Gobierno que no informa. Un juez y un fiscal empeñados desde el primer día en demostrar una hipótesis. Un pueblo que lee poco y sólo escucha la radio de su parroquia. Unos periódicos que se dedican a hacer contraperiodismo, tratando de desacreditar a EL MUNDO, en vez de buscar la verdad.
Unos tertulianos que, con honrosas excepciones, se sabe lo que van a decir con años de antelación. Basta con preguntarse a qué partido beneficiará o perjudicará la noticia. ¡Y cobran por ello! Unos diputados interesados sólo en proteger a los suyos, no en saber qué pasó.
No es de extrañar que los lectores y los oyentes estén cada vez más confusos sobre el 11-M. Es lógico: para hacerse una idea de lo que está ocurriendo en España hay que leer al menos dos o tres periódicos y escuchar tres o cuatro emisoras de radio. Una persona normal que lo haga y no se vuelva loca es un héroe. Como la mayoría es cuerda, sólo lee, como mucho, uno y ve algo de televisión, que pasa de investigar nada. Resultado: la oscuridad total.
Lo hemos vuelto a comprobar con la sorprendente decisión del juez Baltasar Garzón, el viernes, de acusar de falsificación de un documento público a los tres peritos que, cabreados por la manipulación y falsificación de su informe de marzo de 2005 sobre el 11-M, recuperaron una copia del ordenador, añadieron la fecha de su informe original y lo firmaron.
Para la Cope, la decisión de Garzón es un montaje descarado. «Llegó Garzón e imputó de falsedad a los tres policías honrados, en vez de a los policías corruptos», afirmó Luis del Pino en esa emisora. «Si Garzón no entra en el documento original es porque se trata de una operación clara de intimidación. Lanza un mensaje a los policías: ojito, como denunciéis las ocultaciones (...) que el Gobierno ha hecho en el tema del 11-M, iré contra vosotros».
«Garzón no sólo pasa por alto quién fue el que falsificó el informe remitido al juez Del Olmo (y que lleva la misma referencia que el auténtico), sino que cambia a conveniencia la consideración del mismo para atribuirle un carácter delictivo», dijo Casimiro García-Abadillo en Onda Cero.
En la Ser, a la misma hora, Carlos Carnicero acusaba de hacer periodismo amarillo a los que denuncian la manipulación del 11-M por el Gobierno y Charo Zarzalejos lamentaba «estos espectáculos dentro del cuerpo policial». Fernando Delgado, incorporado a Hora 25, atribuía toda la responsabilidad a «estos chapuzas, esta extrema derecha solapada y no sé por qué digo solapada...»
Casi todos los oyentes que llaman a la Ser y a la Cope respaldan lo que dicen sus respectivas emisoras. En Punto Radio, mucho más plural que ABC en el asunto, una oyente manchega resumía ayer una historia muy larga: «un tonto jodió a un pueblo». El pueblo es España. Adivinen a qué tonto se refería. ¡Y eso que -según dijo- vota al PSOE!
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