UN NOBEL EN APUROS
«Confiéselo, para usted sería una gran liberación», señaló el escritor más de cuatro décadas antes de que se conociese que él mismo militó en las SS.
Alemania descubre con estupor una inquisitiva carta de 1969 escrita por el ahora polémico autor.
Suenan las trompetas de la venganza, y Günter Grass está en el punto de mira de todo el espectro conservador en Alemania, que hasta ahora había guardado las apariencias en el martirio moral del novelista de Gdansk y antiguo agente de la SS.
Claro que es el propio Grass el que se lo pone fácil. Durante décadas, el autor de El tambor de hojalata se convirtió en el azote moral de todo aquél que tuviera algo que ocultar de la época nazi. En 1969, muchos políticos democristianos (CDU) y socialcristianos (CSU) ya sufrían el acoso del hoy premio Nobel de Literatura (1999). Pero, al parecer, también en el armario del Partido Socialdemócrata (SPD) se escondían antiguas cruces gamadas. Y ahí estaba Grass para ser un as del outing político.
«Confiéselo, sería para usted una gran liberación», escribía en una carta, el 15 de julio de ese 1969, el escritor en una carta dirigida al entonces ministro de Economía socialdemócrata, Karl Schiller.
La misiva era reproducida íntegramente en el número de ayer del diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), que, sin piedad alguna, arremete contra la hipocresía del escritor (y líder moral de la izquierda alemana) con un editorial en primera página.
En ella, el FAZ recuerda cómo, en una entrevista publicada en agosto en este mismo periódico que supuso una conmoción en todo el planeta, Grass reconoció haber pertenecido, con apenas 17 años, a las temibles Waffen SS de Hitler.
Schiller (1911-1994) ya era un veterano político, antiguo profesor de Economía y senador por Berlín, cuando en 1966 entró a formar parte de aquella Gran Coalición que reunió por primera vez en el mismo ejecutivo federal alemán al SPD, la CDU y la CSU.
«Falta grave»
Azote de sus colegas en el Gobierno, y avalado por su buena imagen pública de hombre riguroso e íntegro, Schiller no dudó en aludir públicamente al pasado del entonces canciller, Kurt Georg Kiesinger, que había sido número dos de la sección responsable de propaganda del Ministerio de Exteriores de la Alemania nazi.
En la carta que ayer publicó el FAZ, Grass recriminaba a Schiller por haber hecho estas críticas a Kiesinger, a las que califica de «falta grave». Sobre todo, si no confesaba antes sus propios pecados de juventud. «En la próxima ocasión que tenga oportunidad y con toda la publicidad posible», exigió el autor a su amigo para que hablase sin miedo.
En 1933, con 22 años, Schiller había ingresado en la Sturmabteilung (SA, ejército particular del Partido Nazi). En sus filas, el más tarde líder socialdemócrata ocupó un puesto de asesor del mando de la Wehrmacht (grupo de combate) para analizar el potencial económico de las naciones aliadas.
Además de una «liberación», Grass le recordó a Schiller que «sería lo correcto que reconociera públicamente el error». Para el «público, sería como una tormenta limpiadora», añadió.
Una «tormenta limpiadora» que Grass ha esperado 37 años en aplicarse a sí mismo, subraya el prestigioso FAZ. El diario califica al premio Nobel de «escritor político», le acusa de no aplicar sus argumentos a su persona y le recrimina un papel «moralista» que nadie le otorgó.
Era inevitable ayer preguntarse por qué ve la luz ahora esa carta. El diario explica que ha sido un hombre de ciencia, Torben Lutjen, quien ha encontrado sus páginas mientras preparaba una biografía de Karl Schiller. Siempre según la misma fuente, Lutjen acababa de leer la misiva cuando Grass reconoció su «error».
Él mismo no sabe cómo llegó la carta a un archivo federal de Coblenza. Junto a la de 1969, Lutjen encontró otra, fechada un año más tarde. En ella, Grass recriminó a Schiller el «no haber admitido públicamente su pasado, pese a sus indicaciones previas».
Algo en lo que el FAZ se regodeó ayer en su editorial -con especial saña, nada habitual en este diario- era una pregunta que Grass formulaba a Schiller. El escritor, en ella, animaba al político a deducir de sus ganancias su «trabajo político/cultural». Se refería Grass a las «dos o tres horas al día» que el ministro dedicaba a hablar con los periodistas.
Como remate, el diario se cuestiona con sentido del humor si también Grass querrá deducir de sus ingresos el extra de ventas que propició su entrevista en la que confesó su pertenencia a las Waffen SS.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario