El hecho de que la noticia llegara cuando sus ediciones estaban prácticamente cerradas explica en parte que los periódicos europeos de ayer no publicaran comentarios editoriales sobre la aprobación de la ley antiterrorista propuesta por George Bush y que The New York Times calificaba ese mismo día de "ley tiránica que marca uno de los puntos más bajos de la democracia norteamericana". Pero es posible que la falta de respuestas de urgencia también se deba a la sensación difusa de que la iniciativa es, en cierta medida, un asunto de política interior estadounidense y de que la aprobación de la citada ley se enmarca en los cálculos electorales de unos y otros partidos -y de ahí el no tan sorprendente apoyo al texto por parte de varios senadores demócratas-. En todo caso, habrá que esperar algunos días para sacar conclusiones al respecto.

También el escenario político francés está sometido a una creciente tensión electoral. Pero Raphaëlle Bacqué ha advertido en Le Monde de los peligros de esa obsesión electoralista, y particularmente de la catarata de imágenes televisivas que genera toda aparición de los candidatos a la presidencia francesa: "En los estados mayores de los partidos ha empezado a plantearse la duda siguiente: ¿no hay riesgo de que un candidato acabe por exasperar a sus electores a fuerza de invadir su universo? ¿No hay riesgo de que los franceses acaben por oponerse a lo que perciben como una manipulación de los grandes canales de información? En resumen, ¿puede perderse una elección por culpa de lo que podemos llamar 'saturación mediática'? (...) La proliferación de cadenas privadas ha tenido un efecto paradójico: para el común de los mortales, el campo informativo no se ha modificado. Los mismos sujetos se repiten hasta el desaliento en las decenas de canales. ¿Qué importa que los medios tomen partido a favor o en contra de Nicolás Sarkozy? La impresión que queda es que no hablan más que de él. (...) Añádase a ello la omnipresencia de los sondeos sobre cualquier cosa. (...) Y se llegará a la conclusión de que el sufragio universal está siendo arrumbado, es decir, contestado. (...) Los ciudadanos se rebelan contra esa aparente confiscación y desde hace 10 años votan 'contra' el candidato que más atruena sus oídos. (...) Es un modo simbólico de recuperar una autonomía de decisión. Aunque eso lleve a situaciones en las que deja de haber opciones, como en las presidenciales del 2002, cuando hubo que votar a Jacques Chirac para frenar la amenaza de Jean-Marie Le Pen".